martes, 28 de febrero de 2017

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La ciudad futura convierte sus residuos en recursos

  • Contenedores inteligentes, ‘apps’, industrias y flotas sostenibles marcan la pauta.
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La ciudad futura convierte sus residuos en recursos

(Getty Images)

Dispositivos digitales que avisan del llenado de un contenedor o de las zonas más productoras de residuos. Pantallas, tipo lector de barras de supermercados, que identifican adónde va el envase, sea al contenedor amarillo, azul, verde o gris; aplicaciones con información para los usuarios, pero que permitan reportar incidencias. Modificación de los procesos de producción y una mayor sensibilización ciudadana.

La ruta a seguir para avanzar en la gestión eficaz de los desechos en las ciudades implica una transformación de todo el sistema. Primero, la modernización de las infraestructuras mediante la inversión en innovación tecnológica para la gestión de las flotas y contenedores.

“Hablamos de optimizar de forma permanente las rutas y los recorridos.Con la ayuda de la tecnología, se recogerán exclusivamente los contenedores que necesitan ser vaciados gracias a las plataformas de control a distancia digitales”, explica Antonio Barrón, portavoz de Ecoembes, quien asegura que ya se trabaja en este proyecto. También supone la sustitución de flotas por otras más verdes, híbridas o de gas natural, añade Félix Reneses, director de operaciones de Ecovidrio, un plan que está en estudio.

El uso de contenedores geolocalizados y conectados es el otro plan futuro. “El uso de wearables podría mejorar la recogida selectiva”, opina Josep Maria Tost i Borrás, director de la agencia de residuos de Cataluña.

Aprovechar al máximo los desechos implica un cambio de mentalidad

El objetivo es obtener datos sobre la frecuencia de llenado, cuándo debe vaciarse y ayude a reducir errores en el reciclado. “Se trata de un contenedor moderno, que interactúe con el usuario”, añade Barrón, de Ecoembes.

El segundo paso es el impulso del ecodiseño y la economía circular (consumir menos y reutilizar y reciclar más) en la industria para disminuir la producción de envases y fabricar otros biodegradables. Es decir, trabajar en la prevención. “El mejor residuo es el que no se produce”, coinciden. Las medidas de ecodiseño han hecho que en los últimos 10 años los envases sean un 17% más ligeros, para un ahorro de 450.000 toneladas de materias primas, según Ecoembes.

Fomentar también la economía colaborativa, el comercio de proximidad, los huertos y compostaje orgánico, apunta Tost i Borrás. Así, la patronal PlasticsEurope propone la instalación de plantas de reciclaje de plásticos para producir energía. “Con esta iniciativa se pueden fabricar combustibles alternativos y diésel, utilizables en la industria cementera”, opina su director, Manuel Fernández, quien cita el caso de Viena, que con su planta cubre la demanda anual de calefacción de 60.000 hogares.

Tercero, una legislación favorable. El sector aboga por ordenanzas municipales que incentiven el reciclaje y penalicen la producción de envases, como el pago por generación implantado en Bélgica y Alemania, vigilar la gestión de los grandes productores (hostelería), fijar tasas por vertido al ayuntamiento –en vigor en España– y generar energía a partir de los restos orgánicos tras separarlos en un contenedor marrón. Y cuarto, promover la educación, el punto clave porque implica un cambio de mentalidad.

El nuevo modelo económico, en 20 años

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Joachim Quoden, director general de Expra. / Pablo Monge

El proceso de cambio de modelo económico hacia otro más circular, sostenible y que aproveche al máximo sus bienes está en marcha. La directiva europea recién revisada, y que ha suavizado sus exigencias, fija en el 65% la meta de reciclaje de residuos; en el 75%, la de los envases, y en el 10%, la cantidad máxima de basura que se echa al vertedero para 2030.

“La población aumenta en las ciudades, se consume más y se incrementa el vertido de basura. El planeta no tiene espacio para más y es conveniente avanzar en soluciones que disminuyan el vertido, reciclar más y no desaprovechar nada”, considera Joachim Quoden, director general de la patronal europea de los sistemas de reciclado Expra, que agrupa más de 20 países. 

Quoden cree que hay que integrar más a los ciudadanos en el proceso, que sean conscientes de que quien contamina paga. Un propósito que implique también a los Gobiernos, ayuntamientos y empresas, que no se lleve a cabo por separado e impulse la financiación de proyectos que apoyen esta dirección. Aunque el camino será largo.

“Hablamos de entre 15 y 20 años para hacer realidad la economía circular”, augura. Por eso, insiste en que es fundamental cambiar el comportamiento de los ciudadanos. “Poner el foco en la educación, comenzando desde la niñez”, recalca. Y critica: “Lo que no puede ser es que Zara promueva cambios de ropa dos y tres veces al año; que no se fomente la compra excesiva, sino el alquiler”.



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