miércoles, 29 de marzo de 2017

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Infraestructuras

Las constructoras españolas, a por las obras urgentes de Trump

  • La Administración estadounidense baraja actuaciones urgentes por 130.000 millones
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(Alejando Meraviglia y Carlos Cortinas)

La expectación generada por el descomunal programa de infraestructuras a diez años vista, esbozado por el presidente de EE UU, supera con creces la incertidumbre que generan sus primeras decisiones proteccionistas. Entre las grandes constructoras españolas son mayoría las que opinan que el retraso del país en infraestructuras hace necesaria la aportación privada y, por añadido, la participación de las mayores empresas del mundo.

“Trump pone trabas a la salida de inversiones de gigantes estadounidenses fuera de sus fronteras, pero aún no se le ha visto cerrar la puerta a inversores extranjeros”, aclara un alto directivo del sector español de la construcción.

Donald Trump prometió un programa de obras por un billón de dólares que, posteriormente, su equipo ha rebajado a 550.000 millones de dólares (514.130 millones de euros). Toca hablar de proyectos, primando la colaboración público-privada, para generar empleo, mejorar la competitividad del gigante norteamericano y tirar del crecimiento. Una receta que ya utilizó Barack Obama mientras Europa optaba por la contención del gasto público para defenderse de la crisis. De momento, el mercado ha dado crédito al nuevo mandatario, tal y como se aprecia en la cotización al alza de las constructoras españolas con mayor presencia en Estados Unidos. Eso sí, pese a la atomización del sector en el mercado norteamericano siempre se encontrarán con referencias como Granite, Kiewit, Fluor, Aecom o Bechtel entre las favoritas.

Referencias locales como Aecom, Fluor, Bechtel, Kiewit o Granite pueden ser tanto rivales como aliados de los grupos españoles

Según ha saltado a los medios, la Administración Trump baraja medio centenar de actuaciones prioritarias que suman un presupuesto de 137.500 millones de dólares (128.530 millones de euros), del que el 50% procederá de la aportación privada. Se trata de obras de gran calado, capaces de crear 450.000 empleos directos e indirectos.

Más allá de la resonancia del polémico muro que el nuevo presidente insiste en levantar en la frontera con México, hay una destacada cartera de obras. La extensión del metro de Nueva York, valorada en 14.000 millones de dólares; la reconstrucción del corredor ferroviario Noreste entre Newark y la ciudad de Nueva York, o la línea de alta velocidad ferroviaria entre las ciudades de Houston y Dallas/Fort Worth (Texas), las dos últimas obras presupuestadas en 12.000 millones de dólares, estarán entre los principales objetivos de la Administración Trump.

Otras actuaciones esperadas son la reconstrucción de 15 puentes de la autopista I-95, en Filadelfia, por 8.000 millones de dólares; el programa NextGen para modernizar el control aéreo, valorado en 10.000 millones de dólares; el gasoducto Costa Atlántica, de 4.500 millones, o la ampliación del aeropuerto de Seattle, con obras por 2.000 millones de dólares, entre otras actuaciones. Muchas de ellas soportan ya meses e incluso años de tramitación de los permisos, por lo que la novedad sería que comenzaran a aflorar los concursos.

Un mercado con múltiples vías de financiación

Uno de los últimos pasos para allanar la financiación de infraestructuras en Estados Unidos, en diciembre de 2015, fue el alumbramiento de ley federal Fixing America’s Surface Transportation (Fast) Act, por la que se articulan fondos para mejorar la red de carreteras y ferrocarril hasta 2020. Su presupuesto: la descomunal suma de 305.000 millones de dólares, de los que dos tercios se destinan a carreteras.

EE UU abordó medio centenar de proyectos bajo el modelo de colaboración público-privada entre 2005 y finales de 2014 por más de 60.000 millones de dólares. Antes de la Fast Act han sido los créditos federales Tifia y Wifia, que ofrecen condiciones especiales para acometer infraestructuras de transporte y gestión del agua, los que han atraído la inversión privada.

“En el terreno de la construcción hay cosas que no varían con el cambio de presidente: Estados Unidos tiene la necesidad de modernizar infraestructuras claramente obsoletas y son los distintos Estados los que, principalmente, promueven los proyectos”, explica Fernando Vizoso, director en el área de Infraestructuras de KPMG en España. Bajo su punto de vista, la colaboración público-privada mantendrá un papel clave en la ejecución de nuevas obras, con el atractivo de incentivos fiscales sobre los beneficios en las concesiones y la presencia de los fondos federales.

