sábado, 30 agosto 2014

Está pasando

Aprovechar el tirón del turismo extranjero

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Pese a la excelente evolución del sector durante los primeros meses del año, la industria turística ha visto deslucidas sus expectativas de crecimiento al cierre de este segundo trimestre. Los datos que ha hecho públicos el sector revelan que si bien el turismo extranjero en España goza de una salud vigorosa y continúa creciendo a buen ritmo, la cuota de españoles que disfruta del veraneo dentro de las fronteras ha descendido casi un 4%. Ello ha provocado que aunque positivas, las cuentas no hayan sido tan brillantes como se esperaba y que de un esperanzador crecimiento del 2,4% del PIB en el primer trimestre se haya pasado a un bastante más discreto 1,9%.

Mientras el descenso del turismo nacional se debe al efecto desincentivador que la crisis económica está teniendo sobre el consumo interno, el comportamiento del turismo foráneo ofrece más elementos de análisis. Los datos de pernoctación hotelera muestran que el número de turistas extranjeros ha crecido algo más de un 8%, como también lo ha hecho tanto el dinero que estos gastan en España como el número de noches que pasan en destino.

Dos grandes factores explican este repunte: la mejora de la situación económica en países como Francia o Alemania y el importante desplazamiento de visitantes que han optado por huir de la inestabilidad que agita el norte África y han preferido optar por la tranquilidad de las costas españolas. Un vistazo a la evolución del mercado en Túnez y Egipto confirma ese diagnóstico: la llegada de turistas a ambos destinos ha descendido de forma radical este año. La otra cara de la moneda es la inyección de ingresos que han experimentado los destinos españoles del Mediterráneo y de las islas, cifrada en un 10% más que en el mismo trimestre del año anterior. Ese aumento contrasta llamativamente con los datos que arroja el turismo nacional -con mínimos crecimientos en vuelos nacionales y desplazamientos en AVE- y abre una brecha sustancial entre los resultados de uno y otro subsector de la industria turística española.

No es la primera vez que el sector turístico se beneficia de un cambio de dirección en los flujos de visitantes extranjeros debido a turbulencias geopolíticas. La inyección de turistas que recibió España en los años noventa como consecuencia del estallido del conflicto de los Balcanes es una buena muestra de ese fenómeno. La necesidad de elegir un destino seguro, unido al descenso de precios que la oferta española experimentó en aquellos años, produjo entonces un aumento del 25% en el número de visitantes que arribaron a España dispuestos a disfrutar sus vacaciones. Un ritmo de crecimiento que mostró signos de vigor en los años siguientes, pero que fue ralentizándose poco a poco en la primera década de este siglo para descender después de forma brusca. Si bien la primavera árabe ha sido el resorte que ha vuelto a desatar vientos favorables en el sector es importante recordar que, como en anteriores ocasiones y por la propia naturaleza del fenómeno, se trata en principio de un efecto coyuntural. A ello hay que añadir el hecho de que en esta ocasión el turismo español no cuenta con el gancho de una política de precios atractiva, lo que alimenta el riesgo de que la corriente de visitantes se diluya una vez restablecida la tranquilidad en el norte de África.

De todo ello es consciente el empresario turístico español, quien contempla además como el crecimiento de los flujos turísticos no se está traduciendo en un aumento de los márgenes de beneficio, debido al lastre que suponen el avance del coste de la energía y la falta de flexibilidad del mercado laboral. Ello no debe hacer olvidar, sin embargo, el hecho de que en este momento el sector turístico español está actuando uno de los motores de la economía española, con una previsión de crecimiento al cierre del año del 2,25% del PIB frente al 0,8% que se estima para el conjunto de la economía española. Por ello resulta especialmente urgente que la industria del turismo aproveche esta coyuntura para profundizar en la mejora de sus servicios, la modernización de sus instalaciones y el control de su política de precios. Como también lo es hacer lo posible por dotar al sector de una mayor flexibilidad en materia laboral para adaptarse a los cambios de ciclo.

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