sábado, 30 agosto 2014

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Un relojero de cine

  • Está a punto de cumplir 10 años al frente del grupo Swatch, que hoy brilla más que nunca tras adquirir el glamour de los diamantes de la empresa Harry Winston.

Esteban Luna

18-01-2013 12:58

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Paradójicamente fue el cine lo que le abrió las puertas de la marca familiar. Y parece que ese amor por el celuloide también ha regido su última decisión como director ejecutivo de la empresa. El grupo Swatch, el fabricante suizo de los populares relojes de plástico multicolor, acaba de comprar la casa estadounidense Harry Winston Diamonds, cuyas joyas son las más brillantes en las rojas alfombras de Hollywood. Se une así a una larga lista de históricas y exclusivas firmas de relojes, como Omega, Longines, Tissot o Breguet, que ya forman parte del grupo.

Nick Hayek, de 58 años, casado y con dos hijos, ha llegado a defender en alguna ocasión que las películas y los relojes de pulsera "son muy similares" porque se necesita una idea, desarrollarla, encontrar financiación, contar con un presupuesto, juntar a un equipo que la produzca y, por último, comercializarla y distribuirla de la manera adecuada. Tras la muerte de su padre, en 2010, ha tenido que demostrar esas teorías para convertirse en un digno heredero de su legado. Entre los logros recientes de este empresario suizo-libanés al frente del grupo figuran el haber mantenido el volumen de ventas por encima de los ocho billones de euros en 2012 (un 14% más que el año anterior), y conseguido que su filial Omega fuese la marca oficial de cronómetros durante los pasados Juegos Olímpicos de Londres. Además, ha declarado sentirse orgulloso de mantener el 90% de su fabricación en Suiza ante la presión de mudar la producción a China para reducir costes. En los últimos dos años Swatch ha generado 2.500 empleos. Con la adquisición de Harry Wilson se plantea crear una empresa conjunta de pulido de diamantes, en un intento de resarcirse de la fallida compra de Tiffany & Co, con la que ahora mantiene un contencioso legal.

Su película empieza en un tren, Zug en alemán, que es el nombre de la pequeña ciudad en la que vive, de unos 27.000 habitantes, sita a pocos kilómetros de Zúrich. Esa primera parada del recorrido es conocida como un paraíso fiscal dentro de un paraíso fiscal, al ser una de las ciudades con una de las tasas de imposición más bajas de todo el territorio helvético. A orillas de su magnífico lago, el empresario asistió a clases en una de las instituciones educativas más internacionales y selectas de Europa, el Instituto Montana. Al poco de realizar lo que sería el equivalente de nuestra prueba de selectividad, la elitista Universidad suiza de St. Gallen le acogió durante dos años en sus estudios de Marketing, al mismo tiempo que trabajaba en un taller de fundición en el que se pasó medio año como aprendiz.

A pesar de que ya estaba en edad de trabajar cuando su padre fundó la empresa, revolucionando la visión de la enferma industria relojera suiza, no entró inmediatamente en el mundo de los negocios. El joven Hayek lo dejó todo para vivir la bohemia durante cinco años en París, donde se matriculó en el Conservatorio del Cine Francés (CLCF). A mediados de los años ochenta fundó su propia productora cinematográfica (Sesame Films) que le llevó a trabajar de nuevo en Suiza. Con ella se implicó en numerosas producciones, como una serie de documentales para la televisión helvética, en la producción de un cortometraje con el que participó en el Festival de Cannes e hizo un par de largometrajes. En 1991 alcanza la cima de su carrera cinematográfica con la película Family Express, con Peter Fonda como protagonista, que le supuso el premio a la mejor comedia suiza en el Festival de Cine Cómico Charlie Chaplin de Vevey. A esa época se remonta su amistad con Spike Lee y Pedro Almodóvar -para los que ha diseñado una edición especial de sus relojes- y quizás también su conocida aversión a vestir de traje.

En 1994, Swatch le solicitó que fuese asesor en su estrategia de marketing. Inicialmente trabajó dirigiendo a sus comerciales, pero muchas veces ha repetido que no tardó en verse totalmente tentado por el proyecto. Cuatro años después se convertía en presidente y finalmente, en 2003, cogiendo el relevo de su padre, fue nombrado director ejecutivo y miembro del consejo de dirección desde 2010. De él también heredó su pasión por los puros.

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