domingo, 19 de febrero de 2017

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Energías limpias

El viento marino devuelve el brío a Europa

  • La inversión en renovables sube un 3% en el Viejo Continente por el auge eólico en Reino Unido y Alemania, mientras en el mundo cae un 18% por la debilidad china
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(Carlos Cortinas)

En el mar del Norte, en la costa británica próxima al condado de Yorkshire, se alza el mayor parque eólico marino del mundo. Hornsea, construido por la danesa Dong Energy por 5.700 millones de dólares (5.300 millones de euros), con una capacidad de 1.200 megavatios y que operará en 2020. O el terrestre europeo más grande, en Noruega, que levanta la sociedad Fosen, de 1.000 megavatios y con un coste de 1.300 millones de dólares.

El viento, sobre todo el marino, ha devuelto el brío perdido a Europa en renovables. En 2016, las inversiones en energía limpia crecieron un 3% en comparación con el periodo anterior, hasta los 70.900 millones de dólares (66.400 millones de euros), por el impulso de Reino Unido, líder por tercer año consecutivo, y Alemania, seguidos de Francia, Bélgica, Dinamarca, Italia y Suiza, recoge el reciente informe anual de Bloomberg New Energy Finance (BNEF). A escala global, la eólica marina batió récord tras alcanzar casi los 30.000 millones dólares (28.100 millones de euros), un 40% más que 2015.

La reducción de costes y del PIB de China y Japón baja el gasto verde global 

Pero el brillante comportamiento registrado en la eólica marina ha sido insuficiente para compensar la evolución mundial inversora de la industria. Después de dos años de aumentos consecutivos, el gasto total en tecnologías limpias cayó un 18% el año pasado, hasta los 287.500 millones de dólares (269.700 millones de euros), muy lejos de su máximo histórico registrado en 2015, cuando ascendió a 348.500 millones de dólares, señala BNEF, unos datos que divulga desde hace 12 años. El informe excluye las plantas hidroeléctricas de más de 50 megavatios, que se analizan por separado.

Este revés se debe, por un lado, a la fuerte reducción de los costes, particularmente de los equipos de generación fotovoltaicos. Esto significa que las empresas han ganado competitividad y ahora pueden instalar más megavatios por el mismo precio. Y pese a que esta tecnología sigue siendo la que más interés genera entre los inversores (y más fuera de Europa), la inversión disminuyó el año pasado un 32% frente a 2015, tras atraer solo 116.000 millones de dólares por ese factor de precio.

No obstante, la fotovoltaica añadió en dicho ejercicio 70.000 megavatios más, frente a los 56.000 de 2015, por lo que hoy suma una capacidad instalada global cercana a 300.000 megavatios. Y por otro lado, responde a la debilidad económica de China y Japón, los dos países motores más potentes en inversión renovable en los últimos años. Para Bloomberg, esta situación es la mayor responsable del retroceso de 2016. El gasto bajó un 26% en el primero y un 43% en el segundo.

Las empresas han ganado competitividad y ahora pueden instalar más megavatios por el mismo precio

“Después de años de volúmenes de inversiones sin precedentes, China y Japón están recortando la construcción de proyectos a gran escala para digerir la capacidad instalada de los que ya se han puesto en marcha”, explica en el documento Justin Wu, responsable de Asia para BNEF.

En el caso del gigante asiático chino, y debido a la menor demanda de energía, el país está recortando el desarrollo eólico y solar para centrarse en la mejora de la red eléctrica y la reforma del mercado energético, de manera que las renovables puedan generar a su máximo potencial, abunda Wu. En tanto que en la nación nipona, el crecimiento futuro pasa por el autoconsumo, en vez de por los megaproyectos, motivado por las políticas favorables establecidas en esta materia para desarrollar sistemas que beneficien al consumidor, concluye.

La fuente con más pujanza

La eólica marina se convirtió en la tecnología estrella el año pasado. Y en Europa es la que más auge tiene por las limitaciones en las áreas terrestres de los países nórdicos y del centro europeo, así como por el incremento de los incentivos. Tanto es así que empresas españolas, ante la parálisis de la industria doméstica, se han lanzado a conquistar estos mercados para afianzar su expansión futura.