Entre la escuadra de grandes constructoras españolas hay tres grupos que juegan como locales: ACS, Ferrovial y OHL. Sus ingresos, carteras y activos en Estados Unidos son multimillonarios tras protagonizar un crecimiento impulsado por la compra de firmas locales.

El grupo que preside Florentino Pérez es el mayor contratista extranjero en EE UU, así como en la región Asia-Pacífico, y es segundo en Latinoamérica. Destaca prácticamente en todos los campos de la ingeniería: transportes, telecos, agua, energía o edificación.

Ferrovial, por su parte, ha despuntado en la promoción de autopistas con peajes dinámicos, en función de la demanda, y avanza hacia proyectos aeroportuarios, como la ampliación de la terminal de Denver; ferroviarios, con la presencia en la alta velocidad de California, y en el área de servicios. OHL, por su parte, se ha hecho fuerte en la costa Este, con Nueva York y Miami como plataformas de expansión.

“Los programas electorales de los dos principales candidatos presidenciales contemplaban un incremento sustancial de la inversión en infraestructuras. El principal problema que se puede plantear es que si la nueva Administración adopta medidas que disminuyan los ingresos fiscales va a ser difícil que dicho aumento de la inversión se financie vía gasto público”, apunta Javier Parada, socio director de Infraestructuras de Deloitte para España y EMEA, “por ello se será necesario potenciar los mecanismos de financiación público-privada”. Según la opinión de este experto, las empresas españolas se verán beneficiadas “por su experiencia en este tipo de proyectos y su implantación previa en el país”.

Las grandes, pendientes de la ‘crisis del muro’

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Vista general del muro fronterizo que divide al estado de Texas (EE UU) y Ciudad Juárez (México). / Efe (EFE)

Mientras el presidente Donald Trump ha adoptado una posición de máxima dureza con México, recuperando el proyecto de la construcción de un muro infranqueable en la frontera y advirtiendo a las multinacionales estadounidenses contra la deslocalización de la producción, desde el país latino se han impulsado últimamente proyectos que acercan las economías de los tres grandes países norteamericanos.

Es el caso de la ampliación y modernización de la carretera federal 15, que une Ciudad de México con la frontera noroeste con Estados unidos, en el estado de Sonora. La española Acciona acaba de adjudicarse uno de los trabajos proyectados para la mejora de esa infraestructura, que tiene continuidad en Estados Unidos y Canadá, hasta la ciudad de Edmonton, formando el corredor comercial conocido como Canamex. Toda una arteria clave para las exportaciones entre México, EE UU y Canadá, que se tratan de fomentar con este tipo de obras.

El encargo del Gobierno Federal de Enrique Peña Nieto a Acciona alcanza los 938 millones de pesos (unos 42 millones de euros) y busca mejorar el tráfico de medio y largo itinerario en la zona, reduciendo los tiempos de desplazamiento y buscando mayor comodidad y seguridad vial.

Acciona Construcción trabajará para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) en un tramo de 30 kilómetros que enlaza Ciudad Obregón y Guaymas. Una vez completado el proyecto, la vía contará con dos carriles de circulación en cada sentido, de 3,5 metros de ancho cada uno.

Es un ejemplo de cómo México ha vivido en los últimos años volcada en su relación comercial con Estados Unidos, siendo su tercer proveedor, mientras el país que ahora preside Trump es el primer socio de México.

Los primeros conatos de lo que puede convertirse en una congelación de relaciones entre vecinos, afecta de lleno a las firmas españolas de infraestructuras. Además de la devaluación del peso a medida que se incrementa el tono de las amenazas de Trump, lo que afecta a la cuenta de resultados de grupos como ACS, OHL y la propia Acciona, una crisis en las relaciones entre ambos países pondría en jaque el desarrollo de importantes proyectos de infraestructuras en México.

ACS es uno de los principales actores en la construcción industrial mexicana a través de la filial Avanzia, con la que llegó a planear la salida a Bolsa; OHL México cotiza y está entre las mayores concesionarias de autopistas del país, y Acciona, que entró en México en 1978, tiene implantadas en este mercado todas sus áreas de negocio (infraestructuras, energía e inmobiliario), siendo este el único caso junto al mercado español.

Con una decena de carreteras ejecutadas en el país norteamericano, Acciona construye en estos momentos la autopista Jala-Puerto Vallarta.

La empresa que preside José Manuel Entrecanales también ha capturado en México uno de los mayores contratos de infraestructuras puesto en juego en el último año, el de la construcción de la terminal del nuevo aeropuerto Ciudad de México por 84.828 millones de pesos (unos 3.700 millones de euros), junto a FCC, Grupo Carso, GIA, Prodemex, La Peninsular e ICA.



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