viernes, 31 octubre 2014

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Barack Obama

El sueño americano 2.0

  • Afroamericano, de clase media, Obama encarna los valores de trabajo y esfuerzo de la sociedad estadounidense. El reelegido presidente se enfrenta a un nuevo mandato.

Irene López

09-11-2012 20:05

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Su historia es una historia americana". Así define el perfil oficial de la Casa Blanca la trayectoria del reelegido presidente de Estados Unidos. Barack Hussein Obama (Hawai, 1961) nació en una familia de clase media que, como reza el sueño americano, consiguió prosperar a base de trabajo duro. Su padre, keniano, y su madre, de Kansas, se conocieron en Hawai, donde el progenitor de Obama había conseguido estudiar gracias a una beca. Su matrimonio duró poco y el ahora presidente vivió parte de su infancia con sus abuelos maternos.

El primer presidente afroamericano, ganador de los comicios de 2008 y de 2012 gracias a los votos de las minorías étnicas, comprobó durante su época de estudiante que el color de la piel todavía tenía su importancia en la tierra de las oportunidades. En su autobiografía, Obama asegura que llegó a plantearse si pasaba "algo malo" con él por su origen mestizo. Sin embargo, supo sobreponerse a los prejuicios de esa parte de la sociedad estadounidense y consiguió graduarse en la Universidad de Columbia en Ciencias Políticas. Pudo pagar sus estudios a base de becas y préstamos y más tarde completó su formación con un máster en Derecho en Harvard, donde se convirtió en el primer negro en presidir la Harvard Law Review, una importante publicación académica.

Tras un breve paso por el sector privado en Nueva York, Obama ejerció como trabajador social en los barrios marginales de Chicago. Casi recién graduado se unió al equipo de un bufete de abogados donde, todavía como pasante, conoció a la que hoy es su mujer y primera dama de Estados Unidos, Michelle Robinson, con la que tiene dos hijas de 14 y 11 años. A lo largo de su carrera, el presidente también ejerció como abogado, especializado en casos de derechos civiles, y como profesor, impartiendo clases en la Universidad de Chicago.

En 1996 comenzó su meteórica carrera política, cuando entró a formar parte del Senado Estatal de Illinois. Allí se encargó de mediar entre Demócratas y Republicanos para sacar adelante leyes sanitarias que permitieran garantizar una cobertura básica más amplia y la asistencia a los más pobres. Pero esto era solo el principio, ya que más de medio mundo todavía tenía que conocer el nombre de Barack Obama.

En las elecciones de 2004 accedió al Senado nacional y en 2008 protagonizó junto a la ex primera dama Hilary Clinton unas disputadas primarias en el seno del partido Demócrata que acapararon millones de miradas. Su voluntad de hacer reformas y sus dotes como orador le auparon como candidato a la Casa Blanca.

Después llegaron el lema Yes, we can (Sí, podemos) y su victoria ante el republicano John McCain. A esto le siguieron su controvertida reforma sanitaria, la operación militar que acabó con la vida de Bin Laden y, aunque no las tenía todas consigo, esta semana llegó su segunda victoria electoral. Esta vez, ante el exitoso empresario y exgobernador de Massachusets, Mitt Romney.

Nuevamente los latinoamericanos, las mujeres y los jóvenes han dado su apoyo a Obama. Ahora, el presidente tiene una nueva legislatura por delante en la que está por ver si será capaz de satisfacer las esperanzas que los votantes han depositado en él.

Muchos aseguran que la capacidad de Obama para meterse al auditorio en el bolsillo en los mítines multitudinarios se pierde en las distancias cortas, donde se convierte en alguien más frío e inaccesible. Es un secreto a voces su tensa relación con los líderes del Congreso, una cámara en la que le cuesta moverse y que ha paralizado muchos de sus intentos reformistas. La Cámara de Representantes estará formada en los próximos cuatro años por una mayoría republicana con la que el presidente ya ha iniciado los contactos. La situación económica del país ha sido la tarea pendiente de Obama durante la pasada legislatura y no quiere que vuelva a serlo, por lo que se ha puesto a trabajar desde el primer día.

El asunto que más urge solucionar en estos momentos es el llamado precipicio fiscal. Si no hay acuerdo entre Demócratas y Republicanos, a partir de Año Nuevo se producirá una subida de impuestos y un fuerte recorte del gasto público, ya que las medidas tomadas en su día para reactivar la economía tocan a su fin. El fiscal cliff podría frenar el débil crecimiento que ha conseguido Estados Unidos en los últimos años.

La creación de empleo es otro de los frentes en los que Obama tendrá que afanarse. La tasa de paro en el país ronda el 8%, una cifra que se considera muy alta y que ha estado a punto de costarle la reelección.

A pesar de la gran tarea que tiene por delante, el presidente de Estados Unidos también es humano e intenta buscar tiempo libre para dedicarse a dos de sus grandes pasiones: su familia y el baloncesto. Cuando la agenda se lo permite, aiste a todos los actos que puede en el colegio de sus hijas, y busca tiempo para salir a solas con su mujer. El presidente también se relaja jugando al baloncesto, un deporte que practica desde su época de estudiante. Así, jugando un partido con sus amigos, intentó distraerse el pasado día 6 de noviembre, durante la celebración de los comicios.

Superadas las elecciones, Obama tendrá que mentalizarse a fondo para el siguiente partido.

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