jueves, 30 de marzo de 2017

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Los nombres propios de la biotecnología

  • Estas son algunas de las firmas del sector que no hay que perder de vista
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Los nombres propios de la biotecnología

(Thinkstock)

Tigenix, la compañía de terapias celulares participada por Grifols, cerró la semana pasada un acuerdo histórico para la biotecnología española. El gigante japonés Takeda se hizo con la licencia de fabricación y comercialización de Cx601, uno de sus medicamentos en desarrollo, en todo el mundo excepto en EE UU. La firma nipona abonó por ello a la española 25 millones de euros, a los que se podrían sumar hasta 355 adicionales si se cumplen determinados objetivos de ventas. El medicamento en cuestión es el primer tratamiento en Europa a base de células alogénicas (que no pertenecen al enfermo, sino a un donante).

Esta compañía es el resultado de la fusión de la española Cellerix, fundada por la exministra Cristina Garmendia, con la belga Tigenix. Y se ha convertido en la prueba de que el contrato obtenido por Oryzon en 2014 con Roche no es una excepción: la biotecnología española produce resultados.

Especialmente la llamada biotecnología roja (la sanitaria), más cotizada en los últimos tiempos que la agroalimentaria o verde y que la industrial o blanca gracias al tirón que experimenta la medicina.

Eso no quiere decir que no haya habido avances en los últimos años en otros subsectores de la biotecnología. En salud animal, por ejemplo, Bioibérica y Centauri anunciaron el año pasado una alianza para desarrollar un servicio de terapia celular para perros, gatos y caballos con artrosis.

En agricultura, investigadores del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora, un centro perteneciente al CSIC, consiguieron aumentar un 15% el contenido de vitamina C del tomate a partir de un gen de la fresa.

En cuanto a la biotecnología blanca, destaca un método patentado el año pasado por Neol Bio, filial de Neuron Bio, para convertir residuos agrícolas, como paja de trigo o bagaza de caña de azúcar, en aceites de uso industrial. Los mencionados aceites están pensados para que se puedan reutilizar como base de biocarburantes y de otros bioproductos.

La biotecnología roja, no obstante, sigue mandando en España: casi el 62% de las biotech nacionales se dedican a sacar productos relacionados con la salud humana, muy por delante de la segunda aplicación, la alimentación, que copa el 29% de los desarrollos. Presentamos a continuación algunos de los actores principales del sector durante el pasado año.

Neuron Bio: Un método puntero de detección del alzhéimer

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La firma granadina Neuron Bio recibió un espaldarazo determinante para su negocio el pasado verano, cuando las autoridades médicas de Japón aprobaron la patente de su fármaco neuroprotector contra el alzhéimer, que se encuentra todavía en investigación. Hasta que esa droga salga a la luz, la compañía se centra en la difusión de AlzTEST, la herramienta no invasiva (analiza muestras de sangre) para la detección del alzhéimer que ha desarrollado su equipo científico.

“Nuestros objetivos a corto plazo son poner en velocidad de crucero la nueva sede, popularizar el uso del AlzTEST entre los especialistas médicos que diagnostican alzhéimer y comenzar la internacionalización a través de nuestra filial americana, Neuron Bio USA Inc”, indica Javier Burgos, director general de la compañía.

El ejecutivo opina que el desarrollo del sector biotecnológico pasa por fortalecer las herramientas financieras disponibles para desarrollar proyectos. “Para ello necesitamos una apuesta fuerte y decidida a nivel político”, señala. En este sentido, celebra que los cuatro partidos más votados manifestaran a la patronal Asebio que la inversión en biotecnología debe alcanzar al menos el 2% del PIB.

Sistemas Genómicos: La lectura del genoma ya es asequible

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La secuenciación del genoma humano abrió múltiples líneas de investigación y de negocio. La compañía valenciana Sistemas Genómicos ha apostado por el desarrollo de tests predictivos capaces de diagnosticar enfermedades imposibles de catalogar anteriormente a partir del análisis de determinados grupos de genes. Sus kits han abaratado considerablemente este tipo de pruebas, haciéndolas accesibles a un mayor número de pacientes.

