lunes, 28 julio 2014

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Los investigadores que trabajan en el sector privado dejan el laboratorio por unas horas para reivindicarse como empresarios. Ocurrió la semana pasada en Valencia, donde se celebró el primer congreso de científicos emprendedores, de donde surgió una asociación que pretende actuar como lobby de sus intereses.

"Queremos contribuir a resolver el desafío que existe entre la mucha y buena ciencia que se hace en España y las pocas empresas que se crean", cuenta Manuel Pérez-Alonso, cofundador del Instituto de Medicina Genómica, spin-off de la Universidad de Valencia. Este profesor explica que una de las funciones de la Asociación Española de Emprendedores Científicos, de la que será su presidente, es hacer lobby ante las Administraciones para reconocer "el durísimo trabajo del emprendedor". Apunta que se debe apoyar al investigador que quiere patentar, valorar el trabajo del profesor-empresario rebajando su tarea docente, fomentar una cultura más emprendedora dentro de la universidad y favorecer la traslación de la ciencia básica a la creación de empresas.

EE UU es el ejemplo a seguir, con miles de empresas que salen de la universidad. "Aquí, el profesor tiene miedo al fracaso y a pedir un préstamo y arruinarse", sostiene Pérez-Alonso. A continuación, presentamos algunos ejemplos de científicos que han logrado el éxito.

Ángela Pérez Instituto de medicina Genómica

"He visto el rechazo brutal al profesor que emprendía"

La historia de Ángela Pérez (Valencia, 1973) como emprendedora no es sencilla. A los 25 años fundó su primera empresa junto al profesor Manuel Pérez-Alonso, su mentor en el doctorado e impulsor de la Asociación Española de Emprendedores Científicos. Era 1998 y la compañía se dedicaba a algo muy novedoso en aquella época, el análisis del genoma. "Nos hicimos cargo de un proyecto de secuenciación de ADN", recuerda Ángela. "Era un tema muy bonito e ilusionante". Pero no todo salió bien. Una persona ajena a su mundo y proveniente del sector de la construcción entró en el capital y se acabó quedando con la firma. Y los fundadores tuvieron que salir. Aún hoy, el asunto está en los tribunales por disputas entre los socios. Una forma muy amarga de comenzar.

Pero no se rindieron. Su actual empresa, el Instituto de Medicina Genómica, nace en 2009 como spin-off de la Universidad de Valencia. "Encontrar la financiación no fue excesivamente difícil a pesar de la crisis porque los inversores ya nos conocían", explica. Y además han conseguido recursos a través de fondos europeos para diferentes proyectos.

La compañía se dedica a hacer diagnósticos genéticos de potenciales enfermedades en el paciente, por encargo de los facultativos. Sus clientes son tanto hospitales públicos como privados y están empezando a dar el salto a otros países, una cuestión que quieren reforzar ante la crisis en España y la escasez de recursos autonómicos.

Ella es gerente de la firma, pero durante su carrera científica ha participado en más de diez proyectos de investigación nacionales y tres proyectos europeos de I+D, de los que ha publicado dos artículos en la revista Nature.

Confiesa que los primeros años fueron difíciles: "He visto y he vivido un rechazo brutal a los profesores que montaban su propia compañía. Al principio, Manuel se tenía que esconder, no podía aparecer como fundador de la empresa. Ahora es todo lo contrario. Está de moda lo de emprender. Tal vez haya que buscar un término medio".

Como barreras a los científicos que quieren emprender encuentra la falta de cultura empresarial en España. "Debería empezarse a inculcar a los niños desde primaria", señala. "Y los investigadores tienen miedo de no saber dónde se están metiendo".

Ana Levín GEM Biosoft

"Los biólogos somos emprendedores porque no hay trabajo"

Nunca se le pasó por la cabeza ser empresaria. Pero la escasez de empleo le animó. "Los biólogos somos emprendedores porque no hay trabajo de los nuestro". Ana Levín (Buenos Aires, Argentina, 1976) terminó su carrera de Biología, se fue a Holanda con una beca (donde estuvo siete años) e hizo su tesis doctoral. A su vuelta a España, donde ha vivido desde los tres años, se incorporó al Centro de Investigación en Métodos de Producción de Software de la Universidad Politécnica de Valencia. Allí era asesora científica para desarrollar un programa informático que entendiera el genoma humano. De esa iniciativa surgió Gem Biosoft, de la que es socia.

