sábado, 1 noviembre 2014

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2013: los políticos y la economía

  • Grandes potencias económicas mundiales acaban de renovar sus gobiernos. El autor analiza la situación y los retos a los que se enfrentan los dirigentes políticos para devolver a sus países a la senda del crecimiento

Didier Saint-Georges

05-02-2013 07:10

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Después de que EE UU, Francia, China y, finalmente, Japón (y pronto Italia) hayan renovado su ejecutivo, les toca a los políticos ponerse a los mandos en 2013. El desafío es de una magnitud considerable en los países desarrollados, ya que la distancia que separa la ortodoxia liberal -cuyo coste social inmediato encuentra cada vez más resistencia en la opinión pública, incluso en EE UU, tal y como pudo comprobar Mitt Romney- de las políticas keynesianas -cuya aplicación resulta imposible debido al estado de las finanzas públicas en todo el mundo- sigue siendo muy reducida. La cuestión política también es muy concreta en el universo emergente, donde los dirigentes deben impulsar al mismo tiempo la reactivación de sus economías y su reorientación hacia el consumo. Una estrategia de inversión global requiere una atención muy especial a estos aspectos decisivos.

En Europa, la gobernanza política -talón de Aquiles de la zona euro desde el comienzo de la crisis- fue reforzada recientemente. Mientras que hizo falta esperar hasta el verano de 2011 para que el Consejo Europeo reconociera que la situación de Grecia requería urgentemente una reestructuración de su deuda, se han dado varios pasos esenciales en menos de seis meses. El reconocimiento de la necesidad de una unión bancaria, fiscal, presupuestaria y económica se concretó en diciembre con un primer acuerdo entre los diecisiete para confiar al Banco Central Europeo (BCE) la supervisión del sector bancario. Sin embargo, los próximos obstáculos a sortear siguen siendo formidables, ya que la violencia de la crisis ha reavivado las reticencias dentro de los propios países miembros. El regionalismo en España, el endurecimiento de la izquierda parlamentaria en Francia, la tentación del populismo en Italia y la creciente defensa, más o menos generalizada, de la soberanía nacional, constituyen amenazas adicionales para la solidez de la zona del euro. El desafío político reside en mantener, o en su caso restablecer, la confianza de los ciudadanos en Europa: en los países del sur, para que acepten el elevadísimo coste social de los ajustes, y en la zona norte, para que acepten el coste financiero de la interdependencia. El papel unificador que representará, o no, Mario Monti en el próximo Gobierno italiano será determinante. Además, también resultará vital la capacidad del Gobierno francés para demostrar un liderazgo político, que habrá de ser churchilliano, para imponer las reformas estructurales necesarias en el gasto público. Por su parte, Angela Merkel deberá convencer a la opinión pública alemana de que la reducción urgente de los déficits sin unas condiciones a largo plazo -como el crecimiento- tendría consecuencias negativas a medio plazo.

En China, el clásico argumento de la inamovible continuidad política posee una fuerza innegable. Y ahora más que nunca, teniendo en cuenta que Li Keqiang, el nuevo primer ministro, ha sido tradicionalmente un protegido del presidente saliente Hu Jintao. No obstante, no subestimemos el hecho de que las figuras de la dirección del PCCh han podido provocar grandes inflexiones en la historia económica china. Xi Jinping, el nuevo presidente, deberá acometer reformas de gran calado, que son necesarias tanto por el aumento de la presión social en el país como por la caída estructural de las exportaciones y de la inversión como principales motores de crecimiento. Junto con la reforma de los mercados de capitales, la situación monopolística de las empresas estatales y la política fiscal, la reforma urbanística será una de las más determinantes. De hecho, el camino hacia un aumento del nivel de vida medio en China deberá pasar por dicha reforma, que aspira a proporcionar acceso a varios cientos de millones de trabajadores inmigrantes al hukou urbano, es decir, a un estatus que les garantice los mismos ingresos, derechos y prestaciones sociales que los residentes. En la India, al final de la sesión de invierno del Parlamento celebrada el 20 de diciembre la única reforma votada fue la bancaria. El 2013 nos dirá si el espíritu reformista que finalmente ha adoptado este país le permitirá cumplir sus promesas, dado que aún están por llegar las reformas sobre los seguros, la jubilación, los inversores extranjeros y el derecho de compra de terrenos. En Brasil, Dilma Roussef deberá convencernos de que ha renunciado a sus impulsos intervencionistas.

En EE UU, quizás más que en ningún otro lugar, son los políticos quienes poseen las claves de la economía para 2013. El tan mediatizado precipicio fiscal -así como su temido impacto recesivo sobre la economía- ha sido sorteado con éxito. Persiste el riesgo de que, dada la débil dimensión del acuerdo, resulte difícil convencer a las compañías estadounidenses de que emprendan rápidamente el nuevo y esperado ciclo de inversión. Las negociaciones sobre el techo de la deuda aún no han comenzado por lo que, de aquí a dos meses, los parlamentarios tendrán la oportunidad de volver a echar un peligroso pulso. Sin embargo, la cuestión de la subida de impuestos ya ha sido aclarada y los políticos tienen todas las cartas para negociar una reducción del gasto público que no torpedee la recuperación económica.

En Japón, la lasitud imperante provoca el escepticismo de muchos observadores respecto al impacto que la elección del séptimo primer ministro japonés en seis años puede tener en el bajísimo nivel de confianza que expresaban las empresas japonesas a finales de 2012. Por lo tanto, la determinación de Shinzo Abe para atajar definitivamente la deflación crónica y el débil crecimiento del país merece un especial seguimiento. En tan sólo unas semanas, el Banco de Japón se vio urgentemente instado a relajar considerablemente su política monetaria e incluso a renunciar a una parte de su independencia. Además, el primer ministro Abe anunció una política de estímulo presupuestario muy voluntarista.

El crecimiento económico mundial sigue siendo precario en este comienzo de 2013. Las estrategias económicas que apliquen los dirigentes políticos de todo el mundo serán decisivas. Y podrían traer sorpresas positivas. Mientras Europa aún debe afrontar grandes desafíos, Japón podría estar finalmente despertando, los políticos estadounidenses deberán tratar de evitar serrar la rama sobre la que descansa su reactivación económica y los nuevos líderes chinos podrán aprovechar su margen de maniobra para dirigir de forma eficaz el reajuste económico del país. El año 2013 se presenta complejo aunque prometedor para una gestión global activa. Con esta nota de confianza, le deseamos los mejores éxitos.

Didier Saint-Georges es miembro del Comité de Inversión de Carmignac Gestión

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