martes, 27 de septiembre de 2016

Está pasando

El 55,1% de los recursos financian la construcción, rehabilitación y adquisición de la vivienda

Más de la mitad del crédito concedido en España va a financiar casas

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Evolución del crédito en España

La construcción de casas, su adquisición o rehabilitación y los servicios inmobiliarios absorben ahora el 55,1% del volumen de crédito concedido por la banca a las empresas y los particulares en España. Una proporción que define lo sesgado que está el modelo productivo del país hacia el ladrillo, puesto que el sistema financiero solo destina el 8,2% del dinero a la industria y el 25,83% a los servicios, pese al trasvase generado durante la crisis.

La distribución de los recursos financieros de la banca a los sectores residentes (empresas y particulares) ofrece una clarividente descripción del modelo productivo por el que ha optado la economía española y el sistema de incentivos establecidos por los administradores de las políticas económicas. Dado que las economías tienen un limitado crecimiento sin el uso de la financiación ajena, tal como demuestra que el volumen de crédito concedido a los diferentes agentes (empresas, familias y administraciones públicas) llegue a 2,5 veces el PIB nacional, la evolución del crédito explicita cuáles han sido las apuestas productivas de España en los últimos 25 años.

Alejandro Meraviglia

A fecha de hoy, y pese a los cambios que ha provocado la larga crisis económica, que en la estructura de la financiación no han sido muy relevantes más allá de la fuerte contracción del crédito vivo, la actividad relacionada con la vivienda (compra y rehabilitación, construcción y servicios inmobiliarios de intermediación) se llevan la parte del león.

El 55,18% del stock de crédito se destina a tales actividades, y supone nada menos que 738.956 millones de euros de un total de 1,339 billones de préstamos concedidos no amortizados. Lógicamente, una parte de este crédito ha sido concedido en el pasado (hipotecas de muy largo plazo), pero supone que más de la mitad del esfuerzo financiero de los agentes económicos se hace (o se ha hecho) para sostener en el mejor de los casos solo el 10% del PIB y el mismo porcentaje del empleo.

Cuando el dinero privado va al sector público

El desapalancamiento de una economía no cambia de un día para otro, no hay milagros que hagan desaparecer pasivos en un santiamén. Es un proceso lento que solo puede acelerarse con operaciones de cirugía como las quitas generalizadas, que suponen una renuncia de los acreedores, o el trasvase de las deudas de repago imposible a instrumentos como los bancos malos. En España, desde que comenzó la crisis se ha producido un trasvase muy intenso de deuda del sector privado al público, en un ejercicio muy común de socialización de pérdidas, y cuyo mejor ejemplo es la crisis bancaria. El Estado ha pagado el rescate de las cajas de ahorro y ha absorbido los activos podridos de banca y promotoras en la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria o banco malo.

En términos absolutos, el crédito vivo de los agentes económicos ha pasado del récord de 1,869 billones de euros de 2008 a 1,339 billones actuales, lo que supone un descenso de 530.743 millones, nada menos que un 28,38%. Pero en el mismo periodo la deuda pública ha pasado de los 439.771 millones a 1,069 billones, nada menos que 630.000 millones más, un avance del 143,5%. Este incremento de la deuda pública y su financiación presiona sobre los tipos al alza, y absorbe los recursos privados que deberían ir a la financiación de la economía productiva. Es el efecto expulsión, el crawding out effect, que limita la inversión, porque financiar al Estado es más seguro, y a veces muy rentable.

Esta potente presencia de la financiación a la actividad inmobiliaria contrasta con la escasez de recursos destinados a las actividades productivas (la construcción también lo es, ciertamente). Es el caso de la industria, que únicamente absorbe el 8,2% del crédito, o los servicios (excluyendo la actividad inmobiliaria de intermediación), que solo acapara el 25,83% del total del crédito. La agricultura, por su parte, absorbe únicamente el 1,34% del total. La industria, con una mayor consistencia productiva y mayor resistencia a las grandes crisis crediticias, supone al menos un 17% del PIB y del empleo, pese a disponer únicamente del 8,2% de la financiación agregada.

Pero esta estructura de reparto de los recursos financieros ajenos destinados a la actividad es relativamente reciente. De hecho, no es hasta finales de los ochenta cuando comienza el declive de la financiación industrial y surge el vigor de la financiación inmobiliaria. De acuerdo con la base estadística del Banco de España, que recoge datos detallados desde el año 1992 (los últimos 25 años, prácticamente), la estructura del crédito ha experimentado un vuelco espectacular. En el arranque de la última década del siglo pasado el préstamo destinado a actividades productivas (se excluye la adquisición de casas y el crédito al consumo básicamente) era el 65% del total, frente al 48,9% de ahora, con un descenso protagonizado fundamentalmente por el avance de los préstamos a los hogares para adquirir casas con garantía hipotecaria.

  • La industria, la gran víctima

Pero un análisis del crédito productivo por su destino concreto permite observar que la industria absorbía nada menos que el 23% del total, casi uno de cada cuatro de los 261.000 millones de euros que los acreedores nacionales tenían con la banca. Fue perdiendo pujanza a medida que ganaba terreno la inversión inmobiliaria alentada por un modelo de incentivos fiscales indiscriminado primero y por unos tipos de interés nominales muy bajos tras la entrada de España en el euro. Así, ya en el año 2000 la industria solo disponía de un 14% del crédito vivo concedido a los agentes económicos. Y en la actualidad solo el citado 8,2% del dinero se destina a la industria, una cantidad muy escasa para un país que se cataloga entre los desarrollados e industrializados.

