sábado, 25 octubre 2014

Está pasando

De cara a la cumbre del 13 y 14

Los líderes europeos se contentan con una hoja de ruta de mínimos

  • No parece que los líderes europeos estén dispuestos a llevar a cabo una revolución en la cumbre europea del 13 y 14 de diciembre. Pero sí se esforzarán por pactar una hoja de ruta de mínimos que salve la cara y les permita dar un paso adelante en la tarea de corregir los problemas estructurales de la eurozona, garantizar la irreversibilidad del euro y recuperar la confianza de los mercados.
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Detalle de la foto de familia en la cumbre europea del 23 de noviembre. En la primera línea, de izquierda a derecha: el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy; el presidente lituano Dalia Grybauskaite y el francés François Hollande. En la segunda fila, el mandatario de Eslovenia Janez Jansa; el primer minisro portugués Pedro Passos Coelho; la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro finés, Jyrki Katainen.

Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete celebran el 13 y 14 de diciembre su última cumbre del año en la que buscarán pactar una hoja de ruta de mínimos (con medidas y calendario) para corregir los problemas estructurales de la eurozona cuyo objetivo es garantizar la irreversibilidad del euro y recuperar la confianza de los mercados.

La principal novedad del plan -elaborado por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy- es la creación de un presupuesto específico para la eurozona, que financiaría las prestaciones por desempleo de los países en crisis. Sin embargo, su puesta en marcha se retrasa a después de 2014, con lo que ya no servirá para la actual crisis.

Además, Alemania y otros contribuyentes netos, como Holanda, todavía quieren limitar este nuevo fondo anticrisis al mínimo posible para no tener que aportar más a las arcas comunitarias.

Por lo demás, Berlín ha logrado imponerse a la Comisión, Francia y España al abortar el debate sobre los eurobonos. La mutualización de la deuda soberana ni siquiera se menciona en la propuesta de Van Rompuy, elaborada conjuntamente con los presidentes del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi; del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker; y de la Comisión, José Manuel Durao Barroso.

Madrid y París defendían la emisión de eurobonos como receta para estabilizar la eurozona. Pero Alemania se opone por considerar que ello reduciría la presión sobre los países en crisis para proseguir los ajustes y encarecería sus costes de financiación. "El grado de ambición de España está más cerca de la propuesta de la Comisión que del informe Van Rompuy, pero hay que ser realistas", admiten fuentes diplomáticas españolas.

La hoja de ruta renuncia también a uno de los tres pilares considerados fundamentales para construir una unión bancaria: la creación de un sistema común de garantía de depósitos, una iniciativa que Berlín también rechaza.

Además, no está claro que se vaya a cumplir el compromiso de cerrar antes de final de año un acuerdo político para encomendar al BCE la supervisión de los bancos de la eurozona, condición previa para la recapitalización directa de las entidades con problemas. Los ministros de Economía de la UE celebran el 12 de diciembre una nueva reunión extraordinaria, pero Alemania, Suecia y Reino Unido mantienen sus reticencias.

ROMPER EL VÍNCULO ENTRE BANCOS Y ESTADOS

La primera fase de la hoja de ruta diseñada por Van Rompuy (que cubre 2012 y 2013) tiene como prioridad garantizar la sostenibilidad presupuestaria y "romper el vínculo entre bancos y Estados". Para ello, el presidente del Consejo Europeo reclama completar la legislación que refuerza el Pacto de Estabilidad y da más poderes a la Comisión para intervenir en los presupuestos nacionales.

También exige aprobar a tiempo la creación del supervisor único, de forma que "esté plenamente operativo desde el 1 de enero de 2014 como muy tarde". Además, el "marco operativo" de la recapitalización directa debe acordarse "antes de marzo de 2013".

La segunda fase cubre el periodo 2013 y 2014 y su objetivo es "completar el marco financiero integrado y promover políticas estructurales sólidas". En primer lugar, se creará un fondo de liquidación único para bancos con problemas. "Se financiará ex ante con tasas calculadas según el riesgo que serán aportadas por todas las entidades que participen en el mecanismo único de supervisión", señala Van Rompuy.

Además, el MEDE garantizará una línea de crédito en caso de que no haya recursos suficientes y cualquier asistencia pública será recuperada a posteriori con nuevas tasas a los bancos. El presidente del Consejo Europeo sostiene que el fondo de liquidación único facilitará la toma de decisiones sobre grandes bancos transfronterizos en crisis con un coste mínimo para los consumidores.

CONTRATOS BILATERALES DE REFORMAS

En esta segunda fase, los países de la eurozona estarán obligados a firmar contratos bilaterales con Bruselas sobre las reformas que se comprometen a emprender para corregir sus desequilibrios estructurales. Estos contratos serán voluntarios para los países no euro. Los acuerdos tendrán "carácter multianual" y "se centrarán en las debilidades clave" de cada país. "Dependiendo de la situación de cada país, en esta fase dos los contratos podrían ser respaldados con apoyo financiero limitado, flexible y bien orientados".

Sin embargo, la puesta en marcha de un presupuesto propio para la eurozona se retrasa hasta "después de 2014", en la tercera fase de la hoja de ruta. El objetivo de este presupuesto será doble, promover reformas estructurales y facilitar la absorción de crisis que afectan sólo a uno o a varios Estados miembros a través de un mecanismo de seguro central. Sin embargo, Van Rompuy todavía no se pronuncia sobre la dotación de este presupuesto, que estará al margen de las perspectivas financieras que cubren al conjunto de la UE.

Eso sí, el presidente del Consejo Europeo propone que la capacidad presupuestaria de la eurozona pueda endeudarse, aunque siempre manteniendo el equilibrio presupuestario. "Una capacidad presupuestaria para la eurozona podría ofrecer una base apropiada para la emisión común de deuda sin recurrir a la mutualización de la deuda soberana", señala.

En cuanto al funcionamiento de este presupuesto de la eurozona, una de las opciones que propone Van Rompuy es que actúe "como complemento o sustituto de los sistemas nacionales de prestaciones por desempleo. Las transferencias podrían limitarse, por ejemplo, al paro cíclico, cubriendo sólo el desempleo a corto plazo", señala.

En cualquier caso, este sistema "no deberá conducir a transferencias unidireccionales y permanentes entre países ni puede concebirse como una herramienta de igualación de retas", avisa. Además, sólo los países que hayan aplicado las reformas exigidas en los contratos bilaterales tendrán acceso.

En esta tercera fase, aumentaría la coordinación de políticas económicas entre los países de la eurozona, en particular en las áreas de impuestos y empleos.

Sin citar en ningún momento los eurobonos o siquiera las euroletras, el documento señala que "a medida que la unión monetaria evoluciona hacia una integración más profunda, deberán examinarse más otras cuestiones importantes". Y remite a las propuestas presentadas por la Comisión, que sí incluyen la emisión de eurobonos.

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