miércoles, 23 abril 2014

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El Foco

Lo mejor está por llegar

  • Obama seguirá en la Casa Blanca. En su estancia allí durante los próximos cuatro años tiene muchos retos que afrontar. El autor explica todos esos frentes en los que tendrá que pelear el reelegido presidente.

Jorge-Díaz Cardiel

07-11-2012 20:03

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Obama ha entrado en la historia. La sociología del siglo XX dice que las comunidades se transforman según ciclos de 8-10 años. Con su reelección, Obama tiene cuatro años más para cumplir su promesa (20 de enero de 2009: tomó posesión como presidente), para transformar Norteamérica. Con sus propias palabras, dichas con la alegría del que ya se sabe vencedor de una dura, cara y disputada campaña electoral, "lo mejor está por venir". Lo cual no quiere decir que su segundo mandato vaya a ser un camino de rosas: los retos y problemas de ayer siguen necesitando ser acometidos y solucionados. Y con urgencia, dada la envergadura de las cuitas estadounidenses. Romney, reconociendo la victoria de su oponente, dijo -entre aplausos y abucheos- que vienen tiempos duros en que los conservadores y los demócratas habrán de negociar para sacar adelante el país. Y, hasta en cuatro ocasiones, afirmó que rezaría por Obama y pidió oraciones para el presidente. Obama, por teléfono, y también públicamente, agradeció a Romney su magnanimidad.

No es menester explicar cómo y por qué Obama ganó las elecciones. Este diario, en las mismas páginas de su sección de Opinión, anticipó el resultado electoral, hace tres días: estimación de voto, delegados, estados bisagra, intención de voto de los diversos colectivos y segmentos de población según variables sociodemográficas, participación y otros datos que, hoy, publicarán el resto de medios de comunicación. La capacidad de predicción de este periódico permite que nos centremos en lo esencial: lo que aun está por venir.

La Constitución norteamericana establece un equilibrio entre poderes por el que, aun siendo Estados Unidos una nación presidencialista, la Cámara de Representantes y el Senado, y el Poder Judicial, impiden que el presidente pueda hacer enteramente lo que quiera. La negociación es consustancial a la organización del Estado y su estructura de poder. Obama deberá negociar con la Cámara de Representantes, en manos republicanas, y con el Senado, donde los demócratas retienen una mayoría simple. La cuestión más urgente, que requiere de negociación y acuerdo, es evitar que Estados Unidos caiga por el precipicio fiscal, el 1 de enero de 2013: hay que impedir que se pongan en marcha los aumentos de impuestos y reducción del gasto, acordados por la Comisión Simpson-Bowles, que, en colaboración con la Cámara de Representantes y Senado, Obama nombró tras la debacle de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2010. Es inconcebible que alguien en Estados Unidos desee un mal cierto para la economía, si no hay acuerdo antes de que finalice 2012: Estados Unidos decrecería en la próxima década un 5% anualizado en PIB; se volvería a la recesión.

Esta será la primera labor de Obama, con la colaboración de los dos partidos, a quienes ya ha tendido la mano. El presidente quiere una reducción "equilibrada" del déficit público (hoy supone un 7,9% del PIB, y la deuda es el 103% de la riqueza del país), jugando con subidas y bajadas de impuestos (las primeras, para los más pudientes; las segundas, para el 98% de los contribuyentes). Se examinarán los recortes del gasto público en todas sus partidas, tanto programas sociales como defensa. Aunque Obama, en la noche electoral, dejó claro que quiere que Estados Unidos tenga unas Fuerzas Armadas más sofisticadas y poderosas. Este es un mensaje que no habrá pasado desapercibido a Irán -empeñado en desarrollar armas nucleares propias-, Corea del Norte, Siria y sus aliados de Hezbolá en Líbano, y Hamás, en Palestina.

Tampoco a China, a punto de cambiar su liderazgo. China tiene el Ejército más grande de la tierra -aunue no el más poderoso, que sigue siendo el estadounidense-, para mantener la paz social. El crecimiento armónico enunciado por su antecesor (Hu Jintao), será el gran reto del nuevo presidente chino, Xi Jinping: China es la segunda potencia en PIB, 400 millones de personas son de clase media..., pero, en renta per cápita, China es una país pobre, y 1.100 millones de chinos viven en la penuria. China tendrá que fomentar el consumo interno para dinamizar la economía, y depender menos de las exportaciones: esto, cuando Obama quiere doblar sus exportaciones made in America, en su segundo mandato, y crear dos millones de empleos. Rusia y Estados Unidos deberán profundizar en el acuerdo Start, de reducción de armas nucleares, al tiempo que Obama empleará a fondo sus dotes negociadoras para disipar las dudas de Putin respecto al Escudo Antimisiles, que Rusia cree que Norteamérica dirige contra ella.

El segundo mandato -como para Clinton y para Bush- deberá ser el del intento de Obama por conseguir la paz en Oriente Próximo, cumpliendo Israel con las resoluciones de la ONU, y garantizando los palestinos y los árabes, la seguridad del Estado judío.

La economía debe seguir la senda del crecimiento y acelerar el paso. Esto sucederá en 2014, cuando Norteamérica crecerá al 3%, durante varios años, y se crearán otros 5,5-6 millones de empleos, con bajos tipos de interés, la inflación controlada y la Reserva Federal inyectando liquidez para resucitar el crédito a familias y empresas. Será tiempo de impulsar de nuevo la manufactura en Estados Unidos.

El cambio climático, que exigirá un nuevo modelo energético, menos contaminante; las nuevas tecnologías, y los retos de la globalización que plantean a Norteamérica los países BRIC requerirán un tipo nuevo de trabajador, que aporte mayor valor añadido, sea más productivo y genere más competitividad. Para ello, la reforma educativa que promoverá Obama será vital y demandará la colaboración de los sectores público y privado: está en juego que Estados Unidos continúe siendo la primera potencia económica. Las reformas sanitaria y financiera están para quedarse: Obama controla el Senado; y tiene poder de veto. Queda pendiente la reforma de la inmigración: el 70% de los hispanos han votado a Obama con esa esperanza. Doce millones de latinos ilegales, -trabajan y pagan impuestos- habrán de tener estatus legal. Para ellos, como para el resto de norteamericanos y, hasta que Hillary Clinton sea candidata en 2016, lo mejor está, aún, por llegar.

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