viernes, 31 octubre 2014

Está pasando

Editorial

Armisticio de Linde en la guerra de tipos

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El Banco de España ha usado sus poderes para poner paz en la larvada guerra del pasivo que se mantiene en España prácticamente desde que la desconfianza en el sistema financiero cerró la captación regular, natural y barata de liquidez en los mercados interbancarios mayoristas. En este caso, y pese a la tendencia de creciente cesión de facultades en favor del BCE por el proyecto en marcha de unión bancaria, y pese a la desconfianza súbita hacia la autoridad monetaria en España por la crisis bancaria que ha puesto al país contra las cuerdas, el Banco de España ha usado los poderes especiales otorgados por el Memorando de Entendimiento (MoU) financiero para poder orden en las políticas de captación y remuneración del pasivo de la banca.

Ha comunicado a las entidades, a todas las entidades, que no pueden otorgar desde el pasado uno de enero más de un 3% de remuneración en la captación de depósitos nuevos, y que deben limitar a un máximo del 1,7% en las renovaciones de contratos a menos de dos años y a un máximo del 2,7% en caso de renovaciones de depósitos a plazo de más de dos años.

Es una recomendación y ni siquiera está escrita en una circular, pero su seguimiento es obligado. El Banco de España pretende tres cosas fundamentales, todas ellas encadenadas. En primer lugar, evitar que una lucha enconada por la captación de pasivo neutralice vía márgenes y cuentas de resultados los alivios y esfuerzos devengados por los programas de ajustes de la banca manos saneada. En segundo lugar, quiere evitar que la competencia desenfrenada saque del mercado a las entidades más débiles, que tienen por directriz comunitaria prohibido buscar recursos más allá del mercado minorista, lo que tendría aparecados ajustes adicionales de plantilla y red, y seguramente una pérdida no deseada de competencia. Y, por último, que la abundancia aparente en la remuneración del ahorro se refleje en una estrechez aún mayor en la concesión de crédito por el lógico encarecimiento de los precios, con el consiguiente perjuicio para la actividad económica, cuando más necesita esta de financiación ajena.

Ya en los últimos meses las entidades sanas, con políticas únicamente estimuladas desde las ventanillas comerciales, han captado recursos a consta de las dañadas. Es un simple juego de mercado que premia a quien ha gestionado bien y castiga a quien lo ha hecho menos bien. Pero en una economía en recuperación y bajo vigilancia estrecha de los fiadores, es conveniente que la actividad bancaria contribuya a la recuperación de la economía, y que la supervisión no se limite solo al control del riesgo de los créditos concedidos, sino a los métodos para captar los recursos que los financian. En esta práctica los extratipos son un riesgo y deben ser corregidos.

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