martes, 29 julio 2014

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El Foco

El coste Brasil

  • Brasil supone una oportunidad para las empresas españolas, pero a la vez es un país muy complejo. Los autores describen sus ventajas e inconvenientes.

Ramón Casilda / Jaime Llopis

14-12-2012 19:53

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Brasil representa una gran oportunidad para las empresas españolas y aun siendo esto muy positivo, es inevitable hacer referencia al socorrido "coste Brasil", que con sus desafíos y oportunidades, conforma un denso entramado de idiosincrasia jurídica, burocracia, intervencionismo, proteccionismo y cierta informalidad que, no siempre desde el conocimiento de la realidad legislativa o de la cultura empresarial se utiliza para explicar casi todo lo que ocurre en el mundo de los negocios en el país. La realidad es mucho más compleja, lógicamente, tanto para el sistema legal como para las variables empresariales.

La fiscalidad puede ser un buen ejemplo. La proverbial complejidad y exuberancia de la malla tributaria brasileña (con la distribución de competencias entre las tres esferas de la administración -federal, estatal y municipal- y la proliferación infinita de impuestos y modificaciones legislativas) justifica de largo el casi deshonroso lugar que ocupa Brasil en el rankings del Doing Business en el apartado "Paying Taxes": puesto 150 sobre un total de 183, y con mucha diferencia el último en el ranking del sub apartado: "horas necesarias para preparar, cumplimentar y pagar los impuestos". Al mismo tiempo, la existencia de determinados regímenes singulares (como el del "lucro presumido"), de favorables normas internas (como la no tributación del dividendo) o de oportunidades en convenios internacionales (como el firmado con España para evitar la doble imposición) proporcionan a Brasil la ocasión de albergar estructuras operativas con más que razonables costes fiscales, representando un desafío que actúa más como freno que como oportunidad.

Una aproximación posible a algunas de las ineficiencias y costes transaccionales con que las empresas nacionales e internacionales se enfrentan, son las que inciden en el elemento de oportunidad. Si la percepción media es que el tiempo necesario para gestionar determinados proyectos es enorme, si la percepción media es que la cantidad de trámites es exagerada, si la percepción media es que existe arbitrariedad en la relación con determinadas administraciones, es, al mismo tiempo, porque hay operadores que son menos diligentes que otros, menos rigurosos que otros o incluso que siguen caminos distintos de los regularmente previstos para los demás. En ese sentido, el conocimiento del medio y la planificación de la actividad empresarial se convierte en una evidente ventaja competitiva: estar en el lado de los que hacen las cosas mejor que la media, es una ventaja para aprovechar las enormes oportunidades que ofrece el mercado brasileño.

Todo ello nos indica que son necesarias reformas que faciliten las inversiones y los negocios y, sobre todo, introduzcan competencia, en el doble sentido. Muchas de esas reformas son estructurales y de enorme calado (la tributaria, la de la seguridad social, la judicial, la laboral...) y por la intrincada composición de los poderes políticos (federalismo, atomización parlamentaria, grupos de interés transversales o regionales) no parece realista pensar que en un futuro cercano puedan ser llevadas a cabo. Otras reformas, sin embargo, sí son resultado de iniciativas concretas de gobierno y en muchas de ellas se han podido apreciar inmediatamente los efectos positivos para la economía y la sociedad. Al respecto, cabe citar dos ejemplos en los que las empresas españolas han tenido auténtico protagonismo: la introducción de competencia en la licitación de autopistas o de concesiones para la construcción y operación de líneas de transmisión de energía. Estas reformas podrán tener impacto, sin duda, en cuestiones con directa incidencia en la facilidad para el desarrollo de la actividad empresarial en Brasil, algunas de ellas tradicionales, como la dificultad y coste de la financiación, y otras quizá coyunturales, como la escasez y carestía de determinados recursos profesionales. Otro aspecto que va más allá de lo estrictamente jurídico, es el que se refiere a la cultura de los negocios en Brasil. Desde el eterno debate sobre el "socio local" hasta la condición filosófica del brasileño como "hombre cordial", lo cierto es que cada sociedad, y dentro de ella cada comunidad, y dentro de ella cada grupo... tiene su propia forma de hacer, entender y practicar los negocios. Y no suele ser una buena idea ignorarlo, y menos aún desecharlo. En primer lugar, porque el ambiente empresarial brasileño, encaja mal el término genérico: "la región" sin especificar países, pues por sus magnitudes físicas y dimensión económica lo hacen incomparable. æscaron;nase además, su creciente relevancia política en el concierto internacional, que le sitúan en un peldaño diferente.

En cuanto a la vertiente de la seguridad jurídica, una cordillera distinta de los Andes, divide hoy el sur del continente, y a un lado han quedado, esperemos que no por demasiado tiempo, países como Argentina, Venezuela, Bolivia o Ecuador que simplemente no tienen nada que ver con Brasil. Según el índice The BlackRock Sovereign Risk Index, que los inversores globales lo tienen muy en cuenta a la hora de decidirse por mercados, diversificar sus posiciones y tomar decisiones para completar carteras, Brasil y México retroceden en el índice a los puestos 31 y 33, y también lo hacen Argentina y Venezuela, que se sitúan en los últimos lugares 41 y 45, de una clasificación en la que no están analizados Bolivia, Ecuador, Uruguay y Paraguay.

Los países latinoamericanos más seguros para invertir, son en estos momentos a tenor de la percepción de empresas, expertos y brokers internacionale: Colombia, Chile y Perú, y ocupan puestos cada vez más altos en el top global de destinos preferidos por su entorno amigable de negocios y sus crecientes oportunidades. Chile, líder absoluto en la región, viene fluctuando entre las posiciones 7 y 9 en el ranking global, en competencia con naciones como Alemania y Australia, manteniéndose como líder latinoamericano. Por su parte, Perú ocupa el puesto 17 a nivel internacional y Colombia el 29, países que ganan posiciones año tras año.

Brasil demuestra amplia y firmemente entre los inversores internacionales una seguridad jurídica amplia y firmemente contrastada, siendo el caso más emblemático, cuando tuvo lugar la mayor operación bursátil de la historia a cargo de Petrobras (25-9-2010). La oferta pública de adquisición de acciones con una emisión de 2.174 millones de acciones ordinarias y 1.585 millones de acciones preferenciales por un valor de 66.900 millones de dólares negociadas en las plazas de San Pablo y Nueva York, superaron la emisión récord de 36.800 millones de dólares lanzada por la operadora japonesa de telecomunicaciones NTT en 1987. La operación convirtió a Petrobras en la segunda empresa en valor de mercado entre las compañías de toda América, con 220.000 millones de dólares se aproximó a la petrolera estadounidense Exxon que totalizaba un valor de 290.000 millones de dólares.

A pesar del coste Brasil, la apuesta de las empresas españolas continuará y no solamente por parte de las grandes multinacionales establecidas, sino también, por las medianas y pequeñas empresas que encuentran en la economía brasileña las oportunidades para internacionalizarse, crecer y diversificarse de cara a seguir compitiendo con mayores fortalezas, experiencias y tamaño en la nueva geografía global y multipolar del sigo XXI.

Ramón Casilda. Autor de América Latina Emergente (Ramón Areces, 2012)

Jaime Llopis. Socio de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, y Vicepresidente de la Cámara de Comercio Brasil-España

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