domingo, 21 septiembre 2014

Está pasando

El perfil de Facebook

Montse Hernández Velasco

15-11-2012 08:09

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Durante los últimos días se ha publicado en la prensa española que la Cámara de los Comunes de Reino Unido ha interrogado a los patrones de Google, Amazon y Starbucks para saber por qué pagan tan pocos impuestos en dicho país. La liebre la levantó una investigación de la agencia Reuters que indicaba que, por ejemplo, en el caso de Starbucks, la compañía ha pagado en 14 años de actividad solo 10,75 millones de euros, después de haber facturado más de 3.750 millones.

El director financiero de la compañía admitió que Starbucks desvía el grueso de su facturación -a través de royalties- hacia Holanda, país en donde disfruta de un trato fiscal mucho más beneficioso. Con estrategias similares, las secciones británicas de Google y Amazon han conseguido grandes ahorros fiscales. Unas semanas antes, en un caso que ha pasado mucho más desapercibido en España, el diario The Guardian publicaba una información en la que se acusaba a la famosa red social Facebook de haber declarado en Reino Unido tan solo una parte de las ventas realmente realizadas, con lo que se provocaba la fuga del capital a Irlanda, para conseguir una menor tributación por sus beneficios.

Como se ve, el perfil de Facebook no gusta a todos por igual y en este caso, la planificación fiscal internacional vuelve a estar en el punto de mira: ¿es legítimo que una empresa como Facebook traslade rentas de un país a otro para beneficiarse de las ventajas tributarias que ofrece Irlanda? La respuesta depende del enfoque. Si entendemos la operación como neutral y justificada, esto es, si no suponemos el ánimo defraudatorio, podría ser correcta. Por un lado, Facebook escoge libremente el país donde situar sus empresas, utilizando como uno de sus criterios de elección el de dónde se encuentra una tributación más favorable.

Sitúa su sede en Irlanda, por tener esta una menor tributación de los beneficios, y otra compañía en Reino Unido, donde también opera. Por otro lado, entre tales entidades relacionadas se realizan transacciones de bienes, servicios o derechos y, para su valoración económica, se fijan precios de transferencia (así es como se denominan los precios que pactan dos entidades relacionadas para transferirse los bienes, servicios o derechos). Hasta ahí, nada es pecado. Ahora bien, si entendemos que la operación se hace con ánimo defraudatorio, la legitimidad de la misma carece de justificación: si Facebook sitúa su sede en Irlanda con la única intención de ahorrar impuestos y, para conseguirlo, utiliza una política abusiva de precios de transferencia con el fin de reasignar rentas al país donde menos se tributa, entonces, sí, se produce el salto de la economía de opción a la evasión fiscal. En opinión del fisco inglés, la estrategia de Facebook provoca una fuga del capital de Reino Unido a Irlanda. Y es que solo el 11% de las ventas realizadas por la compañía en territorio inglés se declaran allí.

Al parecer, la compañía deslocaliza las rentas y las transfiere a Irlanda mediante un uso "estratégico" de los precios de transferencia, con el fin de declarar su mayor beneficio en tierras irlandesas y así tributar menos por ellos. La reacción de Reino Unido ha sido denunciar la reasignación de rentas hacia Irlanda y la pérdida de recaudación que le ha supuesto la falta de declaración de las rentas en su país, exigiendo poder gravar la porción de renta fugada que le correspondería si los cálculos fueran otros. ¿Quién tiene razón? Difícil respuesta. El problema, casi siempre, la intención y la prueba, esto es, determinar cuándo la utilización de precios de transferencia es neutra y responde a una simple economía de opción, o bien, cuándo se cruza la barrera hacia la elusión fiscal e interviene el ánimo defraudatorio.

Para ello habrá que ver si la decisión de Facebook de establecer su sede en Irlanda responde únicamente a razones de competitividad y productividad (como sugiere la portavoz de la compañía), sin grieta alguna en su estructura; o bien, si, tal y como denuncia el fisco inglés, existe una verdadera elusión fiscal, dejando que la contabilidad británica de la compañía refleje una situación distinta a la realidad, consiguiendo minimizar los beneficios allí obtenidos mediante la depreciación de la cifra de ventas y el aumento de los costes, entre otros, de personal (en salarios y opciones sobre acciones) harto superiores a la media.

Montse Hernández Velasco es abogada y economista en Martínez Comín Consultores; y profesora asociada en la Universidad Pompeu Fabra

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