lunes, 27 de febrero de 2017

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Crónica de Manhattan

Soluciones sin etiquetas

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George Bush ha utilizado poco el veto, pero ha amenazado con hacerlo en uno de los asuntos que más preocupa a los americanos: la sanidad. O lo que es lo mismo, un muro de piedra en el que se chocan las ideas, la demagogia, la salud y las finanzas de muchos ciudadanos que viven en un sistema de libre mercado que, pese a la competencia, no deja de encarecerse hasta lo prohibitivo. La sanidad estatal universal como en Europa no existe más que para militares veteranos y solo hay programas estatales semiprivados para los muy pobres (Medicaid) y los mayores (Medicare).

El jueves, el Senado aprobó un proyecto de ley que amplía el Programa Estatal de Seguro Sanitario Infantil (llamado S-chip) para que este cubra a cuatro millones de niños sin seguro además de los 6,6 millones que ya tienen esta protección. En la Cámara Baja, la ampliación se aprobó antes.

Las mayorías del Congreso se nutrieron de muchos republicanos a los que sus compañeros han acusado, nada menos, que de socialistas. Ofendidos por ello, el senador republicano Charles Grassley, contestó que tal 'descabellada acusación' era 'deshonesto intelectualmente'. Lo cierto es que calificar este sistema de socialista solo es posible si se redefine el socialismo.

El S-Chip se creó en 1977 para proveer de cobertura sanitaria a niños de familias con ingresos por encima del umbral de la pobreza y no pudieran optar al Medicaid. Lo que quiere el Congreso es que mas niños de clase media baja tengan esta cobertura que se materializa en una atención a través de planes privados de seguros, en hospitales privados y con médicos privados.

Bush ha dicho que con ese programa se camina hacia 'un sistema estatal'. Y no le gusta. El sábado, en su discurso radiofónico repitió que vetará el nuevo S-Chip, 'un plan irresponsable'.

La sanidad es una de las preocupaciones más importantes para unos ciudadanos que ven que cada vez menos empresas dan cobertura médica a través de seguros privados como en el pasado. La Kaiser Foundation dice que este año el 59% de los empresarios ofrece seguro frente al 68% de hace seis años.

Los candidatos a la presidencia demócratas, Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards, proponen planes de universalidad de la sanidad, pero basándose en el sistema privado actual. Lo que proponen es facilitar mediante ayudas el acceso de los ciudadanos a este sistema privado.

En el partido republicano desde el ex alcalde de Nueva York, Ruddy Giuliani, hasta el actor de Ley y Orden, Fred Thompson, tachan con desdén de socialista cualquier propuesta que no sea de puro libre mercado. Curioso es el caso de Mitt Romney, quién califica el plan de Clinton como 'europeo' (socialista) cuando siendo gobernador de Massachusetts sacó algo similar adelante para su estado.

En el Congreso, unos 85 legisladores demócratas y colectivos sanitarios presionan para que sus candidatos sean audaces y vayan más allá de lo que consideran insuficientes propuestas de reforma. Les piden que no tengan miedo a proponer un sistema estatal y abolir el actual papel preeminente de los seguros privados. Que el sistema se parezca al de los veteranos o al Medicare, más eficientes que el resto.

Tal y como está el ambiente, puede que muchos en el Congreso les tachen de bolcheviques. Pero siendo delicada esta cuestión, lo deseable sería que en vez de demagogias se buscaran soluciones sin etiquetas.



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