viernes, 31 octubre 2014

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Tribuna

Las mujeres en el mundo

Guadalupe Muñoz Álvarez

07-12-2012 07:16

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La delegada de la ONU Mujeres, Michelle Bachelet, ha llamado la atención sobre la situación de la mujer en el mundo. Hay países que aceptan la violación de las mujeres, que realizan trabajos denigrantes y perciben un salario menor por igual trabajo. Sin embargo, el informe añade que se ha avanzado mucho en los últimos años. En realidad, no hace falta ser muy perspicaz para advertir que la realidad dista mucho de esa apreciación.

En España, hace más de 50 años, Mercedes Fórmica, una abogada que tuvo que luchar para que le permitieran colegiarse, publicó un artículo que describía un hecho real, el asesinato de Antonia Pernia a manos de su marido. La mujer sufría calladamente malos tratos continuos sin solicitar la separación para evitar peder por ley el domicilio familiar y la tutela de los hijos. Por ello permaneció en silencio hasta la muerte.

El artículo consiguió sensibilizar a la sociedad de la inferior situación legal de la mujer española. Los periódicos alemanes, británicos, norteamericanos y hasta daneses y soviéticos se hicieron eco de este caso que dio lugar a la modificación del Código Civil. En aquella época la mujer era menor de edad hasta los 25 años. Ni siquiera disponía de sus bienes privativos sin autorización del marido.

Lo más grave era la disposición del Código Penal: "El marido que sorprendiera en adulterio a su mujer, matare en el acto a los adúlteros o a alguno de ellos o se les causara lesiones graves será castigado con la pena de destierro. Si le produjese lesiones de otra clase, quedará exento de pena"; es decir, una verdadera licencia para matar.

Todo ello parece lejano, pero la discriminación de la mujer es grave en el mundo. Hay un gran número de mujeres asesinadas por su pareja. Auténtico drama social que estremece pero que no parece resolverse de forma inmediata. Se propugna la igualdad de sexos en todas las Constituciones de los países desarrollados, si bien la protección teórica se diluye en la práctica.

Los asesinatos generan escasa reacción social, apenas unos minutos como noticia. Las órdenes de alejamiento se incumplen y acaban en tragedia y la publicidad sigue relegando a la mujer a tareas domésticas. Conseguir una ropa muy blanca, la merienda de los niños o bien ofrecer cremas, perfumes y coches de alta gama.

Recordemos que la Comisión Europea publicó el pasado mes de marzo un informe en el que señalaba que apenas se ha avanzado en el objetivo de aumentar el número de mujeres en los consejos de administración de las empresas (un 11% en el año 2010 y un 13,7% en el año 2011. Solo en un país como Finlandia se alcanza el 27%), aunque se ha demostrado que la mujer contribuye a un mayor rendimiento empresarial.

Actualmente varios Estados miembros, Bélgica, Francia, Países Bajos y España, están analizando la situación en las empresas públicas con el fin de aprobar legislaciones para que pueda romperse el llamado techo de cristal que impide el paso a la magnífica preparación de las mujeres de hoy: universitarias, importantes investigadoras dominando varios idiomas, etc.

Hay amplios sectores desempeñados casi exclusivamente por mujeres pero en los que no aparecen en los consejos de administración. La Comisión Europea ha dado un aldabonazo para que se tenga en cuenta esta situación injusta, sin duda.

Toda la sociedad: familiares, amigos, vecinos, médicos, policías... tienen que rechazar las discriminaciones inicuas. Hay que ver los improperios que se oyen con frecuencia por el menor error de conducción. Chistes y refranes humillantes se cuentan con regocijo. Es preciso que la sociedad tenga conciencia de que la mitad de la población -las mujeres- puede asumir cualquier trabajo o responsabilidad con eficiencia y que no se pongan obstáculos para que puedan llegar a los altos niveles empresariales.

Pasan los años y siguen en vigor los viejos conceptos del patriarcado que ya existían en el código ancestral reflejado en las Euménides, donde los dioses declararon inocente al matricida. Lo que necesitamos es una conciencia social de respeto y consideración a la persona, independientemente de su sexo. Se necesita una educación constante para alcanzar la igualdad.

Guadalupe Muñoz Álvarez es Académica Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

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