jueves, 23 octubre 2014

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La crisis provoca que los sueldos se acerquen cada vez más a las pensiones y las prestaciones por desempleo

Salarios como pensiones

  • La presión de la crisis sobre los costes del factor trabajo lleva los niveles salariales más comunes hasta los umbrales de la pensión media y la prestación por desempleo.

José A. Vega

12-11-2012 07:07

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La prolongada y dura crisis económica está cambiado varios paradigmas socioeconómicos en España. La corrección de los excesos de la demanda para buscar una salida a la falta de competitividad de la economía, que ha acumulado costes y precios desmesurados en muchas actividades productivas, con la ayuda de los cambios legislativos, está presionando con fuerza a los salarios a la baja.

Es la parte más visible del proceso de devaluación interna y acelerada que los economistas reclaman y los agentes económicos ejecutan para recomponer niveles competitivos de costes primero, y de precios, después.

Gráficamente, es común que los trabajadores que buscan empleo ahora, tras haberlo perdido, se encuentren con posibilidades laborales que solo ofrecen sueldos que apenas llegan a la mitad de lo que cobraban cuando fueron despedidos hace semanas.

Pero el proceso solo acaba de comenzar: hay ya indicios evidentes de ese movimiento contractivo en los salarios, pese al abultado decalaje estadístico, y se intensificará más en los próximos años. La tendencia es explícita y lleva al mercado laboral español a tener salarios como pensiones, remuneraciones en los activos del mismo calibre que los retiros de los pasivos.

Los datos: el salario medio neto en España era de 1.286 euros mensuales (por catorce pagas) en 2010, cuando la tendencia contractiva de los costes laborales no se había iniciado todavía. Pero el salario más común, más frecuente en terminología de Estadística, era en ese año de 941 euros, mientras que la cuantía de la pensión media de jubilación era en ese ejercicio de 893,2 euros (también por catorce pagas).

Ahora, dos años después, la pensión media de jubilación es de 951,83 euros, mientras que la presión bajista sobre los costes laborales habrá estancado, cuando no reducido, la cuantía nominal de los sueldos más frecuentes.

En definitiva, que la remuneración más común de los trabajadores asalariados en España se mueve hoy en un nivel muy similar al de la pensión de retiro. Es más, si tomamos como referencia la pensión nueva de jubilación, la que comienzan a cobrar este mes quienes cumplan 65 años, la cuantía es notablemente superior, pues llega a los 1.300,1 euros (siempre por catorce pagas). Esta prestación está por encima incluso del salario medio neto de 2010 (puede haber subido después), que era de 1.286 euros mensuales.

Hay más indicios de presión a la baja de los salarios, un fenómeno imparable desde que se inició la crisis. La propia encuesta de estructura salarial revela un incremento del colectivo de asalariados cuyas remuneraciones se concentran en las franjas bajas de la escala de sueldos.

En concreto, advierte de que mientras que en 2008 solo el 8,86% de los sueldos estaba por debajo del umbral del salario mínimo interprofesional, en 2010 esa cifra llegaba ya al 10,46% de las retribuciones por cuenta ajena. Contabilizando también la franja de salarios de hasta dos veces el SMI, ese porcentaje pasa del 43% al 44,3%.

Hay que recordar que hoy el salario mínimo interprofesional es de 641,4 euros mensuales (8.979,6 euros al año), y que, tras una fuerte aceleración de su cuantía entre los años 2005 y 2010, lleva ya dos ejercicios congelado. Este estancamiento responde a la aplicación práctica de la misma estrategia de contención salarial recogida en la política económica del Gobierno, y que entiende que el SMI es una referencia básica que condiciona los convenios colectivos y los salarios de entrada en las empresas, y que subirlo por encima de la inflación fuerza a un encarecimiento artificial de los costes laborales.

Independientemente de los niveles alcanzados por los salarios en los tres primeros años de la crisis, su contracción real, y a veces nominal, se ha intensificado en 2011 y 2012, y seguramente se prolongará en los ejercicios venideros.

Los avances nominales de los salarios en convenio se están acercando ya al cero (aún este año la subida es del 1,3% en los convenios, pero inferior al 1% en los acuerdos de duración plurianual), y en todo caso muy inferiores a la inflación, lo que supone una pérdida importante de la renta real disponible de los asalariados que han conservado el empleo.

La remuneración media recogida en la Contabilidad Nacional aún crece un 1,3% anual en los primeros trimestres de 2012, mientras que la pérdida de empleo asalariado supera la tasa del 5%. Así, los costes laborales unitarios (CLU) han descendido sistemáticamente en 2010, 2011 y 2012, con una acelerada recomposición de la productividad del factor trabajo. Los expertos consideran que esta es la vía de reposición de la competitividad de la economía: la reducción de costes laborales unitarios.

Mientras que en la UE repuntan, en España acumulan doce trimestres de descensos. En concreto, desde 2008 hasta ahora los CLU en España han pasado del nivel 100 al 96, mientras que en la UE han pasado de 100 a 108.

El empleo femenino comienza a moverse

El desempeño recesivo de la economía está provocando fuertes ajustes del empleo en los últimos trimestres, incluso más abultados de lo que en condiciones normales ocurría con descenso del PIB del 1,3% interanual.

La puesta en marcha de una reforma laboral que flexibiliza las posibilidades y costes del ajuste laboral está funcionando como efecto multiplicador sobre los despidos.

Pero de forma paralela a la aceleración en la destrucción de empleo (el desempleo se acerca a los seis millones y el 26% de activos), comienza a reanimarse la contratación en los colectivos más sensibles al precio, al salario.

Desde que irrumpió la crisis, el porcentaje de asalariados con contrato a tiempo parcial no ha dejado de elevarse, en un proceso de sustitución de empleo de calidad por otro con menor coste para las empresas.

En concreto, este tipo de empleo moviliza más a los colectivos femeninos, que muchas veces se ven impulsados a la búsqueda de trabajo por la pérdida de ocupación de los cabezas de familia masculinos. Si en 2007 tenía empleo a tiempo parcial asalariado el 11,8% de los ocupados, ahora esa proporción llega al 14,9%.

Pero las mujeres han comenzado también a dinamizar el empleo a tiempo completo. En el tercer trimestre los ocupados a tiempo completo suben entre las mujeres (39.800 personas), mientras cae entre los hombres.

Esto ocurre porque estos colectivos, como algunos de inmigrantes, aceptan empleos con menos remuneración. Consolida esta tendencia el hecho de que en el último trimestre ya haya seis regiones en las que la tasa de paro femenina es ya menor que la masculina.

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