sábado, 2 agosto 2014

Está pasando

Conozca todas las falsas verdades de la calificación energética de viviendas

¿Por qué mi casa no consigue el certificado A?

  • Obtener la máxima nota solo es posible si las emisiones de la casa son casi nulas y utiliza energías renovables
  • Más de la mitad de las viviendas certificadas logran una E, que supone un suspenso

Imagen del interior de una vivienda.

Apunto de cumplirse cinco meses desde que el 1 de junio entró en vigor el nuevo certificado energético con el que deben contar todas las viviendas que se vendan o alquilen en España, todavía hoy esa etiqueta genera muchas dudas. Expertos certificadores reprochan a la Administración central (fundamentalmente al Ministerio de Industria) y a la autonómica (el control e inspección de esos certificados corresponde a las comunidades autónomas) algunas de las falsas verdades que ha generado este certificado entre la opinión pública.

En primer lugar, los expertos consideran que no se ha hecho la suficiente pedagogía sobre la importancia de cumplir la ley, ya que no disponer de certificado o publicitar una calificación falsa será constitutivo de sanciones que pueden oscilar desde los 300 euros si es leve a los 6.000, en caso de infracción muy grave. “Muchos propietarios se enterarán de que debían disponer de ese certificado cuando se les notifique la sanción, como ya ocurrió en Italia”, advierten en una empresa dedicada a emitir estos documentos.

Pero, sin duda, lo que más critican unos y otros es que no se ha informado a la ciudadanía sobre qué significa la escala que va desde la A (de ahorro), que supondría obtener la mejor nota, hasta la G (de gasto), un suspenso en toda regla. Hay tal desconocimiento que, por ejemplo, todo propietario de una casa de reciente construcción pensaba que su etiqueta estaría entre las mejores (A, B o C), “como si ser una casa nueva otorgara automáticamente una buena calificación energética. Y, sin embargo, hasta el año 2007 no existía en España normativa sobre la construcción de viviendas energéticamente eficientes”, señalan fuentes de Certicalia, plataforma certificadora a nivel nacional.

Pocos certificados, muchos suspensos

Entonces, ¿qué hace falta para llegar a esa A, al sobresaliente en materia de eficiencia energética? Una vivienda con una etiqueta A es una casa con emisiones de CO2 casi nulas. “Es decir, que por su construcción apenas necesita aporte de calefacción o refrigeración, ya que sus materiales son tan aislantes que no se ve afectada por la temperatura exterior.

Y en el caso del agua caliente o si necesita un mínimo aporte de climatización, que lo haga mediante energías renovables”, explican desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Así, las casas clase A emiten desde cero a 5,4 kilos de CO2 por metro cuadrado y año. La letra más baja, la G supone que el inmueble en cuestión es responsable de la emisión de más de 47,7 kilos de CO2 por metro cuadrado y año.

¿Qué nota media están obteniendo los pisos que ya han solicitado en España esta certificación? Lo primero que llama la atención es que en estos casi cinco meses y aunque no existen estadísticas oficiales, apenas se han solicitado unas 100.000 certificaciones, menos del 10% del volumen total de casas que se venden o alquilan en la actualidad.

Tal y como admite la empresa de intermediación de arrendamientos Alquiler Seguro, la mayoría de las casas suspende este examen, ya que las etiquetas más registradas son la E, que sitúa a los inmuebles que la obtienen por debajo de la media y la D, que representa un aprobado raspado. Según los datos de Certicalia, más de la mitad de las viviendas calificadas, el 52%, ha obtenido una E, le siguen con un 20% (una de cada cinco) la G, la peor nota posible y muy igualadas con un 12% del total aproximadamente la D y la F. Ni la A ni la B, las dos mejores calificaciones, se otorgan a más de un 1% de las casas inspeccionadas.

En cuanto a los precios que se están cobrando por la emisión de estos documentos, Certicalia admite que según sus datos oscilan mucho, hasta el punto de poder variar desde los 75 euros hasta los 250, siempre más IVA. Dicha dispersión depende de que se trate de una casa más o menos grande y de la demanda de la zona. Otras empresas certificadoras advierten que se debe desconfiar de tarifas inusualmente bajas (por debajo de 80 euros) y, sobre todo, si garantizan a priori una nota elevada.

Algunas medidas que ‘abrigan’ al edificio

Otra de las cuestiones que muchos propietarios y arrendadores desconocen es que cuando se emite el certificado, la documentación que lo acompaña suele incluir una serie de recomendaciones a seguir para mejorar la nota obtenida por la vivienda en al menos uno o dos escalones. “Se trata de abrigar la casa, de forma que todo el calor o frío que se genere en su interior pueda ser aprovechado”, señalan en Certicalia.

¿Qué mejoras contribuyen a aumentar esa eficiencia energética? Entre las más habituales destaca la de reforzar el aislamiento de los muros. En este tipo de obras es vital la elección de los materiales y tener presente que no valdrá la misma solución para dos edificios, puesto que habrá que tener en cuenta la orientación y la zona climática.

Otra actuación eficaz es añadir protecciones solares a las fachadas más castigadas por el sol o renovar las ventanas para solucionar la posible fuga de calor en invierno y frío en verano, cuando se trata de refrescar el interior de la casa.

También es posible obtener ahorros con la sustitución de la caldera por otra de mayor rendimiento o decantarse por “uno de los sistemas que ofrece mayor respeto al medioambiente como es la bomba de calor”, tal y como explica Mario Jiménez, de Panasonic.

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