viernes, 31 octubre 2014

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Cambio climático, no; independencia energética, sí

  • La industria se apoya en su contribución a la diversificación de las fuentes de energía para asegurar su futuro a largo plazo
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Cuando la Comisión Europea se marcó el grandilocuente objetivo de abastecer en un 20% el sistema eléctrico en base a energías renovables en el horizonte de 2020, aún no había estallado la crisis financiera y después económica que asuela al sur de Europa y ha lastrado la credibilidad de la eurozona. El dinero y las inversiones en tecnologías de generación de energía a base de fuentes limpias, viento y sol principalmente, fluían abanderados por la urgencia, se decía, de reducir el impacto del cambio climático.

El clímax de esa defensa medioambiental a favor de las renovables tocó techo en la Cumbre de Copenhague en diciembre de 2009. Para entonces, la crisis financiera desatada por la quiebra de Lehman Brothers ya había tocado la economía y la fiesta de la solar fotovoltaica en España se había terminado con un tajo del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a los incentivos económicos que recibía esta tecnología.

Más de cien jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el presidente estadounidense, Barack Obama, y la canciller alemana, Angela Merkel, abandonaron la cita danesa sin objetivos concretos ni vinculantes para frenar el aumento de temperatura que sigue amenazando al planeta y a la economía mundial. Desde entonces, los expertos coinciden en que el cambio climático ha dejado de tener peso en la apuesta por desarrollar la industria de las energías renovables, garantes de un modelo energético que evite la quema de gas y de petróleo, principales causantes de las emisiones que producen efecto invernadero.

Sin el talismán verde, la industria busca en España el argumento de la generación de empleo y de la aportación para reducir la dependencia energética del exterior. "Las renovables abastecieron un 33% de la electricidad consumida en 2011. Definitivamente, contribuyen a la independencia energética y a la seguridad de aprovisionamiento", comenta Anna Czajkowska, analista de Bloomberg New Energy Finance.

"El objetivo de la apuesta por las renovables en España fue sobre todo medioambiental, por la reducción de emisiones, pero es obvio que si no hubiera renovables, la dependencia energética habría aumentado por encima del 80%", explican fuentes del sector. Según las cifras del Ministerio de Industria, España depende en un 75,6% del exterior para abastecerse de energía primaria, una cifra que apenas ha variado en los últimos treinta años por la creciente demanda, y que las renovables habrían contribuido a paliar.

"Toda la energía puesta en el sistema por todas estas tecnologías renovables es una energía que de otra forma hubieran tenido que aportar otras fuentes, en el caso español fundamentalmente los ciclos combinados de gas natural, importado por España en su práctica totalidad", matizan desde Red Eléctrica de España.

Según cifras del guardián del sistema eléctrico en España, REE, la demanda hoy es 2,5 veces el consumo de principios de los años ochenta, cuando la hidráulica aportaba el 30% de la energía eléctrica necesaria para el sistema.

El problema ahora para convencer de la oportunidad de las energías limpias es que la demanda de energía ha caído en picado y el sistema eléctrico está saturado. La baza para el sector serán los avances tecnológicos que permitan reducir los costes de las renovables hasta poder ofrecer electricidad al mismo precio que las tecnologías convencionales. "El mercado va estar muy parado. Es probable que este año solo se instale la capacidad de los proyectos registrados en 2011 por la dificultad de financiación. En 2014 la situación seguirá igual, pero a medio plazo pensamos que el coste de las tecnologías renovables caerá y serán cada vez más competitivas", concluyen desde Bloomberg New Energy Finance.

Según esta proveedora de información y análisis, las renovables podrán equiparar precios en 2017. Para entonces espera que la crisis haya quedado atrás y crezca la demanda de energía en los países industrializados.

Las inversiones se mantienen

Pese a la incertidumbre regulatoria en España, la Comisión Europea no ha variado su objetivo de alcanzar el 20% de renovables en 2020 y el Ejecutivo Comunitario forzará en su directiva sobre emisiones contaminantes en el sector industrial el abandono de las plantas más ineficientes, que afectará sobre todo a las centrales de carbón de Francia y Reino Unido.

Una señal que anima a las empresas a seguir su senda de inversiones. "Tras casi 11 años de operación en España, no ponemos en duda nuestras inversiones. Nuestro crecimiento es del 10% anual y nuestra cartera en el régimen especial supone entre el 40% y el 50% de nuestro negocio", asegura Ignacio Soneira, director general de Axpo Iberia, una de las empresas con mayor cartera de renovables en España que aglutina 7.600 megavatios de potencia instalada.