Los servicios, por su parte, se mantuvieron estables en el entorno del 30% del total del crédito, pero únicamente por la irrupción muy fuerte del crédito a la actividad promotora (servicios inmobiliarios) que llegaron a suponer prácticamente la mitad de la inversión crediticia en servicios en los momentos más álgidos de euforia inmobiliaria. En concreto, la actividad inmobiliaria absorbía el 48% de los préstamos para servicios en 2006, mientras que en 1992 representaba solo el 14%, y ahora, a finales de 2015, supone el 30%, tras el reventón de la burbuja inmobiliaria. En números absolutos, entre 2006 y 2010 superaron los 300.000 millones de euros (más del 30% del PIB), y ahora solo suma 135.000 millones, un 13% del PIB.

Hasta aquí, las víctimas. Víctimas de una avalancha de demanda y de concesión de crédito para la actividad constructora, promotora y de compra de casas que acumuló una burbuja desconocida y que terminó estallando en 2008 generando la mayor crisis económica que recuerda el país. Hasta el punto de que el PIB está estancado desde entonces, pues en 2015 cierra a un nivel real aún inferior al logrado en 2008, y el crédito vivo a la economía ha descendido desde el récord de los 1,869 billones de euros de diciembre de 2008, hasta el nivel actual de 1,339 billones. En 1992 estaba únicamente en 261.000 millones de euros.

El desapalancamiento empieza a tocar fondo

La purga de los excesos del crédito, el proceso de desapalancamiento financiero, está a punto de finalizar. En los primeros años de la crisis era un proceso más acelerado, porque la lentitud de la reducción de crédito hipotecario de los particulares se compensaba con una paralización en la concesión de préstamos nuevos. Pero ya en los dos últimos años las entidades financieras han comenzado a conceder crédito por la mejora de la solvencia de la demanda y la necesidad de renovar la cartera de crédito que se encaminaba a una peligrosa jibarización.

Todavía ahora es más fuerte la tendencia de amortización de crédito viejo que el avance del nuevo, y por ello el crédito total sigue cayendo. Pero este proceso está próximo a culminar, a juzgar por los ritmos de descenso de los últimos años. En la cartera total de crédito el descenso era de unos cien mil millones de euros al año (salvo el salto cuantitativo de la creación del banco malo), mientras que ahora el descenso interanual absoluto no supera los 40.000 millones de euros. En algunos destinos productivos, como la industria, ya se ha estabilizado.

  • Cuando el crédito crecía al 27% anual

El protagonista del fortísimo tirón del crédito y posterior hundimiento ha sido la actividad inmobiliaria. En los primeros noventa el crédito se incrementaba al 1,1% anual, cerró la década creciendo al 17%, y en 2005, acercándose ya a la cumbre, avanzaba a tasas de nada menos que el 27%. 

El volumen de dinero prestado para las tres actividades inmobiliarias puras (construcción, promoción y venta y adquisición de casas) pasó de los 85.480 millones en 1992, a los 252.838 en el año 2.000, y nada menos que a 1,125 billones en 2008, donde marca récord, para descender después lentamente hasta los 738.000 millones de euros actuales, tras un intenso desapalancamiento, especialmente por parte de las empresas promotoras, que han depositado sus carteras fallidas en buena parte en la Sareb (banco malo). Si en 1992 se destinaba solo un 32% del crédito a tales menesteres, aproximadamente uno de cada tres euros, ahora se concede el 55,18%, más de la mitad de los recursos. Pero en diciembre de 2007, cuando toca techo, absorbe el 62% del total, nada menos que dos euros de cada tres.

Lógicamente es la adquisición de casas por parte de los particulares la que dispara el crédito destinado a vivienda y desequilibra tanto el reparto de la financiación dentro de la asignación de recursos en la economía española. Dado que la capacidad de reducción de este tipo de deuda es muy lenta, puesto que depende de la capacidad limitada que de amortización tienen los hogares, a medida que el crédito total se ha reducido (un 28% desde máximos) ha ganado peso relativo la compra de casas, aunque la partida concreta destinada a tales fines se haya contraído también.

En términos absolutos marca máximos en diciembre de 2010, con 662.000 millones, un 35,9% del total del crédito vivo. Cinco años después, esta cantidad ha descendido hasta los 557.000 millones de euros, según los datos del Banco de España, pero supone un 42,46% del total de los préstamos tomados por los agentes económicos españoles de la banca.

  • Exuberancia en la construcción

La construcción es el capítulo que menos recursos ha absorbido dentro de las actividades de carácter inmobiliario, pero ha tenido una importancia nada despreciable. Incluso en muchos casos ha superado el peso de la propia industria, lo que da una idea tanto de la sobrevaloración de la construcción, como del desprecio hacia las actividades manufactureras.

La cima de inversión en la actividad constructora se alcanzó en el año 2007, con 153.000 millones de euros, un 8,69%, mientras que en ese mismo año la industria solo absorbía el 8,04% del crédito total, unos 141.000 millones de euros. Prueba de la irracional exuberancia de la actividad constructora es que desde 2007 ha descendido a un volumen de préstamos de 45.445 millones de euros, solo un 3,3% del total.

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