Entre ellas destaca Iberdrola, que, a través de su filial Scottish Power, levanta en Reino Unido el parque East Anglia One, de 714 megavatios, que entrará en funcionamiento en 2020 y dará energía limpia a 500.000 hogares ingleses. O el ya en marcha West of Duddon Sands, al noroeste, de 389 megavatios, a los que se agregan importantes planes de infraestructuras del transporte y de distribución. En total son más 1.070 megavatios comprometidos a 2020 en este país.

“La eólica marina ha hecho grandes progresos en cuanto a efectividad-costes, fiabilidad y rendimiento”, comenta Jon Moore, primer ejecutivo de la agencia. Así, además de Europa, resalta también en China y comienza a abrirse paso en otras regiones como Norteamérica y Taiwán. Pero los países desarrollados adelantan a los que están en vías de desarrollo gracias a su experiencia, conocimiento y su apuesta por las grandes turbinas.

En capacidad instalada, esta fuente agregó, en general, 63.000 megavatios más el año pasado, por debajo de los 70.000 solares, pero su mejor marca registrada a la fecha. Su potencia mundial es superior a 490.000 megavatios. En 2030 se calcula que el viento suministrará hasta el 20% de la electricidad mundial, según el informe Global Wind Energy Outlook, publicado en octubre pasado por el Consejo Mundial de Energía Eólica (GWEC). Además, el organismo considera que esta fuente dominará el crecimiento del sector energético global.

La anécdota española

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/ Thinkstock

España está todavía muy lejos de ascender (y superar) otra vez a la cumbre alcanzada en 2007, cuando los desembolsos llegaron a los 23.500 millones de dólares, según cifras de Bloomberg. En esta época, el viento y el sol conquistaban principalmente a los inversores y, en menor medida, los biocombustibles y la biomasa.

Pero la financiación desciende desde 2013, reflejo de ese freno de la actividad en el sector renovable tras la reforma eléctrica impulsada por el Gobierno popular. Y el dato de 2016 es simplemente una anécdota: solo 800.000 dólares –calcula la agencia–, un avance significativo respecto a 2015 si se toma en cuenta que no hubo inversiones, el importe fue cero, pero es el mismo valor de 2014. En los últimos años han cobrado también protagonismo las tecnologías inteligentes y la marina.

Por regiones, las inversiones en energía limpia se redujeron en Norteamérica: un 7% en EE UU, a la espera de mejoras en la competitividad de precios de la eólica y de la disponibilidad de las ayudas para los proyectos solares, que fueron prorrogados en diciembre de 2015, y un 46% en Canadá.

Mientras, en Asia, India, a diferencia de China, mantuvo un volumen similar al de 2015 (más de 9.000 millones de euros), donde destacan grandes proyectos solares fotovoltaicos en fase de construcción. Y en África y América Latina el comportamiento fue también negativo. En Sudáfrica disminuyó un 76%; en Chile, el 80%, en México, un 59%, en Uruguay, un 74%, y en Brasil, el 5%.

Subasta sí, pero no tan precipitada

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/ GettyImages

En España, el esperado anuncio del Ministerio de Energía de convocar una subasta de 3.000 megavatios para este año (la de otoño pasado, pero con más oferta de potencia) ha creado expectación entre los inversores extranjeros, que vuelven a poner las renovables en su punto de mira, como se constató en el Spain Investor Day de inicios de mes. Sin embargo, entre los agentes del sector ha dejado un sabor agridulce.

Si bien lo ven positivo, tras años de sequía, opinan que se hace de manera precipitada, sin diálogo ni consenso previo, y tampoco resuelve los problemas de fondo: la inseguridad jurídica y la falta de planificación energética a largo plazo.

“El diseño no garantiza que las tecnologías compitan en igualdad. Y sigue sin resolverse el modelo de retribución”, lamenta Juan Virgilio Márquez, director general de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). La preocupación es mayor en el último caso, porque en 2019, justo cuando se han de instalar los proyectos adjudicados, puede cambiar la política de retribución, dado que finaliza el periodo regulatorio de seis años fijado por el Gobierno.

“Una vez más la subasta se ha planteado desde la improvisación y sin un plan a largo plazo”, añade José María González, director general de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA).

En la patronal fotovoltaica, Unef, piden que la licitación se base en estándares internacionales (precio por megavatio ofertado) y se reserve un 20% de la potencia para los de menos de 10 megavatios.



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