jueves, 2 octubre 2014

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Finanzas

Razones para no pensar en un 'corralito'

  • Las autoridades, españolas y europeas, no han consentido la quiebra de ninguna entidad y el BCE vela por la liquidez
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La zozobra permanente se está convirtiendo en el estado de ánimo entre todos los actores del sistema financiero español. Y más con los vaivenes surgidos en torno a Bankia y a los mercados bursátiles durante los últimos días. De ahí los continuos llamamientos a la calma lanzados desde todos ángulos, a los que se sumó la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el viernes tras el Consejo de Ministros.

No obstante, el miedo es libre. Y una muestra de ello es que el temido término de corralito ha pasado estos días por la mente de muchos ahorradores. De hecho, el Gobierno ha tenido que desmentir tajantemente cualquier posibilidad de que en España se repita el episodio que fue la pesadilla de los ahorradores argentinos en 2001. El entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, tomó una decisión que atrapó 66.000 millones de dólares de ahorros bancarios de los argentinos, que solo tenían opción de sacar 250 dólares a la semana de sus cuentas. Tuvieron luego que afrontar además la devaluación del peso y la fuerte pérdida de valor de un dinero que creían en dólares. El angustioso corralito se levantó en diciembre de 2002 y los depósitos a plazo pudieron ser canjeados a partir de marzo de 2003 por títulos públicos que terminaron de pagarse en 2012, recuerdan los expertos. Es más, algunos aún subrayan que muchos ahorradores se negaron a ese trueque y lograron recuperar sus dólares después de litigar en los tribunales.

Sin embargo, por oscuro que pinte el panorama para la banca española -con la sombra de la petición de ayuda europea incluida- los depósitos y las cuentas de ahorro, y su libre disponibilidad, están a buen recaudo. Su protección es la consigna intocable que se ha seguido a lo largo de la presente crisis financiera europea, incluida en la muy maltrecha economía griega, donde no se ha consentido la quiebra de ninguna entidad ni ninguna fórmula de corralito.

La ayuda pública asegura la disponibilidad de los ahorros bancarios

El Banco Central Europeo (BCE), que se resiste a actuaciones más contundentes como la compra de deuda pública o la rebaja de tipos de interés para suavizar la crisis, ha velado en todo momento por la liquidez de la banca europea, con inyecciones semanales y con una megasubasta de un billón de euros a tres años que logró aliviar las tensiones en el arranque del año. También ha actuado estos días ante la fuga masiva de depósitos del sistema financiero griego, para el que ha puesto a disposición una ventanilla de liquidez de emergencia.

Así, es solo en el supuesto de quiebra y liquidación de una entidad cuando los ahorradores podrían quedar desprotegidos y cuando los acreedores llegan a asumir pérdidas por sus deudas, como quedó patente con la quiebra de Lehman Brothers.

Los depósitos de los ahorradores españoles están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), que cubre un máximo de 100.000 euros por cliente y cuenta. Es el paraguas que se activa en el caso más extremo, el de una quiebra bancaria, una fórmula que ha sido desechada desde el principio en el ya interminable proceso de reestructuración y saneamiento del sistema financiero español.

Tampoco en el caso del rescate de Banesto se recurrió a esa fórmula, ya que fueron los fondos del FGD los que sirvieron para estabilizar la entidad. Esos recursos se están utilizando ahora para financiar las subastas de entidades que ya fueron nacionalizadas, hasta el punto de que el FGD está exprimiendo en ello todo su capital. Un motivo más para intentar todas las fórmulas posibles de rescates de entidades antes que aceptar una quiebra.

La concesión de nuevas ayudas públicas, tal y como ha sucedido en el caso de Bankia, promete ser la fórmula con la que estabilizar la solvencia de la entidad, sin que se baraje ahora una aportación adicional de liquidez. Y en el caso extremo de que fuera necesario, el respaldo de dinero público sería la solución, como ya sucedió con los 3.000 millones de liquidez aportados en el rescate de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Además, tal y como se sugiere desde Bruselas y se empieza a aceptar en círculos del propio sector financiero, queda la alternativa de la ayuda pública europea, último recurso con el que financiar un proceso de saneamiento que el Estado español difícilmente podría afrontar por sí solo.

Los depósitos crecen hasta marzo

La caída de depósitos es una de las consecuencias más peligrosas de la desconfianza hacia el sistema financiero. Los clientes perciben que su banco no es solvente y se dirigen a su oficina a retirar todo el dinero. Si la desconfianza se generaliza, el riesgo de que se produzca un pánico bancario se dispara. Tras los problemas sufridos por Bankia y la incertidumbre que pesa sobre la banca española, está por ver el efecto global sobre las retiradas de depósitos.

Hasta dentro de dos meses, el Banco de España no hará públicas las cifras de mayo, pero los datos divulgados el viernes muestran que esta partida tuvo un comportamiento normal hasta marzo. En concreto, subieron ese mes un 0,8%. Y, lo que es más importante, se ha contenido la caída que se produjo entre diciembre y enero, cuando este pasivo retrocedió el 1,2%.

La evolución, sin embargo, no es tan positiva cuando se compara el dato de marzo de 2012 con el del mismo mes de 2011: caen el 4,2%, hasta 1,157 billones de euros. En algunas entidades, la evolución ha sido más abrupta. En el caso de CAM, intervenida y adjudicada en subasta a Banco Sabadell, ha perdido en un año 7.800 millones en depósitos, el 17 %. Su ejemplo es el más paradigmático del impacto que una intervención llega a causar en la confianza de los clientes hacia su entidad. En todo caso, la banca lleva meses recurriendo a los pagarés como fórmula para captar la liquidez que tiempo atrás confiaban a la comercialización de depósitos.

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