jueves, 23 octubre 2014

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Abel Veiga Copo

03-01-2013 07:11

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Cuando todavía el ministro de Economía juega a deshojar la margarita de si rescate sí, rescate no -en todo caso adjetivando que no será como el griego o el portugués, y que la decisión a día de hoy no camina por esos derroteros, el mañana es cambiante-, sí se ha consumado ya el rescate en el sector financiero.

La reestructuración entra en su recta final. Sobreviven un tercio de las entidades que al inicio de esta endiablada crisis financiera y luego económica existían. Demasiadas, sin duda, pero ¿serán competitivas las que queden?, ¿cuántas acabarán aún siendo absorbidas, compradas o adquiridas tras subasta simbólica por otras entidades?

En los últimos días se ha puesto precio a las entidades que hace mucho han estado en la cuerda floja. Todas vienen precedidas por el signo negativo, lo que valen, menos 3.000 millones unas, menos 11.000 millones otras. Algunas tienen comprador, otras esperan a que oficialmente se desvele, que no oficiosamente. Concluye así una agonía que también ha estado presidida por timoratos e ineficaces, cuando no cambiantes, reales decretos que se caracterizaron por aplicar medidas de parche y by-pass, pero no por cauterizar unas hemorragias que han lastrado y atenazado más a ciertas entidades. También hemos visto cómo las dobles varas de medir, una vez más, han estado solícitas y prestas.

Con los planes del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), en realidad, las exigencias firmes, rigurosas y por qué no decirlo, excesivas de Bruselas, el Estado pierde miles de millones que se han inyectado a no pocas entidades bien a través de capital directo, bien a través de participaciones preferentes. Y al decir el Estado, decimos el contribuyente, el ciudadano, el verdadero pagano de esta crisis que la locura especulativa y la acendrada desregulación permitieron, trazaron y todos consentimos. O casi.

La semana pasada, el FROB inyectó a Novacaixagalicia la friolera de 5.425 millones de euros destinados al rescate financiero de la entidad, a Bankia nada más y nada menos que otros 18.000 millones, 9.000 para Catalunya Banc y a Banco de Valencia, ya adquirido por La Caixa, otros 4.500 millones.

La realidad es la que es, y sin duda, como nos la pintaron y quisieron, titubeante y siempre a remolque y tarde, pintarnos. Todos pierden. No abran juego, los accionistas lo pierden todo, los inversores privados igualmente, el Estado, sin duda, a través de todo lo inyectado por el FROB en estos dos últimos años, y esto implica más deuda, pues así se conjuga, y al hacerlo se traslada al ciudadano.

Ya se sabe, otros responsables nunca los habrá en este ruedo ibérico impermeable a la moral y hermético ante la irresponsabilidad. Y pierden cómo no los cientos de miles de estafados, sí, estafados, con productos de alto riesgo e intransparencia total, a modo de deuda subordinada y participaciones preferentes que, en el escenario más objetivo pero aún desconocido en su cifra definitiva, perderán cuando menos la mitad de sus ahorros, de un plumazo.

Viva la seguridad jurídica, deficiente por otra parte en este país parcheado.

Son las condiciones de aquel rescate, casi negado y cuando menos silenciado en su sustantivo en el mes de junio de este año y que ahora se hace efectivo. La exigencia es total y clara desde Bruselas, a saber, el accionista es el primero que pagará las consecuencias. Todo su capital invertido se enjugará a pérdidas. No hay otro camino.

En una operación societaria de primer orden, pero sin los contrapesos y garantías que la Ley de Sociedades de Capital exige para toda sociedad, dado que el FROB tiene y tendrá licencia para todos, se reduce el capital social a cero, por lo que accionistas, inversores, las viejas cajas, con el capital que tenían en los nuevos bancos creados a partir de ellas y las fusiones habidas, y el Estado mismo, a través de los miles de millones ya inyectados en sucesivas oleadas, lo pierden todo, o lo que es lo mismo, se aplica a pérdidas.

Acto seguido se realiza una ampliación de capital mimética a los miles de millones que esas entidades reciben como rescate directo a través del FROB, vía Bruselas, pero sin que los viejos accionistas puedan suscribir o acudir a esta ampliación de capital.

Es más, ni capitales autorizados ni decisiones de la junta general y ejecuciones o habilitaciones para el consejo de administración. Todo lo hace, lo decide y ejecuta el FROB. El guion y la partitura están trazados. La música también, pero sin embargo todavía no suena, es inaudible. Solo el futuro lo dirá. Se acaba una reestructuración que nadie imaginaba en verdad.

Abel Vaeiga Copo es profesor de Derecho Mercantil en Icade

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