viernes, 24 octubre 2014

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Editorial

Es necesario bajar los precios

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España ha cerrado el año con un dato de inflación (el 2,9%) provocado en buena parte por el efecto de las subidas fiscales impuestas durante el ejercicio y medidas como el copago farmacéutico, pero también por la persistente falta de elasticidad de unos precios que se resisten a ajustarse a las circunstancias que marca la coyuntura económica. Pese a que a lo largo de los pasados 12 meses el índice de precios de consumo (IPC) se movió entre el 1,9% y el 3,5%, durante el último trimestre se alcanzaron picos de hasta un 3,5%. Ello ha supuesto una factura de 43.000 millones de euros para la riqueza de los hogares, tanto en salarios como en pensiones, depósitos y dividendos.

Un doloroso mordisco a la renta disponible y una barrera más en el camino hacia la ansiada recuperación del consumo y de la inversión. En el caso de los salarios, los datos revelan que durante 2012 se produjo una caída del 4,5%, hasta los 485.961 millones de euros. Una cantidad a la que hay que restar 14.000 millones más, que corresponden al efecto de la inflación. Otro tanto ha ocurrido con los pensionistas. Del total de la tarta presupuestaria destinada a las pensiones -algo más de 100.000 millones-, la inflación ha restado algo más de 3.000 millones. Como no puede ser de otra forma, el efecto se ha hecho notar también en los bolsillos de los ahorradores e inversores. En los depósitos, la subida se ha saldado con una merma de unos 25.000 millones; en cuanto a los dividendos, el cálculo de lo cercenado a cuenta de la inflación se acerca a los 783 millones.

El efecto inflacionario que ha provocado tanto la subida del IVA como medidas como el copago farmacéutico es una mala consecuencia de los sacrificios que España ha tenido que realizar para poder cumplir en lo posible con el objetivo de ajuste fiscal. Más allá de esa evidencia, tras los datos del IPC de 2012 persiste el hecho de que la devaluación de costes que la crisis ha provocado en España no ha ido acompañada de un descenso de igual o similar entidad en los precios de bienes y servicios. Mientras en algunos sectores se han realizado ajustes de precios, en otros no ha sucedido lo mismo.

El riesgo que esa rigidez supone para la economía es doble. Por un lado, dificulta la recuperación de un consumo que se mantiene bajo mínimos ante la sombra de un futuro incierto. Por otro, supone una peligrosa barrera para la competitividad de las empresas españolas en un mercado cada vez más internacionalizado. Una economía que acomete una devaluación de sus costes tiene que hacer un ejercicio similar en materia de precios. Un sacrificio doloroso, pero necesario, para reavivar poco a poco el consumo y sentar las bases de la recuperación.

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José Luis Martínez Campuzano

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