sábado, 19 abril 2014

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Más allá de producir para Pfizer

  • El grupo Farmasierra busca en la diversificación una salida a la crisis
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Dicen repetidamente los expertos que de una crisis puede aparecer una oportunidad. Pues ese parece el ADN del grupo Farmasierra, surgido en 1996 de una planta de Pfizer a punto de cerrar y que en la actualidad, debido a la recesión, ha diversificado su negocio para sobrevivir.

Tomás Olleros es presidente y fundador de Farmasierra. Estudió en Alemania su doctorado en Ciencias Químicas y trabajó en la farmacéutica española Antibióticos. Como director de la planta de Pfizer en San Sebastián de los Reyes (Madrid) le tocó una difícil tarea: "Me encargaron el cierre de la planta porque Pfizer quiso reducir el número de sus fábricas en Europa. Yo pedí que me dieran un tiempo para buscar un proyecto alternativo para que se vendiera, en vez de cerrarla", recuerda Olleros. Y al final, él mismo fue el comprador. Era el momento de crear su propia empresa, Farmasierra, nacida sobre todo con el fin de producir para Pfizer y otros laboratorios. Esa fue la primera crisis superada.

El segundo riesgo a superar es la actual situación económica. "La crisis nos ha afectado mucho, por la bajada de los precios de los medicamentos y por la presión de nuestros clientes", reconoce. De hecho, en 2012 la facturación descendió un 10%, hasta los 36 millones de euros. Pero Olleros tiene claro que para crecer debe invertir en nuevos planes estratégicos de I+D+i. "En 2013 vamos a destinar un 12% de nuestros ingresos a inversiones", de los que un 3% se destinarán a investigación.

Actualmente el grueso de la actividad sigue siendo la producción para terceros y su principal cliente continúa siendo Pfizer, aunque también producen para Astellas, Reckitt-Benckiser o Mercury. Un 60% va destinado al mercado exterior, "que es lo que está creciendo", asegura. "No estamos ya en absoluto preocupados por la dependencia de un solo cliente". La fábrica tiene una capacidad de 70 millones de unidades terminadas, en sólidos (comprimidos, tabletas...), semisólidos (geles) y líquidos.

Este tipo de actividad cuenta con unos márgenes muy pequeños, ya que apenas aporta el valor añadido de las patentes o de la investigación, y la supervivencia es complicada solo compitiendo por costes. Para hacer viable el negocio, este químico tiene claro cuál es el camino. La diversificación comenzada por el grupo ha llevado a crear otras unidades de negocio. Gracias a innovaciones en principios activos ya existentes, ha lanzado al mercado nuevas aplicaciones de fármacos tan conocidos como el ibuprofeno. Uno de sus productos estrella, que aporta dos millones de ingresos en España, es el Astefor, una combinación de ibuprofeno con codeína, registrado bajo patente. Ya ha firmado una licencia con Abbott para que esta multinacional lo comercialice en el exterior. "A finales de año estará en 20 países", comenta Olleros. También han lanzado el Ibustick, que consiste en ibuprofeno con una aplicación en roll-on.

A ello hay que sumarle una división de comercialización de licencias de otras compañías, un área de distribución y logística para terceros y la venta de sus propios productos de dermocosmética, bajo la marca de Farmasierra. En este caso es la propia empresa la que realiza la I+D, en una gama de 33 artículos que pasan por cremas hidratantes, serum, aceites o geles.

Además, para vender este género apuestan por el comercio electrónico propio, por lo que acaban de lanzar la web Nutrición, Salud y Belleza (www.nsyb.com). "Toda esta diversificación nos ha ayudado", reconoce Ollero. Con esta estrategia, las estimaciones de la compañía apuntan a un crecimiento de la facturación hasta los 41 millones de euros en 2013 con el que superar el difícil reto de la crisis.

El reto de integrar toda la información

Una de las últimas inversiones industriales del grupo ha sido el cambio por completo de su sistema ERP (enterprise resource planning), usado por diferentes sectores industriales para integrar toda la información relativa a la producción. En este caso, eligieron a la compañía de origen sueco IFS, que desarrolla este tipo de software.

Este sistema integra datos como disponibilidad de materias primas, pedidos de clientes, ventas o contabilidad. "Podemos ver, por ejemplo, cuánto tardamos en servir a un cliente en Australia basándonos en las materias primas de que disponemos", cuenta Tomás Ollero, presidente de Farmasierra. Y evitando que los empleados tengan que introducir manualmente datos en diferentes sistemas. "El siguiente paso es que los clientes estén integrados en el sistema para realizar los pedidos", señala. Actualmente están conectados departamentos como mantenimiento, finanzas, fabricación o planificación.

"Este sistema provoca menos errores, una información única para todos, disponible en tiempo real, y facilita la planificación de la producción y las compras de los pedidos", apunta Nicholas Wasey, director general de IFS en España. "Esto permite una mayor fiabilidad en las fechas de entrega de los pedidos y más capacidad de reacción", añade.

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