La empresa ha comenzado a comercializar un software de ayuda al diagnóstico genético para hospitales. "En la exploración del genoma humano hay un caos, con procesos muy manuales. Nosotros ofrecemos una estructura de información ordenada". Y también van a desarrollar una segunda línea de negocio con test genéticos.

Cuenta como socio financiero con Principia Tech, una firma surgida del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). "El primer año conseguimos dinero de amigos y familia, de un montón de gente que confió en nosotros", y después de fondos como Caixa Capital Risk. "Nuestro siguiente paso es salir al exterior. Aquí es difícil vender", señala. Apunta que al principio de emprender "la gente te mira como a una loca por el riesgo. Pero en estos momentos, quienes tienen riesgo son los funcionarios".

Josep Castells IUCT

"Existe un enorme miedo a fracasar y quedarse sin casa"

"En la Universidad de Berkeley cambié mi aversión al riesgo. En EE UU se estimula. Aquí no. Hacen falta generaciones para cambiarlo. Los investigadores prefieren la tranquilidad de la universidad", cuenta Josep Castells (Montmeló, Barcelona, 1962), socio fundador de Inkemia IUCT, creada en 1997 y una de las pioneras en biotecnología en España. Aunque este químico era profesor en una facultad española, en la universidad californiana descubrió que le atraía mucho más la investigación aplicada, más allá de quedarse en publicaciones o docencia. De hecho, fundó junto a un colega de Berkeley una primera empresa de internet, en 1995, en los comienzos de la red, y que pronto vendió.

Su empresa funciona como un centro tecnológico, pero privado, con servicios que van desde la formación, consultoría, la traslación de la investigación, el desarrollo de nuevos fármacos en fases iniciales o el de la parte final de un medicamento genérico. "Hemos tenido que superar muchas barreras. Nos decían que estábamos locos y despertábamos muchos recelos", asevera.

"Hay gente con mentalidad emprendedora. La lástima es que proporcionalmente sean muy pocos", opina. "Existe un enorme miedo al fracaso. A pedir un préstamo y quedarte sin casa si fracasas". En su caso, llevan 15 años revirtiendo el 100% de los beneficios en la empresa, sin repartir dividendos, como forma de seguir creciendo.

Luc Marti Genmedica THerapeutics

"Me he formado a palos como empresario"

Mis amigos científicos de vez en cuando se burlan de mí, por haber abandonado la investigación pública y haberme pasado a la empresa. Como si hubiera traicionado algo. Pero yo creo que tienen cierta envidia. Mi trabajo es más divertido, más variado y con más adrenalina". Eso cree Luc Marti, francés nacido en Perpiñán en 1967. Lleva 14 años en España, establecido en Barcelona, donde estudió su doctorado en Farmacia. Incluso consiguió un prestigioso contrato Ramón y Cajal (otorgado por el Gobierno) para cinco años, pero renunció a él para ser emprendedor.

Su objetivo estaba en la creación de Genmedica Therapeutics, una spin-off de la Universidad de Barcelona, con el apasionante reto de desarrollar fármacos contra la diabetes. La fundó junto a otros tres socios en 2004, todos ellos vinculados al ámbito académico o investigador.

Los comienzos no fueron sencillos. Su primera molécula de la que deberían desarrollar el fármaco falló en las etapas iniciales. Actualmente ya cuentan con otra en la fase I de ensayos clínicos. "Nos hemos encontrado con dificultades, como la falta de madurez del sector biotech y de inversores especializados. Y como emprendedor me he formado a palos", explica.

Para seguir con la investigación, finalmente han encontrado un fondo de capital riesgo británico que ha confiado en la empresa. También lamenta la falta de recursos para las nuevas compañías: "La reducción de las ayudas del Gobierno mata la innovación y el futuro".

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