martes, 2 septiembre 2014

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Internacional

Los emergentes alzan la voz en la economía mundial

  • La apertura de la China comunista al capitalismo a principiosde los años ochenta alteró para siempre la relación de fuerzas con las economías industrializadas

Deuda pública europea, ¿una inversión segura? Hoy puede parecer un chiste, pero en los ochenta los países de Europa central figuraban entre los mercados más pujantes de la economía mundial y su deuda era garantía de seguridad para las inversiones, justo al contrario de lo que sucede hoy.


“En aquellos años, el principal motor de crecimiento era la inversión extranjera directa en estos países, en Estados Unidos y Japón”, comenta José María López Pina, director del Departamento de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid. Para entonces, Taiwán ya se había convertido en un icono del en ese momento incipiente fenómeno de la globalización, como mano de obra barata de las multinacionales, sobre todo textiles, de los países occidentales. Pero la apertura de la China comunista de Mao al capitalismo en 1979 de la mano de Deng Xiaoping dio un vuelco definitivo a la economía mundial.

“No importa que el gato sea blanco o negro. Mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”. La sentencia de Xiaoping fue el comienzo de su plan de liberalización económica para sacar a China de la autarquía y abrir el país a la economía mundial. “El fenómeno fue parecido al éxodo rural hacia las ciudades que vivió España en los sesenta, pero a lo bestia”, resume el economista José Carlos Díez.

Para hacerse una idea del peso que Pekín ha ido ganando desde la declaración de intenciones del padre de la reforma económica aperturista china, el país representaba en 1980 el 2% del PIB mundial. En 2008, en pleno tsunami financiero en Estados Unidos y Europa tras la explosión de las hipotecas basura y la caída del banco de inversión Lehman Brothers, China había escalado hasta el 11,6%. Aún nada que ver con el 15,6% que ha alcanzado este año, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El dato

El año 1979 marcó el principio de la apertura de la China comunista al capitalismo y el punto de inflexión de la economía mundial. Desde ese año, Pekín ha ido engordando su peso económico. “El fenómeno fue parecido al éxodo rural del campo a la ciudad que vivió España en los sesenta, pero a lo bestia”, resume un economista. El resultado ha sido que en 30 años, Pekín empieza a dictar las reglas.

La revolución del transporte y la entrada en la era digital han sido los grandes aliados del país asiático y de su homólogo emergente India. En 1995, la excolonia británica entra en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Su aportación a la economía mundial era entonces del 3,3%. En 2013 se situó en el 5,7%. “Ambos ganan ventajas competitivas respecto a Europa y EE UU, que han ido perdiendo cuota de bienes industriales. Aquí hemos ido destruyendo la mitad del empleo en textil y en calzado, pero a cambio nos compramos ropa a mitad de precio”, señala Díez, en referencia a la fábrica mundial en la que se ha ido convirtiendo China en los últimos 30 años.
Las mercancías viajan más rápido y más barato en barco y el avión se populariza. El último vuelo comercial del avión supersónico franco-británico Concorde en 2003 puso el punto y final al transporte aéreo como un lujo accesible a muy pocos.

Desde el año 2009 los países emergentes han creado un 4% más de puestos de trabajo

El empuje de los emergentes ha ido destruyendo tejido industrial en Europa y Estados Unidos, a cambio de mayor cuota en tecnología y en servicios. Pero aunque el viento haya cambiado de dirección, los expertos no dudan de que la globalización ha beneficiado a todos, ricos, pobres y emergentes. “En el año 1982, el 20% de los diez millones de españoles afiliados a la Seguridad Social trabajaban en el sector agrícola. El proceso de apertura en España, que no ha tenido miedo a la globalización, ha creado seis millones de empleos adicionales”, matiza Díez.

El problema hoy es, obviamente, la crisis, que desde 2009 ha destruido en Europa el 1% del empleo, mientras los países emergentes han creado en el mismo periodo de tiempo un 4% más de puestos de trabajo. Es más, sin el socavón de la crisis, el ciudadano que no ha perdido su empleo ha ganado poder adquisitivo gracias a la globalización, dicen los expertos. Y la tecnología puede ser una de las claves para superar el bache y aportar valor añadido a la economía y a la creación de empleo en los países occidentales respecto a Asia y el resto de economías emergentes de América Latina.

La falta de unidad mina a Europa

El endeudamiento en Europa es un problema bien real, al igual que el desempleo y la falta de armonización fiscal. Pero todos estos escollos tienen un punto en común: la cacofonía política. No es nueva, pero los organismos de estudios económicos lo resaltan una y otra vez como el talón de Aquiles de la economía de la zona euro y de la Unión Europea.
“La política en Europa sigue siendo una fuente de perturbaciones para la recuperación económica. De hecho, en los últimos tres meses se han producido algunos de los eventos potencialmente más dañinos de esta persistente crisis”, advierte el análisis de la economía europea durante el primer semestre del año del banco BBVA. La entidad alude en su informe al bloqueo en el Gobierno italiano tras las elecciones de febrero, en las que no se logró una mayoría viable para formar gobierno. Después vino el espectáculo del proceso de rescate de Chipre, que finalmente obtuvo financiación europea “aunque su Ejecutivo impuso controles de capital transitorios”. Por último, el Tribunal Constitucional de Portugal declaró inconstitucionales partes del rescate.

Curiosamente, cuando se pregunta en qué sectores podría brillar España en el caos que está dejando la destrucción de empleo, surgen las energías renovables, una industria avasallada por incesantes cambios normativos que alejan a los inversores. “España está a la vanguardia tecnológica gracias a este sector, algo que no pasaba desde Felipe II”, puntualiza irónico el economista José Carlos Díez.

Pero Europa no recuperará algo de su antiguo peso si no toma medidas que estimulen su crecimiento, más allá de la obsesión por la austeridad por la que se ha optado para frenar el galopante déficit público, sobre todo de los países del sur. Estados Unidos ha reaccionado hacia esta dirección.

El análisis de la economía mundial durante el segundo semestre de 2013 realizado por el servicio de estudios del banco BBVA sugiere que “en Estados Unidos, la fortaleza de la demanda privada frente al freno del ajuste fiscal sostiene sus perspectivas de crecimiento. La eliminación de algunas rebajas fiscales y la entrada en vigor de recortes de gasto no parecen haber supuesto finalmente un freno de consideración del gasto privado gracias a una expansión monetaria que mantiene unas condiciones de financiación muy favorables y contribuye a la mejora del ingreso y de la riqueza”.
En este escenario, el organismo prevé que la economía estadounidense crezca un 1,8% en 2013, frente a una caída del PIB en los países de la zona euro del 0,1% y un aumento del 1% en 2014.

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