viernes, 31 de marzo de 2017

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Fernando Sintes fundó La Menorquina hace 75 años

Los helados y postres nacidos entre cajas de zapatos

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Los helados y postres nacidos entre cajas de zapatos

Tarta al whisky de La Menorquina.

Las duras circunstancias de la posguerra coincidieron en 1940 con el espíritu emprendedor de Fernando Sintes Pons. El entonces joven pastelero fundó La Estrella, que cinco años más tarde pasó a llamarse La Menorquina. La historia de la compañía, actualmente integrada en Grupo Kalise Menorquina, arrancó en tiempos difíciles con un futuro incierto. Hasta 1941, la empresa no pudo contratar a un empleado.

Apodado mestre (maestro) por sus trabajadores, Sintes introducía en la isla balear maletas cargadas de azúcar, esquivando los controles de aduanas con el argumento de que contenían muestras de zapatos. Así, el empresario consiguió evitar que el racionamiento de productos básicos como el azúcar pusiera en riesgo el negocio de la compañía. La empresa fabricaba principalmente pastelería e iniciaba con pocos recursos la producción de helado artesanal, producto prácticamente desconocido por los consumidores insulares.

En 1950, la suerte hizo que el primer premio de la lotería recayera en Alaior –localidad natal de Sintes–, por lo que instaló una pequeña fábrica industrial de hielo que tuvo que equipar con un generador eléctrico propio, debido a los frecuentes cortes de energía de la época. El hielo era entonces indispensable ya que, mezclado en las debidas proporciones con sal, suministraba el frío necesario para fabricar helados y lograr su conservación en las denominadas heladoras durante un máximo de 10 horas, periodo en el que el producto tenía que ser necesariamente vendido. Para la preparación de sus helados, el artesano utilizaba como materias básicas leche y nata producidas en la isla, así como azúcar y yema de huevo, también de origen menorquín.

Prevé unas ventas de 151 millones en 2015

El premio de lotería amplió la capacidad de producción y almacenaje de La Menorquina, que compró un vehículo equipado con un remolque para empezar a distribuir sus productos por toda la isla. Además de helados –dada la estacionalidad de la demanda, restringida entonces al periodo estival–, la compañía también fabricaba pasteles, membrillos y mermeladas elaboradas a partir de frutas locales, así como otras especialidades de Menorca como los caramelos largos y los turrones típicos de la isla durante las Navidades.

Acuerdos de colaboración
Durante los años cincuenta, Sintes ahondaba en sus conocimientos pasteleros a través de cursos de perfeccionamiento en la Escuela de Pastelería de Madrid y en la Escuela Profesional de Repostería y Helados de San Cugat del Vallés (Barcelona). A la vez, la empresa selló sus primeras alianzas corporativas con las compañías Frigo y Helados Marisa, ambas de Barcelona. En 1956, La Menorquina compró la compañía de chocolates La Tropical de Mahón. A finales de esa década, La Menorquina también se encargaba de la distribución de los yogures Danone en la isla, acuerdo que sigue en vigor a día de hoy.

La llegada de nuevos competidores al mercado –como la multinacional Frigo, que se asentó en la isla con fuerza– hizo que Sintes comprara en 1965 un paquete de acciones de la barcelonesa Marisa, con la que se fusionó en 1967.

En 1968, una participación mayoritaria de la nueva empresa fue adquirida por la multinacional americana Beatrice Foods, con lo que La Menorquina pudo empezar a plantar cara a sus competidores. No obstante, la gestión y la dirección de la empresa seguían en manos de su fundador, quien mantuvo el puesto de trabajo de todos los empleados, llegándose a convertir en líder nacional en el sector de la restauración.

En la década de los setenta, la empresa continuó creciendo en el mercado, apostando por la innovación y lanzando nuevas especialidades. La Menorquina vendía frutas heladas (naranjas, piñas, cocos y manzanas) y productos únicos como el 57, que le llevaron a coger impulso en restauración y a desarrollarse a nivel nacional a partir de 1982. La firma creció fuera de España a partir de 1990. En la actualidad, comercializa sus productos en 27 países.

Un incendio de los almacenes frigoríficos en 1978 llevaron a Sintes a construir una nueva fábrica, que fue inaugurada en 1980. Durante esa década, la integración con Helados Marisa era total, por lo que la firma trasladó su sede a Barcelona.

En 1985, la compañía compró la división de Kalise, empresa de helados y productos lácteos de origen canario, en Sevilla con el objetivo de reforzar su presencia en Andalucía. Ese mismo año, Sintes decidió jubilarse cediendo el testigo a su hijo Juan Fernando, que pasó a ser director industrial de la empresa.

En la década de 1990 desaparece el grupo Beatrice Foods, empresa que también poseía la mayoría del capital de Kalise, firma fundada y dirigida por el emprendedor Delfín Suárez, quien compró en 1999 la totalidad de las acciones de la compañía. Pasó, así, a ser de nuevo una firma 100% familiar, denominada Grupo Kalise Menorquina.

Su nuevo plan de negocio abandona las marcas blancas

Grupo Kalise Menorquina actualmente cuenta con una plantilla que supera los 1.000 trabajadores y posee factorías en Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria. El grupo ha puesto recientemente en funcionamiento un plan estratégico con el que ha abandonado la fabricación de helados de marca blanca.

Por otra parte, la compañía anunció en 2014 un acuerdo con una serie de bancos para la refinanciación de su deuda, lo que, según el grupo, le ha permitido dejar atrás los problemas financieros por los que atravesó desde el estallido de la crisis económica. Ahora, Kalise Menorquina pretende seguir siendo, gracias a sus dos enseñas, la primera empresa de helados con marca propia de capital español.

A lo largo de estos 75 años, la historia de La Menorquina está caracterizada por multitud de productos. Uno de ellos fue la barra de tres sabores, nacida a principios de la década de los sesenta gracias a los avances de la tecnología. Según la compañía, combinaciones como nata, fresa y chocolate se hicieron un hueco muy rápidamente entre los consumidores, que consideraban un histórico algo que hoy apenas tiene reconocimiento. En esos años, el helado seguía siendo considerado un producto de lujo, pero ganó presencia en los bares y restaurantes a medida que los frigoríficos iban modernizándose lentamente hacia los modelos conocidos en la actualidad. Solo durante esa década se pasó de un consumo medio de un litro de helado por persona cada año a 1,6.

Durante las décadas de los setenta y ochenta, mientras la penetración de los frigoríficos en los hogares iba en aumento, el consumo de helados crecía de la misma forma. Entonces, el consumo anual ya alcanzaba los dos litros por persona.



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