jueves, 21 agosto 2014

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Sector quinario, crisis económica y empleo

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El prestigioso economista Jean Fourastié es autor de un modelo que permite interpretar las transformaciones estructurales de la actividad económica de un país a lo largo de la historia. El modelo contempla tres fases definidas por el peso relativo que en la población activa presentan los tres sectores económicos (primario, secundario y terciario) lo largo de los diferentes estadíos.

La primera fase que define como "civilización tradicional", correspondería a una sociedad muy poco desarrollada técnica y científicamente en la que la cuota mayor de fuerza de trabajo la aporta el sector primario, que es abrumadoramente mayoritario.

La segunda fase, que corre paralela a un largo e intenso "periodo de transición", cabe asociarse a la "civilización industrial" dominada, en cuanto a la mano de obra que absorbe, por el sector secundario. Durante el periodo de transición el sector primario se mecaniza progresivamente, lo que reduce en el número de trabajadores necesarios y la fuerza laboral excedente es absorbida por el secundario y en menor medida por el terciario. La fase de transición comienza con la revolución industrial y propicia la mecanización y automatización de la manufactura, y a la postre, su propia transformación.

En la tercera fase, finalmente, que el autor citado define como "civilización terciaria", el sector servicios es dominante. La distribución de la población activa se transforma estructuralmente: los primario y secundario están dominados por la automatización, lo que propicia un fortísima reducción de la demanda de población ocupada. Paralela y consiguientemente el peso de los sectores se modifica al producirse una demanda laboral creciente y sostenida en el sector terciario que llega a superar el 70% de la fuerza laboral. Esta tercera fase corresponde con la actual sociedad post industrial o de servicios.

Excepción hecha de la construcción, los sectores primario y secundario se muestran en las modernas sociedades bien definidos, sin embargo el terciario aparece como un gran "cajón de sastre" en el que se incluyen todas las actividades no ligadas a los otros dos sectores, es por ello que Daniel Bell propuso, hace décadas, dividir el sector terciario en tres: el terciario propiamente dicho (transporte, servicios menos cualificados y ocio), el cuaternario (bancos, seguros, consultoría), y el quinario, considerado como rama de este o, para otros autores, un sector independiente.

De este quinario formarían parte actividades ligadas a la investigación, a la innovación, al desarrollo, así como a la salud, la moda y el diseño, las artes escénicas, la educación o el gobierno, englobando tanto a los profesionales tradicionales (arquitectura, ingeniería…) como a los del entretenimiento y de las industrias culturales y recreativas (audiovisual, cine, artes escénicas, música, pintura, escultura..) o a aquéllos que dan respuesta a necesidades sociales relacionadas con la mejora de la calidad de vida, el medioambiente, la cultura y la conciliación de la vida familiar y profesional.

Pues bien, en la actual situación económica y social de los países desarrollados, éste es el único sector que puede crear riqueza y empleo y mantener el estado de bienestar y el nivel de desarrollo y a la vez compensar los efectos de la desindustrialización y la deslocalización de empresas.

Este conjunto de actividades puede permitir a España cambiar el modelo hasta ahora centrado en la construcción y en la economía especulativa por otro articulado en torno al conocimiento, a la creatividad y al talento. En éste, la cultura y la educación superior juegan un papel fundamental porque constituyen la base del cambio, actuando tanto como factor y vector de cambio como de ámbito de empleo, dando a la vez respuesta a los negativos efectos económicos y sociales que la actual crisis, primero financiera y luego económica, están arrastrando.

En España hay más talento, formación, conocimiento y creatividad que cauces para revertirlos a la sociedad e integrarlos en la economía. El desarrollo del sector quinario es una necesidad económica, laboral y social, una apuesta de futuro por una sociedad mejor y el principal antídoto frente a una potencial crisis social, razones que convierte su desarrollo en uno de los más importantes desafíos políticos.

Pedro Reques Velasco. Catedrático de Geografía humana de la Universidad de Cantabria

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