lunes, 1 septiembre 2014

Está pasando

I. Abril / P. M. Simón

18-02-2012 07:00

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Es difícil que el sector financiero esté en la lista de inversiones favoritas de cualquier accionista o analista del mercado. El ¿último? coletazo de la tormenta mundial se ha cebado especialmente en los bancos, llenos de activos dudosos, con serios problemas de liquidez hasta que el Banco Central Europeo se avino a remediarlo y con una recaída en la recesión que azuza cualquier perspectiva de que todo puede ir a peor.

Y más en España, donde el desempleo se conjuga con el riesgo del ladrillo y una reconversión perpetua en las entidades financieras que no acaba nunca de disipar los miedos. El resultado salta a la vista cuando se miran las recomendaciones que hacen los expertos sobre los valores concretos. ¿Consejos de compra? Muy pocos. En Bankia, por ejemplo, solo uno entre los recogidos por el consenso de Bloomberg. En cambio, hay 16 de recomendaciones de mantener o vender.

Con Banco Sabadell, la situación es más dura aún: un consejo de compra frente a 27 de mantener o vender. BBVA está algo mejor: 10 frente a 35. Banco Santander es el más compensado, y eso que solo 15 analistas recomiendan entrar en el valor y justo el doble se muestran tibios o contrarios a ello.

Las ofertas son voluntarias, pero rechazarlas implica participar de un producto aún menos líquido

Si el dinero está en el cajón, hay pocas dudas sobre cuáles serían las palabras de los expertos. Mejor dejarlo ahí que entrar en el sector financiero, a no ser que al inversor en cuestión le vaya el riesgo. Pero, ¿qué pasa cuando los fondos ya están cautivos porque en su día se pensó (o se hizo pensar, hay que recordar que hasta la CNMV admite abusos en la comercialización en varios casos) que las preferentes eran una buena inversión?

Ese es el dilema al que se enfrentan cada día más dueños de participaciones preferentes de la banca. El goteo de ofertas de recompra se está haciendo cada vez más intenso y la mayoría de las entidades financieras cotizadas tienen un mismo objetivo: reforzar su capital convirtiendo esos valores en acciones.

La lógica de este movimiento es impecable... para la banca. El sector sembró el mercado de preferentes porque en su día eran un instrumento perfecto para reforzar la solvencia. Pero las normas han cambiado y las preferentes están perdiendo su aura mágica poco a poco, hasta que no les quede ninguna en 2022, cuando serán consideradas deuda normal y corriente para las entidades.

Y esto sucede justo en un momento en que reforzar la solvencia es clave para la banca, de ahí el empeño en convertir preferentes en acciones, una inyección en vena de capital core Tier 1, ese que vigila con lupa la Autoridad Bancaria Europea (ABE).

Pero no está tan claro que la opción sea buena para los inversores. Claro que la situación en la que están limita su capacidad de elección. Una vez que ya se es dueño de preferentes ¿es mejor perseverar a la espera de que llegue una amortización en efectivo al valor nominal o conformarse con las acciones que ofrecen las entidades financieras?

La contestación depende de tres variables: la necesidad inmediata de liquidez, el tipo de canje ofrecido y la rentabilidad de las preferentes que se tenga.

Puede que las acciones de los bancos no sean la mejor alternativa en estos momentos, pero una oferta que devuelva el 100% de lo invertido a cambio de acciones que se puedan vender de inmediato puede ser una alternativa válida para recuperar el dinero. No se trata, por tanto, de convertirse en accionistas a largo plazo de los bancos, sino de salir en cuanto se reciban los títulos.

Los inversores que han acudido al canje de Santander, por ejemplo, han podido reducir al mínimo sus pérdidas y los de Sabadell incluso han conseguido plusvalía. En el caso de BBVA, la minusvalía también sería mínima, aunque para recuperar el 100% de la inversión habrá que esperar.

La oferta de Bankia, la última en sumarse a la moda, es distinta. Para recuperar todo lo pagado hay que comprometerse a mantener al menos una parte de las acciones fruto del canje hasta junio del año que viene, con el riesgo de cotización que eso conlleva. Tampoco la de CaixaBank fue extremadamente positiva para los propietarios de preferentes.

