miércoles, 30 julio 2014

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Editorial

La eurozona debe cerrar la saga griega

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Nadie niega que los rescates de países en dificultades constituyen una operación complejísima desde el punto de vista político, económico y pecuniario. Ni que las reestructuraciones de deuda son procesos dolorosos tanto para el deudor como, sobre todo, para el acreedor. La historia reciente está plagada de ejemplos que muestran esas dificultades. Desde Rusia, tras la caída del bloque soviético, a Argentina, cuya suspensión de pagos en 2001 todavía sigue dando coletazos judiciales tan llamativos como el reciente embargo del buque escuela de la Marina del país sudamericano.

Pero por complejas que sean este tipo de operaciones, la zona euro no puede permitirse que un problema de insolvencia relativamente menor como el de Grecia (2% del PIB del bloque) desestabilice a toda una Unión Monetaria de más de 300 millones de habitantes. Sobre todo cuando parece haber coincidencia en que Atenas ha cumplido, al menos sobre el papel, todas las exigencias macroeconómicas y presupuestarias que se le habían impuesto para seguir recibiendo préstamos internacionales. Ese ha sido el veredicto de la troika (CE, BCE y FMI) en su último informe técnico y, por tanto, el Eurogrupo está en la obligación de autorizar el desembolso de los 44.000 millones de euros que suman los tres tramos del rescate de 2012 todavía pendientes. El bloqueo por el FMI de ese desembolso por sus dudas sobre la sostenibilidad de la deuda griega no está, sin embargo, carente de sentido. Pero la condonación, como pretende, por los socios de la zona euro, al menos en parte, de los préstamos bilaterales concedidos a Grecia, que suman 52.900 millones de euros desde 2010 (6.650 millones por parte de España), es una decisión extremadamente sensible y difícilmente aceptable por ningún socio.

Las principales objeciones se ha atribuido siempre a Alemania, que solo en préstamos bilaterales se juega 15.165 millones de euros. Pero, como es normal, al resto de países, empezando por España, tampoco les entusiasma una quita multimillonaria como la que propone el FMI. Mucho menos en un momento de restricciones presupuestarias y en el que deben hacer frente a otras facturas urgentes como la recapitalización de la banca española.

Por eso el Eurogrupo ha buscado fórmulas de alivio (relajación de plazos de amortización y de intereses) que permitan mantener en pie las finanzas públicas griegas durante otro año. Se trata de ganar tiempo, entre otras cosas, porque Alemania celebra unas elecciones legislativas en septiembre de 2013. Pero este movimiento táctico, aunque lógico, no debería eclipsar la necesidad de una solución definitiva al problema de Grecia. Y admitir que, por desgracia, una deuda del 180% del PIB es insostenible para cualquier país que encadene año tras año de recesión.

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