domingo, 21 septiembre 2014

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Tribuna

Empresario 3.0

Eduardo Ezama

04-12-2012 08:06

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Ya está terminando 2012 y el espacio empresarial ha cambiado de forma sustancial: tenemos muchas más micropymes, empresas que se han creado a la sombra de las reorganizaciones de las multinacionales, negocios creados por personas altamente preparadas para sobrevivir en entornos muy diferentes a los que tenemos que ver en la actualidad. Pero no podemos decir que sea negativa esta evolución, simplemente ha creado reglas nuevas en el entorno, la forma de tratar con los bancos, proveedores, clientes, etc.

Miremos a una micropyme hace 10 años. Un empresario o emprendedor, con unas oficinas céntricas, grandes, buen coche, un gran equipo. Su vida comienza a las ocho de la mañana, desayuna en casa. Después, tranquilamente, pasa por los bancos. Ritual necesario ese café, esos chascarrillos con el director de la sucursal ("Ahora necesito que me hagas un depósito", "y yo que me amplíes la línea de crédito"). En fin, esos juegos que permitían al empresario cubrir sus necesidades financieras a un coste justo y al banco estar tranquilo con el riesgo de su cliente.

Por supuesto, siempre hay tiempo para comer con amigos y clientes; comidas que se alargaban en la tarde sin problema, partida de mus, charlas interminables que generaban tranquilidad, sosiego.

El negocio seguía en marcha y el día siguiente era un nuevo día con sus nuevas complicaciones.

Las relaciones cliente-proveedor se basaban más en respeto personal que profesional, lo que quiere decir que existía una confianza plena en que esa persona y su empresa solucionarían el problema porque ante todo existía una empatía hacia el cliente y el componente emocional era muy grande.

Aparece la famosa crisis. Las multinacionales prescinden de directivos a los cuales ha formado sobradamente para vivir en entornos hostiles, con hojas de cálculo asesinas, presentaciones de planes de negocio que se parecían a un debate actual de la televisión, sin horarios, viajes eternos en aviones...

Eso sí, tan delante que casi pilotan el avión, hoteles de lujo y cientos de tarjetas vip que generan en estas personas una sensación de que ese mundo es el habitual, el real . En palabras de sus jefes, porque son la base del éxito de esa gran empresa que factura cifras que no entran en la celda de la hoja de cálculo.

Pero llega el día en que te comunican que la empresa decide prescindir de tus servicios. Silencio, ahogo, tristeza, incredulidad. Finalmente la puerta se abre y se ve la luz: todos esos conocimientos se pueden aplicar a una empresa pequeña.

Aquí es donde se encuentran los dos empresarios, en un mismo entorno, y las dos formas de vivir la situación. Nuestro nuevo empresario sigue levantándose al alba, tiene la oficina en casa -probablemente antes trabajaba homebased y para él es habitual esa rutina-, prefiere la videoconferencia a la llamada de teléfono, está online 24/24, no concibe que pasen minutos para responder a un e-mail. ¿Los bancos? Su relación es mínima, la página web es su asesor.

Tesorería, retrasos en pagos, financiación, contratos. Todos estos asuntos son fundamentales en su vida. Está acostumbrado a tenerlos bajo control, su bonus dependía mucho.

La relación con el cliente es demasiado profesional, de tú a tú: mismo idioma, una empatía diferente pero igualmente efectiva.

Las empresas dirigidas por estos ex directivos son más impersonales, más estructuradas, eficientes financieramente y con estrategia a medio plazo más definida. Están generando un tejido empresarial sólido y no están muy apalancadas. En su contra podemos decir que no son flexibles en el corto plazo, los recursos son menores, si el negocio no genera beneficios en los planes marcados tiene pocas expectativas de sobrevivir, imprimen un ritmo al mercado más vertiginoso.

Las cifras son menores, pero sus decisiones tienen mucha más influencia sobre su vida. Controlan su tiempo, sus esfuerzos, son dueños de ellos -una sensación que no conocían-, les da vértigo y placer y es, y será, su futuro.

Las reglas se están ajustando a esta nueva situación en todos los entornos de la sociedad. Nos estamos habituando a pasar de creer en los JASP a convivir con los exejecutivos en su segunda oportunidad profesional.

¿Y nuestro tradicional empresario? Tiene que aligerar estructura, optimizar recursos, evolucionar; una guerra en la que, aunque marca leyes desconocidas para ellos, tienen una experiencia curtida en mil batallas. Conocen perfectamente qué es invertir en una idea y sus tiempos de maduración, tienen capacidad financiera, generada durante años de trabajo, y eso les hace fuertes .

¿Cuál será el desenlace? Probablemente ambos evolucionarán acercando posturas de gestión y el ganador no será el mejor, sino el que domine mejor las reglas de este nuevo mercado.

Eduardo Ezama

Director general de Innovación PLV

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