viernes, 31 de marzo de 2017

Está pasando:

Alberto Vollmer, presidente de Ron Santa Teresa

“Hoy solo se sobrevive con valores y jugando muy limpio, como en el rugby”

  • Lidera el Proyecto Alcatraz, para reconducir jóvenes delincuentes
  • Destaca de este deporte su humildad y honestidad
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PABLO MONGE

Cuando la economía va bien en Venezuela, se bebe whisky, y cuando va mal, los venezolanos ahogan las penas en ron. Alberto Vollmer, nacido en Caracas hace 45 años, se dedica al negocio del ron. Dirige la Hacienda Santa Teresa, a la que accedió a mediados de los años noventa cuando estaba en suspensión de pagos. Hoy es una empresa saneada y con una gran iniciativa social.

Pregunta. ¿Cómo surge el Proyecto Alcatraz?

"Sobrevivir 200 años en Venezuela no es fácil, ya que es un país volátil, dondesi no eres ético, eres barrido por todos”

Respuesta. Nace en 2003 de una manera fortuita y como algo intuitivo para intentar reconducir a jóvenes pertenecientes a bandas de delincuentes en el municipio de Revenga. Al principio teníamos miedo a decirles que se iba a llamar así porque lo relacionaban con la película La Roca, pero enseguida fue muy bien aceptado. Tratamos de rehabilitar a delincuentes y recuperarlos para la sociedad. Y lo hacemos a través del rugby.

P. ¿Qué tiene este deporte de especial y qué enseñanzas se pueden extraer de su práctica?

R. Es un deporte con unos valores que no se encuentran en ningún otro deporte, ni en el fútbol, que mueve masas. En el rugby hay un gran respeto, por ejemplo, hacia el árbitro; los jugadores no fingen caídas, ya que no es honesto. Y el tercer tiempo es magnífico porque significa que te puedes tomar un ron con tu adversario, es el momento del reencuentro. Mi hermano y yo estudiamos en Francia y jugábamos al rugby, eso nos sirvió para mucho. En Alcatraz lo usamos como herramienta de rehabilitación.

P. ¿Qué valores son prioritarios?

R. La humildad, que es lo que te permite reconocer los defectos y escuchar. Es la base de todo, el respeto contigo mismo y con tus adversarios. El rugby es un espectáculo que, a pesar de la aparente brutalidad, es de caballeros. Tienes una gran responsabilidad, debes dar la cara, representar el papel que te toca y, sobre todo, hay que saber jugar en equipo. Si hay alguien que no hace su trabajo, pierde, y ante todo se sabe que solo es uno el que marca.

“En el rugby tienes una gran responsabilidad, debes dar la cara, representar el papelque te toca y saber jugar en equipo”

P. Es un deporte muy duro.

R. Muy duro, pero muy limpio. No hay odio. Es una terapia fantástica. En el municipio de José Rafael Revenga hay 60.000 habitantes y 2.000 jugadores. Lo aplicamos en colegios, en jóvenes que están a punto de entrar en bandas. Buscamos que Revenga se convierta en cuna del rugby en Venezuela, además de que sea un centro de alto rendimiento.

P. ¿Qué salidas profesionales tienen estos muchachos?

R. Durante una fase inicial, los jóvenes participan en un programa de formación en valores, practican rugby, tienen asistencia psicológica y además realizan trabajos comunitarios. Cuando terminan el programa, los egresados pueden elegir entre un empleo en Ron Santa Teresa o en otras empresas asociadas con el grupo, o continuar su formación en talleres o trabajar en el Café Alcatraz. También generamos empleo porque en el rugby se necesitan árbitros, entrenadores. De hecho, siete de ellos han salido de Alcatraz.

Pablo Monge

P. ¿Mejor nos iría a todos si se aplicará en la sociedad en general estos valores que ustedes llevan por bandera?

R. En este nuevo siglo, con las redes sociales e internet, los jóvenes son más impacientes, hay más transparencia, la información fluye y creo que es el fin de la era de las mentiras. La gente quiere la verdad. Cuando tienes una marca debes tener una estrategia; nosotros nos pusimos a analizar qué valores teníamos como organización y si coincidían con los valores del rugby. Vimos que la humildad es lo que te permite aprender a reconocer los errores y lo que te permite aprender y continuar.

P. ¿Cómo sobrevive una compañía como Ron Santa Teresa, con más de dos siglos de vida?

R. Jugando siempre limpio para ganar. Sobrevivir 200 años en Venezuela no es fácil, ya que es un país volátil, donde si no eres ético, eres barrido por todos. Nos gusta jugar limpio, pero no como corderitos, sino transformando el entorno donde trabajamos. Si a nuestro alrededor todo va bien, a nosotros también nos irá bien. El éxito de la empresa debe revertir en el lugar donde estamos. Si queremos seguir en Venezuela 200 años más, debemos ser motor de desarrollo en la zona.

