sábado, 29 de noviembre de 2014

Está pasando

Crisis soberana en la zona euro

La avalancha de liquidez del BCE da con la fórmula para calmar la deuda

  • Las inyecciones de liquidez del BCE a tres años se han convertido en una potente arma para estabilizar la zona euro. Los efectos se han sentido más allá de la banca. Los costes de financiación se han relajado, los Estados europeos colocan deuda con facilidad y el tono del mercado ha mejorado. Los expertos alertan, eso sí, de que la tensión puede regresar si Europa no avanza en la integración fiscal.

Cristina de la Sota

23-01-2012 07:00

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La batería de medidas aprobadas por el BCE el pasado mes de diciembre, liderada por la avalancha de liquidez a la banca a un plazo sin precedentes de tres años, no han logrado mejorar aún la llegada del crédito a empresas y familias, pero sí han conseguido otros efectos positivos que han alejado a la zona euro del precipicio al que se asomó a finales del pasado ejercicio.

El BCE ha eliminado un importante riesgo al asegurar las necesidades de liquidez de la banca a largo plazo. Financiar las partidas del balance a tres años en vez de hacerlo semana a semana es más estabilizador para las entidades y se ha convertido en un paso clave para restablecer la confianza en el sistema. Al mismo tiempo, al inundar el mercado de dinero, el BCE ha conseguido rebajar los costes de financiación de los Estados europeos sin verse obligado a comprar deuda directamente ni de forma masiva como han hecho tanto la Reserva Federal como el Banco de Inglaterra. "El objetivo del BCE era claro. No podía embarcarse en la expansión cuantitativa (las compras directas de bonos) y ha creado una vía indirecta para estrechar diferenciales y evitar la catástrofe. El objetivo no era tanto dar liquidez a los bancos porque ya había barra libre. La preocupación se centraba sobre todo en la deriva que estaba tomando la deuda europea", argumentan desde una entidad española.

Al final la inyección de 489.100 millones de euros en la subasta de diciembre y la tranquilidad que genera en el sector la programación de otra subasta al mismo plazo el próximo 29 de febrero han resultado decisivas a la hora de incentivar a la banca a comprar deuda y garantizar así la buena evolución de las subastas de los Estados.

Los bancos se han visto seducidos para destinar parte de los préstamos del BCE al 1% a comprar deuda a tipos superiores y lograr así jugosos diferenciales.

El Tesoro español ha sido uno de los grandes beneficiados. Las subastas celebradas este año se han saldado con una elevada demanda y gracias a ello el Estado ha conseguido financiarse a tipos inferiores a los del pasado ejercicio. La rentabilidad del bono a 10 años se aleja así del 6,67% que rozó a finales del pasado ejercicio al situarse en el entorno del 5,47%.

España no ha sido el único país que ha sacado partida del mejor tono de mercado. Italia, Portugal o Grecia también han apelado con éxito al mercado, incluso después de las rebajas de rating de Standard & Poor's.

"Es una prueba de que parte del dinero del BCE se está yendo a las subastas de deuda, pero todo es provisional. Se ha ganado tiempo, aunque ahora hay que ver los resultados de la cumbre de finales de mes, el futuro de los fondos de rescate o el papel que tome el FMI", argumenta Miguel Ángel Bernal, especialista en renta fija del IEB.

La normalización del mercado sigue lejos y si bien es cierto que los expertos reconocen que sin la intervención del BCE la situación podría ser crítica, la mayoría advierte que los riesgos siguen latentes. El acuerdo sobre la quita griega sigue sin concretarse y Europa afronta reuniones clave este mes para avanzar en la integración fiscal o reforzar los mecanismos de rescate.

"El BCE ha eliminado el riesgo de liquidez de la banca pero los problemas de crédito pueden reaparecer. Los bancos son los que tienen los riesgos y si en unos meses España o Italia entran en recesión, el mercado puede volver a temer por el riesgo soberano", avisa Anton Brender, economista jefe de Dexia AM.

El BCE ha conseguido eliminar mucha presión pero a partir de ahora la reacción de los Estados será crítica. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, dio a entender el viernes que la buena evolución de las subastas se explica también por las medidas adoptadas por el Ejecutivo. La prueba, en su opinión, es la demanda suscitada pese a la rebaja de rating.

Las medidas del BCE son decisivas pero los expertos reconocen que por sí solas no son suficientes. Los Estados deberán seguir con sus políticas de ajuste, mientras que Europa está obligada a avanzar en el proceso de integración fiscal, reforzar el fondo de rescate y aplicar políticas que fomenten el crecimiento para impedir que resurja la tensión.

"Es clave ver cómo reaccionan a la caída de ingresos fiscales que provocará la recesión. Los objetivos de déficit no se van a cumplir. Mi esperanza es que no se apliquen más recortes que agraven la recesión", añade Brender.

Al menos, de momento, el BCE ha mostrado que tiene armas. Ha dejado claro que hará lo necesario para garantizar la estabilidad del sistema y hay firmas, como Credit Suisse, que ven en las subastas a tres años un gran catalizador de cambio. En su opinión ayudará a los bancos a afrontar los vencimientos, permitirá a los Estados financiarse a tipos más bajos y debilitará el euro. De hecho, no descarta que la moneda caída al entorno de 1,10 dólares, un nivel que en su opinión puede incluso ayudar a evitar la recesión en la región.

La siguiente gran cita será la subasta del 29 de febrero. Las estimaciones de demanda oscilan entre el medio billón y el billón de euros. Y la cifra final ayudará a medir si se necesitará más liquidez o no. El objetivo final es que la estabilidad en la deuda alcance un nivel que permita el regreso del inversor final para garantizar la calma a largo plazo.

En 3 pasos

1. Vencimientos. Las inyecciones del BCE ayudan a asegurar los vencimientos de la banca este año.

2. Primas de riesgo. Contribuyen también a relajar los costes de financiación al incrementarse la demanda de bonos.

3. Euro. Algunas entidades como Credit Suisse argumentan que el aumento de la masa monetaria debilitará al euro y ayudará a evitar la recesión.

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