miércoles, 30 julio 2014

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Opinión

Guardiola, director de recursos humanos

Pierre Paradis

18-07-2009 07:00

Pep Guardiola, entrenador del F.C. Barcelona, durante una rueda de prensa

REUTERS

Cuando una persona se hace cargo de un equipo humano que atraviesa el peor bache de su historia y, casi sin cambiar nada, logra que ese mismo grupo viva los mejores momentos de más de un siglo de existencia, tenemos la obligación de felicitar, celebrar con él (si se puede) y, por supuesto, tomar nota para aprender.

Ya ha pasado un tiempo y ya se ha dicho todo lo posible sobre los protagonistas, sobre la historia futbolística y sobre la épica de este Barça. Los que nos dedicamos a esto de los recursos humanos deberíamos, además, entender y aplicar esa gestión impecable que ha convertido un grupo de jóvenes desunidos en un equipo armónico y altamente productivo.

Una de las enseñanzas de este Barça que se puede extrapolar al entorno empresarial es que, sabiendo motivar y gestionando bien el talento, nos encontraremos con que las personas que se han formado en la casa aportan unos valores determinantes para el éxito o el fracaso de una empresa o equipo.

En deporte es bueno aprender en caliente. Antes de que nos olvidemos de Pep Guardiola y su buen hacer, como ya nos hemos olvidado de otros que también demostraron su capacidad de liderazgo y nos dieron lecciones magistrales de cómo hacer equipo. Es el caso de Pepu Hernández en el ámbito del baloncesto o de Luis Aragonés con la selección española de fútbol, hace apenas un año.

¿Qué más podemos y debemos aprender de Pep? Muchas cosas elementales, como que la gente debe confiar en sí misma y en sus compañeros, que hay que dar libertad para que cada uno haga lo que mejor sabe, que hay que tener paciencia (no siempre estamos en nuestro mejor momento), que merece la pena invertir en nuestra cantera y que cuando la gente se siente parte integrante e importante es muchísimo más productiva.

Según Guardiola, y a pesar de su tremenda humildad hemos de creerle, él no hubiese podido conseguir nada sin su gente. Y creo que es cierto. Un grupo que se siente valorado y cuenta con la apuesta decidida de su entrenador es garantía de entusiasmo y motivación. En el fútbol y fuera de él.

Lo demás es fácil, que los profesionales salgan a la cancha y demuestren todo lo que saben. Y que se diviertan, que para eso, como dijo el ahora director general del Real Madrid, Jorge Valdano, "esto no es más que un juego". Y está bien darle al resto de los trabajos un poco de la soltura y la alegría de un juego, sobre todo en días como éstos, aprovechando el contagio de los campeones.

Sería un error pensar que nuestro trabajo nunca podrá motivarnos tanto como el suyo a un deportista de élite. El ser humano es raro y la realidad demuestra que hay gente más entusiasmada con empleos mucho más rutinarios e infinitamente peor pagados. Sobre todo si están dirigidos por entrenadores (o jefes) obsesionados por ganar como José Mourinho o el tristemente célebre Bilardo, que quieren pisar a los contrarios. Es legítimo que un equipo, o una empresa, sólo piense en ganar. Pero han de saber que entonces nunca tendrán un Barça.

Pierre Paradis. Director general de HR Access para el sur de Europa y Latinoamérica

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