miércoles, 23 julio 2014

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Los nuevos juegos de tablero ganan adeptos

  • Partidas rápidas, temas originales y reglas sencillas son las armas de 'Alhambra' o 'Carcassonne'

Julián Díez Madrid

13-04-2006 00:00

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Tras años de relativa oscuridad, en los que era difícil encontrar en el mercado incluso clásicos indiscutibles como Risk o Stratego, los juegos de tablero han vuelto. Títulos como Carcassonne, Los colonos de Catán o Alhambra atraen a los nuevos jugadores y mantienen el interés de los viejos, ahora con mayor poder adquisitivo y unas características vitales diferentes que llevan a pedir juegos más rápidos, menos complejos pero igualmente satisfactorios.

El retorno de los juegos de tablero puede explicarse incluso desde una perspectiva sociológica. Las generaciones que disfrutaron de un primer boom de estos juegos en los ochenta -con los míticos títulos de la empresa NAC como La fuga de Colditz, así como los perennes Monopoly o Scrabble-, o que se introdujeron al rol en los noventa, son ahora en muchos casos padres de familia con hipotecas. Sin embargo, su concepto del ocio no ha cambiado; simplemente, tienen menos tiempo.

Las interminables sesiones de rol, o las cuatro horas que puede prolongarse una mano de Colditz o Risk, que además requieren de un mínimo de cuatro jugadores expertos para su disfrute pleno, hacen difíciles esas partidas para estos jugadores en otra fase de su vida. La hegemonía de los videojuegos hizo que no se incorporaran nuevas generaciones de jugadores en mismo número, y empresas míticas del campo del tablero como Avalon Hill desaparecieron.

La fiebre del Catán

Toda esta tendencia cambió en 1995 con la publicación en Alemania de Los colonos de Catán. Creado por Klaus Teuber -convertido hoy en propietario de su propia empresa consagrada a las expansiones y derivaciones del Catán-, ha vendido cerca de un millón de copias en todo el mundo. El Catán se explica literalmente en diez minutos y puede jugarse en una hora, pese a tener una sofisticación muy superior a la de, pongamos, el parchís o juegos similares, gracias sobre todo a las fases de negociación entre los jugadores.

El mercado alemán siguió creciendo con la aparición de Carcassonne, de Reiner Knizia, convertido hoy junto al francés Bruno Faidutti en uno de los gurús cuyos nuevos juegos son esperados con ansiedad por los aficionados. Dirk Henn, creador de Alhambra, es el último talento en esta lista.

En Estados Unidos, la compañía que ha marcado el desarrollo de este campo es Wizards of the Coast, que sobrevivió a la crisis al amparo de la fiebre de los juegos de cartas coleccionables. Un creador clásico, Steve Jackson, se ha dedicado a reeditar los juegos de los ochenta y noventa -aprovechando que sus jugadores de entonces tienen ahora el poder adquisitivo necesario para tener su propio ejemplar- y ha creado también un nuevo éxito multitudinario, el Munchkin, que se juega con barajas de cartas específicas.

En España, según fuentes de Devir, la empresa que traduce buena parte de estas licencias, las ventas pueden llegar en los casos de cierto éxito a las 5.000 copias anuales.

El año pasado, el premio al mejor juego editado en España correspondió a Pasajeros al tren, que reproduce la expansión del ferrocarril por Estados Unidos o Europa. Otros juegos pujantes en estos momentos en las tiendas especializadas españolas son, además de los ya citados, Ciudadelas -otra opción sencilla de cartas- y Juego de tronos, adaptación de las novelas de fantasía de George R.R. Martin.

Los clásicos del videojuego no mueren

Un fenómeno de características similares al de los juegos de tablero es el de los videojuegos de máquinas recreativas de los años ochenta. Algunos aficionados se habían dedicado a decodificar el software de aquellos armatostes para seguir jugando al Pacman o el Phoenix en su PC. Sin embargo, el fenómeno no se generalizó hasta que en 1996 el italiano Nicola Salmoria creó el MAME (Multiple Arcade Machine Emulator), aduciendo que 'perder estos juegos sería como si no se conservaran las obras de Shakespeare'.

Desde entonces, diferentes emuladores de máquinas recreativas han repescado aquellos vetustos programas y se ofrecen de forma gratuita en la red para ser jugados en el PC, en una actuación que puede considerarse cuando menos como 'alegal', puesto que en algunos casos las licencias comerciales de esos juegos se encuentran en el limbo.

Los grandes del software terminaron por darse cuenta del filón que suponía recuperar estos juegos, con un coste prácticamente nulo, y que son especialmente útiles a la hora de ser empleados en los nuevos aparatos portátiles de menor potencia que van saliendo al mercado como es el caso del móvil Ngage de Nokia o los dispositivos tipo Gameboy.

Incluso las recopilaciones de este tipo han llegado hasta las sofisticadas PlayStation. Virgin acaba de lanzar la segunda entrega de Taito Legends, que recupera los juegos creados por esa empresa japonesa como Puzzle Bobble, Metal Black o el pionero por antonomasia Space Invaders.

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