El esperado sistema de balance neto para el autoconsumo da algo de luz dentro del sombrío panorama. "Permitirá el desarrollo de la energía renovable a pequeña escala. La asignatura pendiente es el desarrollo de pequeñas instalaciones próximas a los puntos de consumo", según Eon.

El lugar donde almacenar la energía

No basta con que los aerogeneradores, plantas solares, centrales hidráulicas o instalaciones que aprovechan el calor de la tierra, generen electricidad. Después hay que verterla a la red eléctrica. Pero el problema de las renovables es que no avisan de su entrada al sistema. Cuando hay mucho viento, y la red no puede absorber toda la energía que generan los aerogeneradores, Red Eléctrica da orden de apagarlos.

Este desaprovechamiento de las renovables tiene solución en el almacenamiento de energía, posible, pero todavía muy caro. Las empresas han empezado a ofrecer soluciones en los lugares más apartados, donde el aprovisionamiento es frágil. Es el caso de las Islas Canarias, más sensible a un posible apagón por no disponer de fuentes propias de energía.

El aislamiento de Canarias ha convertido el archipiélago en el mejor campo de pruebas de la integración de tecnologías renovables en el sistema eléctrico y en su almacenamiento. El fabricante de equipos electrónicos Ingeteam se ha asociado con Endesa y Saft Baterías en la puesta en servicio de un proyecto pionero en Gran Canaria para guardar energía eléctrica procedente de fuentes renovables. Se trata de una batería gigante que será capaz de almacenar entre el 30% y el 40% de la energía sobrante cuando esta no pueda entrar en el sistema.

La compañía vasca ha fabricado el sistema que controla el flujo de la energía entre la red eléctrica existente y las baterías en las que se almacena. Estos cajones gigantes para guardar electrones podrán absorber hasta tres megavatios por hora, el equivalente de la electricidad que necesitan 600 viviendas. Ingeteam hará un seguimiento del consumo para saber cuándo es necesario inyectar la energía almacenada.

El proyecto se probará en tiempo real durante tres años. En ese tiempo se abastecerá de electricidad de origen renovable a la isla y las empresas participantes podrán seguir de cerca su evolución. El siguiente reto para el sector será extender el uso de estas baterías para que cualquier usuario pueda producir su propia electricidad de origen renovable y guardarla

mientras no la necesite.

"Todas las energías tienen hueco", asegura Arturo de Rojas

Para Arturo Rojas, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), la clave de la oferta energética en España no será tanto lograr la independencia energética como diversificar las fuentes de energía para garantizar el suministro. El mayor peso de las renovables en el sistema dependerá de los avances tecnológicos para reducir los costes.

PREGUNTA. ¿Somos más dependientes energéticamente que los países de nuestro entorno?

RESPUESTA. La dependencia media de Reino Unido ronda el 30%; de Finlandia, el 40%, y en España, el 75,6%. No tenemos fuentes de energía propias mientras que Francia tiene mucha nuclear, Noruega tiene agua y Dinamarca, gas. España no tiene cantidades significativas de hidrocarburos.

P. Estados Unidos ha empezado a dejar de importar petróleo para garantizarse un suministro propio.

R. Efectivamente, la apuesta energética de Estados Unidos es fomentar la independencia energética mediante fuentes de energía autóctonas. Pero la estrategia de España tradicionalmente no ha sido la independencia, sino diversificar sus fuentes de suministro. Aquí no sucedería como en Alemania si Ucrania le corta el suministro. Si el gas de Argelia no llega, pagaríamos la energía más cara, pero no nos quedaríamos sin ella.

P. En ese sentido, ¿las renovables son una ventaja?

R. Desde luego, porque se trata de una energía autóctona. Pero el problema de reducir la dependencia energética de España a base de tecnología renovable es que triplicaría la factura eléctrica hoy.

P. ¿Qué papel jugará la tecnología para reducir los costes de las energías limpias?

R. Será fundamental para poder ofrecer el mismo precio que las fuentes de energía convencionales. El problema es que ahora la demanda de energía está deprimida y seguir instalando tecnología solar fotovoltaica, por ejemplo, no lo resuelve. Es un tema de costes.

P. ¿Qué hacer con el exitoso modelo español de las renovables?

R. Desde luego no se puede reprochar a España no haberlo hecho bien en el desarrollo de energías limpias.

Se ha convertido en una referencia mundial, aunque no ha sido un ejemplo de cómo retribuir. La pregunta

es: una vez que tenemos una tecnología exitosa, ¿necesitamos duplicar esa capacidad?

P. La demanda de energía ha caído y hay sobreoferta. ¿Hay espacio para todas las fuentes de

energía, convencionales y limpias en el sistema eléctrico?

R. Todas deberían convivir para garantizar la diversificación energética. Todas tienen hueco. La cuestión será con qué peso

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