viernes, 1 agosto 2014

Está pasando
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Los mercados financieros se toman estas pequeñas minivacaciones de Pascua (no volverán hasta el martes) dejando los índices en un punto de riesgo desconocido desde hace varios meses. En el caso de España incluso han llevado las valoraciones bursátiles hasta los mínimos anuales, inferiores incluso a la sima de septiembre pasado, y no muy lejos ya de los mínimos cíclicos registrados en marzo de 2009, cuando tras la caída de Lehman llegó a temerse por el derrumbe de todo el sistema financiero. El castigo a la deuda de los países periféricos no presenta daños tan elevados, pero España vuelve a estar por encima de los 400 puntos básicos de prima de riesgo e Italia no está mucho mejor (370).

Los acontecimientos que estaban llamados a calmar la presión y dar un giro definitivo a los indicadores de riesgo no lo han hecho, e incluso varios analistas interpretan que solo han empeorado la percepción del mercado: los Presupuestos españoles, los más austeros de la democracia y con mordidas desconocidas en el gasto estructural, han llevado más pesimismo por la posibilidad de retrasar el crecimiento en España, y la reforma laboral italiana no está teniendo ningún impacto amortiguador en la percepción de las corrientes del dinero.

En todo caso, tanto la agenda reformista española como la italiana, así como sus escenarios fiscales, no deben ceder, puesto que a la larga producirán una flexión definitiva en el coste de la financiación y en la recomposición de la inversión productiva en ambas economías. Los mercados pueden valorar todas las iniciativas, pero no pueden reclamar una cosa y su contraria a la vez a los Gobiernos y a los agentes económicos de los países periféricos. Las políticas presupuestarias, bien acompañadas por las reformas que abaraten los costes y recompongan la competitividad de estas economías, terminarán contando con el aval de las manos fuertes del mercado, aunque por el camino se produzcan acontecimientos de pánico, muchas veces guiados por un ánimo especulativo puro.

El vaivén continuo al que los acontecimientos han sometido a los inversores ha provocado la salida de ingente cantidad de dinero de las plazas bursátiles y del mercado de deuda, y una huida hacia la seguridad del que se ha quedado. Las dudas no resueltas sobre la recuperación de las economías americana y europea, los temores a una desaceleración pronunciada en China, los riesgos de una escalada de precios en las materias primas por riesgos geoestratégicos y la tentación proteccionista de las zonas más maduras componen un escenario no del todo despejado. Pero los precios a los que se compran y venden hoy la gran mayoría de las compañías europeas, pero españolas desde luego, son una tentación para los inversores arriesgados, y también para los que manejan el largo plazo como norte de sus decisiones. Es momento de administrar más Platón que Prozac, siguiendo la exitosa recomendación que en su día hizo para la vida misma el sociólogo canadiense Lou Marinoff, para manejar los instintos de los inversores, que acumulan en muchos casos bolsas abultadas de liquidez.

Los antidepresivos no resolverán el problema, solo harán olvidarlo por un tiempo. Pero la vieja filosofía financiera recuerda que hay infinidad de compañías que cotizan muy por debajo de su valor, con cuentas de resultados muy sólidas y con crecimientos potenciales muy elevados, y con pagos a los socios recurrentes muy apreciables. Esas son las mejores oportunidades que hoy ofrecen los mercados y de las que este periódico ha seleccionado un buen catálogo siguiendo las recomendaciones de los analistas.

No hay mejor catalizador para los mercados que el crecimiento económico. Cuando vuelva, y solo lo hará cuando las reformas calen en los agentes económicos, regrese la confianza y la financiación sea atractiva, las empresas expresarán todo su potencial y pondrán en el precio su valor auténtico. No será igual para todas, porque no todas tienen el mismo futuro. Las compañías industriales y proveedoras de servicios de consumo, sobre todo aquellas que tengan poco nivel de deuda, caja recurrente y diversificación geográfica, serán las mejor colocadas para aplicar la filosofía del valor y convertirse en las mejores oportunidades para los inversores corporativos e individuales.

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