En todo caso, las ofertas propuestas son voluntarias, así que el titular siempre puede quedarse con su inversión inicial. Eso sí, los canjes de BBVA, Santander, Sabadell y CaixaBank han dado una señal clara de que los inversores quieren huir de las preferentes al precio que sea: la aceptación fue masiva. De ahí que rechazar las ofertas tiene un riesgo claro de quedarse con una inversión todavía menos líquida que al principio.

Al margen de la lucha legal que pueda emprender quien se sintió engañado en la comercialización, otro punto importante es la rentabilidad que pagan las preferentes en cuestión. Bankia, por ejemplo, tiene una emisión de Caja Madrid de 2009 que renta un 7% hasta 2014 y que no se incluye entre las que se ha ofrecido a canjear por acciones. En este caso, la prima es buena y cara para su dueña, así que ahí sí (y en casos parecidos) puede ser conveniente esperar a que llegue una amortización, que tendrá que ser en efectivo y por el 100%.

Diferentes bancos, distintas propuestas

BBVA

Fue el pionero en la era de la transformación de las preferentes. Escogió un modelo complejo, pero que lleva al mismo camino que el resto, puesto que cambió las preferentes por bonos obligatoriamente convertibles en acciones. El atractivo estaba en un cupón del 6,5% y en el pago de la totalidad de lo invertido. La aceptación fue del 99%. BBVA puede anticipar la conversión casi al momento que quiera. Si no es así, el 50% vence en junio de 2012 y el resto, en el mismo mes de 2103. El precio de conversión en acciones permite reducir el riesgo de pérdida al mínimo, ya que es la media de las cinco sesiones previas al vencimiento. Se puede vender en cuanto se reciben los títulos.

Santander

El banco presidido por Emilio Botín optó por la oferta más sencilla hasta ahora. Canjeó casi 2.000 millones de euros en preferentes por acciones, en una propuesta que devolvía al inversor el 100% del dinero pagado (eso sí, en títulos). La forma que se eligió para determinar el precio de las acciones en la conversión permitía minimizar el riesgo. Era la media de los precios medios ponderados de menos de una decena de días previos a la jornada en que finalizaba el periodo de aceptación de la oferta. El riesgo de pérdidas era reducido por la cercanía del cómputo, aunque los inversores tardaron varias jornadas en tener físicamente los títulos en la mano y poder venderlos. La aceptación también rozó el 99%.

Sabadell

El banco presidido por Josep Oliu fue algo más complejo que Santander. Sabadell lanzó una oferta de canje de 850 millones en preferentes por acciones, pero en un primer momento solo da el 90% de lo invertido. Para conseguir el 100%, los dueños de las preferentes tienen que conservar sus acciones hasta el 14 de diciembre de este año. Sin embargo, el banco utilizó para fijar el canje la media aritmética de los precios medios ponderados de la acción de los 90 días naturales anteriores a la finalización del periodo de aceptación; esto es, desde el 2 de octubre hasta el 30 de diciembre de 2011. Y esa media permitía obtener más del 100% de lo invertido desde el primer momento, aunque no se conservaran las acciones.

Caixabank

Es, quizá, la oferta más complicada. La entidad no tiene problemas de capital, así que no dio directamente títulos a cambio de las preferentes sino el 30% en bonos convertibles en acciones que vencen la mitad en junio de este año y la otra mitad en junio de 2013, y el 70% en deuda subordinada a diez años con un cupón del 4% o del 5%, dependiendo de la emisión de preferentes a la que correspondan. Además, el precio de canje es fijo: 3,862 euros por acción.

Bankia

Es la última en llegar, por ahora, y lo hace con una oferta que pretende convertir a los dueños de preferentes en accionistas a largo plazo. Solo recibirán el 100% de lo invertido los titulares de preferentes que se queden los títulos hasta junio de 2013. Quien quiera liquidez inmediata, debe conformarse con el 70% de lo pagado. Para saber las posibles pérdidas, con todo, hay que esperar a que se sepa el precio de conversión de las acciones.

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