jueves, 17 abril 2014

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Editorial

Los retos de la telefonía móvil

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El mercado de la telefonía móvil en España no escapa a los efectos de la crisis. En un país atenazado por la presión de un paro demoledor y de una incertidumbre que actúa a modo de freno extremo del consumo, no existen sectores intocables. Las cifras hablan por sí solas. Si el año 2011 se cerró con un ratio de 121,7 líneas por 100 habitantes, los datos de noviembre de 2012 apuntan a poco más 115 líneas por cada 100, lo que supone una caída de más de seis puntos en algo menos de un año. Los datos, publicados por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, excluyen las conexiones móviles entre máquinas (M2M).

Esta caída es más evidente en el segmento de prepago, que ha contemplado cómo se han desconectado más de 2,2 millones de conexiones en once meses, un fenómeno al que no es ajena la salida de población inmigrante por falta de empleo. El apagado de líneas por parte de clientes residenciales y empresas, unido a la limpieza del parque de líneas por parte de los operadores explican esta brusca y acelerada caída, en la que no se . También ha contribuido la feroz competencia que los smartphones han supuesto para las líneas de datacards (pinchos), que se ha saldado con la pérdida de 800.000 de estas conexiones. La consecuencia de todo ello es que España ha pasado a convertirse en un país con un ratio de penetración de telefonía móvil por debajo de la media de los países desarrollados, que se sitúa en 122,3 líneas por 100 habitantes. Pese a ello, la industria de la telefonía móvil mantiene el crecimiento en las conexiones pospago (por contrato), lo que les ha permitido cerrar 2011 con algo más de medio millón de líneas captadas de estas características. Otros segmentos del negocio -es el caso de la banda ancha fija, cable o fibra óptica- aumentan también pese a la crisis.

Mientras la coyuntura económica no mejore en España y se produzca la ansiada recuperación del crecimiento, los patrones de consumo de los hogares españoles seguirán mostrándose austeros y restrictivos, y sectores e industrias como la de la telefonía móvil sufrirán las consecuencias. Se trata de una parte de la ecuación del negocio que ninguna empresa puede resolver por audaz, innovadora o competitiva que sea. No ocurre lo mismo con otros factores, como el precio o la flexibilidad y calidad del servicio, un campo de juego en el que las compañías pueden y deben diferenciarse en el mercado y para el que deben apostar toda su capacidad y sus recursos. La competencia en el móvil, también en cuanto a política de precios, se ha recrudecido desde el estallido de la crisis. Se trata de la consecuencia natural de un mercado en el que los ciudadanos tienden a bajar el consumo, pero mantienen intactas las expectativas de servicio y calidad. Ello abre nuevos retos y oportunidades para aquellas empresas capaces de aprovecharlas.

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