La firma obtuvo el año pasado el marcado CE en todos sus kits diagnósticos. Asimismo, lanzó un paquete para detectar si los futuros padres tienen riesgo de transmitir a su descendencia alguna enfermedad genética conocida.

“Queremos mantenernos en la cresta de la ola de la innovación, ser creativos, generar ideas, ser curiosos. En definitiva, dar soluciones”, explica Eduardo Rodríguez Urcelay, director general de la compañía.

En su opinión, la biotecnología es un sector en auge, aunque bastante desconocido hasta la fecha. “Es importante que logremos materializar el lanzamiento de fármacos y terapias que permitan una mejora en los pacientes a través de una investigación responsable”.

PharmaMar: Crecimiento sostenido de la mano de Yondelis

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Pharmamar se ha hecho un nombre en la biotecnología mundial gracias a Yondelis, el primer antitumoral de origen marino de la historia. Su producto estrella fue aprobado por la CE en 2007 y en año pasado por la FDA de EE UU. Ese hito les valió un acuerdo con los laboratorios Janssen, que desarrollará y venderá el fármaco en todo el mundo excepto en Europa, donde PharmaMar posee los derechos de desarrollo y comercialización, y en Japón, donde lo ha licenciado a Taiho Pharmaceutical.

A lo largo de este curso presentarán el dossier de registro a la Agencia Europea del Medicamento de Aplidin, un producto para un tipo de cáncer hematológico (mieloma múltiple) que hasta la fecha ha dado buenos resultados en los estudios clínicos y que se podría convertir en su segundo medicamento de origen marino. La compañía tiene también avanzada la investigación de otras dos moléculas, por lo que “este pipeline, (proyectos en cartera) junto con la comercialización de Yondelis en el mundo, sitúan a PharmaMar como una empresa con un futuro muy prometedor”, opina Luis Mora, director general de la unidad de negocio de oncología de la compañía.

Oryzon: La prueba de que el sector tiene recorrido

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Oryzon Genomics se colocó en el mapa en 2014, cuando Roche le abonó 15 millones de euros a cambio de una molécula con grandes posibilidades de tratamiento en el campo de la leucemia. Si los ensayos clínicos tienen éxito, la firma catalana recibirá otros 400 millones de euros. Ese contrato, además de aportar músculo financiero, ha hecho de la compañía una referencia en la epigenética.

Enric Rello, director financiero de Oryzon, considera que el mencionado contrato de la licencia con Roche, así como la salida a Bolsa acometida en diciembre de 2015 y la aprobación en enero por parte de la Agencia Española de Medicamentos del inicio de los ensayos clínicos de un nuevo fármaco para el tratamiento del alzhéimer han hecho de esta compañía una referencia en la biotecnología española. Cuenta con otras 16 moléculas en desarrollo y ya está pensando en cotizar en el Nasdaq.

Para Rello, uno de los motivos que frenan el desarrollo del sector en España es que, “a diferencia de los negocios basados en la especulación, los proyectos innovadores aún son percibidos con recelo por los inversores, ya que presumen un mayor riesgo ligado a la innovación e inversión a largo plazo”.

BTI: La firma con mayor producción científica

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El informe Asebio 2015, elaborado por la patronal del sector biotecnológico y de referencia en la industria, incluye en esta edición un dato llamativo. La empresa con mayor producción científica, la que más publicaciones se ha anotado en revistas científicas de referencia, fue la modesta BTI Biotechnology Institute con 36 trabajos. Le siguieron MSD con 26 y Pharmamar con 19.

El cirujano especializado en estomatología Eduardo Anitua, fundador y director científico de BTI, considera que haber sido la empresa con mayor producción académica “refleja el enorme esfuerzo en I+D que realizamos y es un estímulo para continuar investigando y desarrollando nuevos avances en biomedicina que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas”.

La vitoriana BTI está especializada en medicina regenerativa e implantología oral, habiendo desarrollado una innovadora tecnología (plasma rico en factores de crecimiento) para cultivar tejidos que aplicar en las zonas deterioradas. El método es especialmente usado en medicina oral, estética y deportiva. Con 28 años de vida, la firma acumula más de 300 patentes y ha dedicado 38 millones de euros en los últimos años a investigación.



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