martes, 30 septiembre 2014

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A fondo

Cuando las cajas mutaron en títulos nobiliarios

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En España existen casi 3.000 títulos nobiliarios: ducados, marquesados, condados y hasta señoríos. Sus propietarios los exhiben con orgullo, como una muestra de su origen de alta cuna, pero no pueden obtener de ellos ningún privilegio más allá del simbólico-sentimental.

Algo parecido ocurre con las cajas de ahorros. De tener un significado profundo y arraigado, van a pasar a convertirse en apellidos ilustres venidos a menos. Antes de que empezara la crisis había 45 cajas. Durante los últimos lustros habían conseguido ganar terreno hasta llegar a acaparar la mitad del mercado, haciendo gala de un modelo societario diferente, que combinaba la representación de la sociedad civil en sus órganos de gobierno, junto con la combinación de un negocio financiero y una vocación social.

A día de hoy, tan solo quedan dos minúsculas entidades que puedan considerarse cajas de ahorros puras (Caixa Pollença y Caixa Pollença); la afamada obra social se ha reducido a menos de la mitad; cuatro cajas han acabado en manos de bancos comerciales; y la presencia de políticos y sindicatos en los consejos se ha revelado como nefasta.

En pocos años el modelo singular de las cajas de ahorros se ha ido vaciando de contenido

Ayer, durante las jornadas financieras organizadas por Deloitte y Abc, se puso de relieve la distancia que separa a quienes siguen defendiendo que el sector tan solo ha vivido una paulatina evolución y los que lo dan por extinguido.

A primera hora de la mañana, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, uno de los principales detractores de las cajas de ahorros, hacía balance de su gestión al frente del organismo supervisor. Entre sus principales logros, Ordóñez destacaba la desarticulación del modelo de cajas. Recordó cómo el organismo había incentivado la conversión de todas las entidades en bancos, "excepto dos pequeñas entidades", y cómo había promovido un cambio en la ley de órganos rectores de las cajas para acabar con la ineficacia que supone la presencia de políticos y sindicatos en las asambleas y consejos de administración.

Entre la poca autocrítica que realizó Ordóñez en su intervención, se incluía el lamento de no haber acometido antes el desmantelamiento. "¿Por qué no se reformaron las cajas de ahorro durante los momentos de bonanza?", se preguntaba, para responderse que esta cuestión tan solo lleva a la "melancolía".

En cuanto a las propuestas de nuevas regulaciones, el gobernador sugirió una reducción adicional de la estructura de gobernanza de las cajas, la exigencia que los bancos filiales cotizaran en Bolsa a partir de un cierto tamaño y la aprobación de una ley que "obligase a las cajas a que, en un plazo razonable, dejasen de participar de forma significativa en entidades de crédito e invirtieran en lo que deseen para seguir desarrollando su Obra Social". Es decir, desaparición absoluta del modelo de cajas.

Al tiempo que el sector saltaba por los aires (hay que recordar que de las 45 cajas que había en 2008, 11 han sido intervenidas o nacionalizadas, frente a un solo banco, que además estaba controlado por una caja), algunos de sus directivos sigue defendiendo el modelo.

Pese a ello, de los rasgos diferenciales de las cajas, cada vez queda menos. El grupo Bankia (formado por Caja Madrid, Bancaja y otras cinco entidades), acordó recientemente que las marcas originales de los socios fundadores pasaran a un segundo plano, en beneficio de la denominación del banco filial, que cotiza en Bolsa. A partir de ahora, quedará como un "apellido", para que los clientes no olviden la procedencia de la sucursal de referencia y el origen histórico del grupo.

Sin embargo, como ocurre con los marqueses y los duques, pocos privilegios y peculiaridades se pueden extraer ya de esa denominación: las cajas fundadoras, al igual que ha pasado en el 99% del sector, han quedado relegadas a simples accionistas de BFA (el banco matriz) y su obra social deberá nutrirse con el menguante dividendo que pueda repartir Bankia.

El copresidente de Banca Cívica, Antonio Pulido, hablaba ayer del "éxito que han tenido las cajas durante las últimas décadas", en referencia a su constante crecimiento en cuota de mercado. Sin embargo, ese éxito no ha evitado que el grupo que dirige, junto con Enrique Goñi, haya terminado su aventura bursátil antes de cumplir un año en los mercados y se haya visto abocado a una fusión de urgencia con CaixaBank.

También el director general de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), José María Méndez, se refirió al modelo de cajas como un ejemplo de negocio ganador. No obstante, la organización que dirige ha ido perdiendo competencias al mismo ritmo que desaparecían y mutaban sus asociadas.

Autocrítica

Uno de los pocos ejecutivos de cajas en hacer autocrítica fue el presidente de Cajamurcia y del grupo BMN, Carlos Egea, al apuntar que durante años "hubo una percepción benévola del riesgo inmobiliario asumido" y ha apuntado como una de las claves para la supervivencia de los nuevos grupos constituidos, la existencia de un liderazgo sólido en los equipos directivos. Egea también defendió la capacidad de BMN para seguir en solitario, aunque no descartó participar en algún proceso de fusión.

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