P. ¿Es difícil ser empresario en Venezuela?

R. En general, la economía venezolana está basada ahora mismo en el petróleo. Antes teníamos una economía agrícola e industrial más fuerte, mientras el petróleo era mínimo. En los años setenta se nacionalizó el sector petrolero y se multiplicó por ocho su precio, lo que generó un tsunami de divisas y se convirtió en el centro de la economía. Todo esto causó complicaciones, debido a la cantidad de plata que cayó en manos del Gobierno, que sucumbió a una serie de tentaciones entendibles. Los acuerdos de los sindicatos con el Estado fueron onerosos, algo que no podían sufragar los empresarios. Con la depreciación de la moneda local y un aumento de los costes, todo esto hizo que fuéramos menos competitivos, convirtiéndonos, poco a poco, en un país que depende de las importaciones, con un alto índice de desempleo y un déficit fiscal estructural.

P. Los últimos años tampoco han sido óptimos.

R. En los últimos años las empresas hemos tenido sobrecargas fiscales para hacer frente a la ineficiencia del Estado. Tenemos una inflación muy alta, hay que hacer frente a una deuda pública y a un corte de los ingresos a la mitad. En Venezuela, el sector exportador está muerto. Hay escasez de productos y los precios llevan tres o cuatro años sin moverse. Solo exportamos un 25% del ron que producimos, es poco. El 98%de las exportaciones en Venezuela son del petróleo y sus derivados, mientras que el 2% restante es para las otras industrias. Estamos esperanzados de que todo esto cambie porque parece que el sector público está concienciado de que debe haber una mayor exportación. Es necesaria una mayor inversión privada, generar confianza y ofrecer a las empresas ciertas garantías legales.

“Nuestros técnicos

tienen ahora alma”

P. ¿Cuál es el secreto para que una empresa se mantenga en quinta generación dentro de una familia?

R. En un ambiente tan adverso, como son los tifones que siempre nos han acompañado y la economía de nuestro país, lo que nos ha sostenido en pie han sido los valores, el respeto, tener un objetivo claro, olfato, capacidad de adaptación y, sobre todo, ser lo más humildes posible.

P. ¿Nunca han sido tentados para vender la compañía?

R. Nunca hemos tenido una oferta en firme, debe ser que se ha visto que no teníamos intención de vender el negocio. Nosotros siempre hemos retado a los retos, a la adversidad. Dentro del mundo de los licores seguimos siendo una marca independiente, con un mensaje diferente que queremos transmitir a nuestros consumidores. Estamos orgullosos de los logros que obtenemos con el Proyecto Alcatraz. Es un caso de estudio en Harvard y en el IE Business School, y no podemos estar más contentos al saber que nuestro proyecto va a llegar a muchos directivos. Lo que hacemos genera orgullo de pertenencia dentro de la organización.

P. ¿Que una empresa sea socialmente responsable es un elemento de atracción para los profesionales?

R. Nos gusta que la gente tenga alma, estamos en una coyuntura donde le damos mucha prioridad a los recursos humanos. Ahora en la compañía nuestros técnicos hablan de valores. En Venezuela, el empleo formal es un privilegio y conlleva una gran responsabilidad, porque esa persona se convierte en un líder dentro de su comunidad, en padres y madres responsables. Cada persona se convierte en un agente de cambio positivo.

P. El Proyecto Alcatraz es perfectamente exportable a otros municipios y a otros países.

R. Es una idea que nos tiene entusiasmados. Nos han dado reconocimientos al mejor proyecto de reinserción social y estamos trabajando en documentar todo lo que hemos hecho para que sea aplicable. Manejamos un presupuesto de 300.000 euros anuales, y es perfectamente aplicable a los países donde haya elevados índices de homicidios. Al principio le dediqué la mitad de mi tiempo, luego lo fui reduciendo al 30%, y cuando hemos visto que el modelo ya está consolidado lo he reducido al 10%. Pero me sigo implicando en procesos críticos. Es algo de lo que no te puedes desenganchar.

“Lo que no mata, fortalece”

España es el primer mercado internacional de Ron Santa Teresa, marca presente en 35 países, entre ellos Reino Unido, Francia, Italia, Japón y Estados Unidos. “La apuesta por el mercado estadounidense es muy importante, pero es un mercado complejo”, afirma Alberto Vollmer.

Si algo caracteriza al ron de esta firma, que hace frente a todo tipo de adversidades, tanto económicas como políticas, sociales y hasta climatológicas, es el carácter. “Lo que no mata, fortalece. La adversidad se traduce en complejidad y carácter”, asegura este empresario, optimista por naturaleza, que no duda en advertir de que, a pesar del boom que vive hoy día la ginebra, habrá una vuelta al ron. “Y eso nos beneficiará, porque los consumidores ven a Santa Teresa como una marca sana, con valores, coherente y con historia”. Por tanto, cree que una nueva era está por llegar. Y agrega que es una marca, hasta ahora, importada del pasado, con una historia del trópico, de hacienda, pero con mucho recorrido ya que su producción no es masiva, es premium, con atributos y credibilidad. “Lo importante es que siempre haya una historia detrás, y en la elaboración del ron es esencial el tiempo”.

Entre sus objetivos a medio plazo como empresario está seguir trazando la estrategia con los mismos parámetros de rigurosidad y paciencia. “Nuestra historia tiene que ver con el tiempo y la adversidad, es algo que va unido. Un buen ron puede hacerse con tiempo y eso es adverso debido a las temperaturas y a la humedad. El proceso de añejamiento conlleva unos riesgos”. Pero es precisamente esa incertidumbre lo que le permite a este empresario seguir caminando.



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