sábado, 25 octubre 2014

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Perfil

El registrador paciente

Irene López

21-12-2012 21:19

Mariano Rajoy

HOGUE

Cuando José María Aznar anunció en 2003 el nombre de su sucesor, pilló a muchos con el pie cambiado. Que el designado fuera el entonces vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, hizo a más de uno perder una apuesta ya que en el mundo económico y financiero esperaba que el elegido fuera el ministro de Economía, Rodrigo Rato. Casi 10 años después se ha sabido, gracias al libro de memorias del ex presidente, que la opción de Rato fue la primera que se le pasó por la cabeza, pero recibió dos negativas que, parece ser, le hicieron cambiar de opinión. Cuando el titular de Economía se decidió a aceptar la propuesta, un registrador de la propiedad gallego le había tomado la delantera.

Mariano Rajoy (Santiago de Compostela, 1955) es, según los que lo conocen, un hombre moderado, templado, aunque los problemas de la economía se lo han puesto difícil en el año que lleva en el Gobierno. Su forma de ser es interpretada de diferentes formas: para unos representa una falta de resolución, mientras que para otros esa capacidad de reflexionar las cosas en frío y de posponer las decisiones para pensarlas y repensarlas supone una ventaja. Lo que es más objetivo es que a Rajoy le gusta ser discreto con su vida privada e intentar que en el terreno personal todo continúe siendo lo más normal posible.

La presidencia no le impide seguir siendo una persona familiar, que recibe a menudo la visita en Moncloa de sus hermanos y de sus amigos de toda la vida. Para poder dedicar tiempo a Viri, como llaman a su esposa en familia, y a sus dos hijos, Rajoy echa mano de su experiencia como opositor y organiza su día desde el primer minuto hasta el último. Disciplinado y metódico, intenta así compartir al menos desayuno y cena con su familia y hacer algo de ejercicio para mantenerse en forma. Aunque verdadera afición es, más que practicar el deporte, seguirlo. Fútbol, tenis, baloncesto... al presidente del Gobierno le gusta estar al tanto de todas las competiciones y es difícil que se le escape el resultado de un partido de Nadal o la posición de Fernando Alonso en una carrera.

Cuando las obligaciones se lo permiten se afana también en una asignatura pendiente: el inglés. Cuentan fuentes cercanas a él, que Rajoy dedica incluso sus fines de semana a estudiar este idioma con el que se tiene que enfrentar casi a diario.

Y es que lo que él y su generación aprendieron fue francés. Durante su infancia pasó por varias ciudades debido al trabajo de su padre, que era juez, pero él y su familia eran gallegos pese a semejante periplo y finalmente consiguieron instalarse definitivamente en su tierra, en la misma en que el abuelo de Rajoy redactó el Estatuto de Autonomía antes de que estallara la Guerra Civil.

Igual que él y que su padre, y como después hicieron sus hermanos, Rajoy estudió Derecho. Desde el último curso empezó a preparar la oposición para registrador de la propiedad, trabajo que dio sus frutos cuando se convirtió en el más joven de España en aprobar ese examen. Tenía 23 años. Poco después entró en política, a través del partido Unión Nacional Española que más tarde se integró en Alianza Popular, y fue también uno de los diputados autonómicos más precoces, con 26 años. Después siguió ascendiendo con diferentes cargos en Galicia, entre ellos el de presidente de la Diputación de Pontevedra y el de vicepresidente de la Xunta, aunque nunca llegó a presentarse para dirigirla.

Un año antes de la refundación del partido, cuando este pasó a llamarse Partido Popular, ese político comedido y enemigo de la polémica fue elegido secretario general de esta organización en su comunidad. Fue entonces cuando su carrera giró hacia la política nacional, en la que comenzó a ganar peso poco a poco, fiel a su estilo, reflexivo y prudente.

Para llegar hasta la Moncloa, Mariano Rajoy hizo gala una vez más de esas cualidades que todo el mundo destaca de él y que convencen más a unos que a otros. En 2004, el candidato por sorpresa de José María Aznar se presentó por primera vez a unas elecciones generales. No ganó. Tampoco lo consiguió en 2008. Las voces en su contra comenzaron a hacerse fuertes en el PP pero Rajoy optó por rodearse de su gente de confianza y seguir con lo previsto en su agenda. En la siguiente cita electoral, el 20 de noviembre de 2011, las urnas le dieron la mayoría absoluta en el parlamento y hace ya un año que Rajoy gobierna sin saltarse su máxima de pensar y repensar las decisiones una y otra vez.

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