viernes, 31 octubre 2014

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Tribuna

El precipicio fiscal en Estados Unidos

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Desde la Victoria de Obama en las elecciones presidenciales del pasado mes en EEUU toda la atención se ha volcado sobre la necesidad de encontrar un acuerdo entre Demócratas y Republicanos para tratar de evitar el 'precipicio fiscal' que el país afronta si no hay acuerdo antes del 1 de enero. Durante las últimas semanas hemos seguido las negociaciones casi minuto a minuto, y hemos tratado de interpretar cualquier declaración de los líderes de ambos partidos para tratar de dilucidar las perspectivas de acuerdo. Con distintas combinaciones, los Republicanos proponen más recortes y los Demócratas más subidas de impuestos para los más pudientes. El gran problema es que nadie puede predecir a ciencia cierta cuales serán las consecuencias de un fracaso de las negociaciones. En total el efecto contractivo combinado de la subida de impuestos y la bajada del gasto se calcula entre unos $500 billones de dólares. Mientras que muchos sostienen que la falta de acuerdo podría suponer una recesión de más de dos puntos en la economía de EEUU en el 2013, otros defienden que la economía estadounidense podría seguir creciendo entre unos y dos puntos. La diferencia de pronósticos es pues abismal, y supone jugar a la ruleta rusa: ¿queremos arriesgarnos y ver lo que pasa? Más allá de las estimaciones discutibles de cada uno, hay un elemento mucho más difícil de cuantificar, pero que puede tener un efecto incalculable, que es el impacto en la confianza. Es imposible predecir como van a reaccionar los mercados si caemos en el precipicio fiscal, pero lo que es indudable es que si se pierde la confianza no será fácil recuperarla, con lo que ello puede suponer. Además EEUU no tiene margen en la política monetaria porque los intereses están ya a cero, por lo que cualquier posibilidad de estimulo por ese lado en caso de recesión, es muy limitada.

En esta crisis está mucho en juego: no ya solo la posibilidad de evitar una recesión durante el 2013 (con lo que ello supondría para la economía estadounidense, y para la economía global), sino también demostrar la capacidad del sistema político estadounidense de encontrar soluciones a los problemas y los retos que afronta el país. En efecto, nos enfrentamos no sólo a una crisis económica sino también a una crisis de gobernabilidad. Si el Congreso y el presidente no son capaces de solucionar esta crisis, ¿cómo van a ser capaces de resolver la crisis a más largo plazo-el abismo fiscal- que se avecina si no se acometen reformas impositivas y estructurales más profundas? Se estima que si no se toman medidas la deuda aumente del actual 73% del PIB al 10% en 12 años.

El Partido Republicano se encuentra también en una encrucijada: tras años defendiendo a capa y espada las bajadas de impuestos como formular para estrangular los recursos del estado y de dinamitar el papel del estado en la economía, la dolorosa derrota ante Obama en las ultimas elecciones les coloca en una gran disyuntiva: ¿Deben de seguir oponiéndose a cualquier subida de impuestos para mantener su pureza ideológica, pese al impacto desastroso que esta postura podría tener sobre la economía estadounidense y el riesgo de que se les acuse como responsables del desastre? Los últimos días ha habido varios miembros Republicanos del Congreso que han mostrado su disposición a considerar una subida de impuestos (según las encuestas si no hay acuerdo un 52% culparía a los Republicanos y un 27% a Obama).

Durante la crisis si hay un elemento que ha separado claramente a EEUU de Europa ha sido su apuesta por el pragmatismo frente a las posturas dogmáticas que vemos en Europa a favor de la austeridad a cualquier precio. En EEUU la política monetaria ha sido excepcionalmente expansiva y el Congreso ha aprobado paquetes de estimulo para promover el crecimiento. El resultado ha sido una recuperación mucho mas rápida que en Europa y una caída del desempleo.

Es de esperar que EEUU, y los Republicanos en particular, aprendan la lección de Europa: La apuesta por la reducción de déficits como instrumento para recuperar la confianza está fracasando claramente en Europa. No ha habido ningún país Europeo (empezando por España) en que se haya aplicado la austeridad en el que no haya aumentado la deuda y el déficit. Por el contrario en ausencia de bajadas de intereses lo que estamos viviendo es una caída de los ingresos, recesiones, y un aumento de la deuda y del desempleo.

Sebastián Royo. Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Suffolk en Boston (Estados Unidos).

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