miércoles, 23 abril 2014

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La mortalidad de los inmigrantes chinos en España

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Ante las pocas noticias que surgen sobre fallecimientos de chinos residentes en España, se suelen aventurar explicaciones, con mezcla de racismo y de mala sombra, sobre el modo en que ciudadanos no regularizados de esa nacionalidad pudieran estar aprovechando la muerte de compatriotas para hacerse con sus pasaportes, amparados en el parecido físico que damos por hecho que tienen los de su raza. Tan terrible sospecha ha trascendido el terreno del chiste y, por ejemplo, se sabe que la policía ha comenzado a pedir información para comprobar en qué medida pudiera ser cierta.

Lo que una vez más se echa en falta es que no se recurra a la información estadística disponible para poner en claro lo que ocurre.

Si se toman los datos de fallecidos por nacionalidades y se ponen en relación con la población total de cada una de ellas se obtienen las denominadas tasas brutas de mortalidad (TBM), que proporcionan una idea muy aproximada del fenómeno, a pesar de que las poblaciones que sirven de denominador pueden estar algo distorsionadas, tanto por infraestimación de ilegales como por tener empadronados a inmigrantes que hayan retornado a sus países de origen sin notificarlo.

En el año 2003, último con cifras disponibles, fallecieron en España 40 chinos de los 51.228 residentes, lo que arroja una TBM del 0,8/1000. Esta tasa difiere de los 6,9/1000 fallecidos que se registraron en la propia República Popular China, aunque tan excepcional diferencia puede explicase, en primer lugar, porque, en España, sólo un 1,8% de los chinos tienen 65 años o más, mientras que, entre los que residen en la propia China, ese grupo de edad, aglutina al 7% de la población.

Además de esta diferencia en la estructura de edades, y a pesar del reducido tiempo que la población china lleve residiendo en España, pueden haber comenzado a actuar otros factores que influyen en la mortalidad, como la más desarrollada sanidad española que, entre muchos indicadores, se manifiesta en una mortalidad infantil del 3,6/1000, diez veces menor que la de 39,6 fallecidos menores de un año por 1000 nacidos con vida registrada en China.

Justificadas las diferencias de mortalidad de los chinos según su residencia, interesa comparar las TBM que se registran dentro de España, por tanto con más iguales condiciones de vida y de atención sanitaria, en función de las diferentes nacionalidades. Los propios españoles, con un 17,5% de población de 65 años y más, tenemos una TBM del 9,2/1000, cifra inferior a la de los alemanes, que tienen una TBM del 13,1/1000 y a la del Reino Unido, cuya tasa es del 12,3/1000, si bien la estructura de edades nuevamente justifica estas diferencias puesto que, respectivamente, tienen un 20,8% y un 21,9% de personas mayores de 64 años. Los franceses y los portugueses, por el contrario, tienen TBM inferiores a la nuestra, del 7,1/1000 y del 5,8/1000, con menor proporción de ancianos que la población española, concretamente un 12,8 y un 6,7%, siempre respectivamente.

Pero, los datos más concluyentes para deshacer el tópico sobre la mortalidad de los chinos que residen en España son los que se derivan de los inmigrantes de Colombia y de Ecuador, que, incluso, tienen unas TBM más bajas que las de la población china, sin que nadie haga chistes sobre ellos. Los colombianos, que sólo tienen un 1,1% de mayores de 64 años, presentan una TBM del 0,6/1000 y los ecuatorianos, cuya población de mayores es el 0,8%, tienen una TBM del 0,7/1000. Las otras nacionalidades con mayor presencia en España, como Marruecos y Rumanía, donde sus mayores de 64 años representan el 1,3% y el 3,4% de sus respectivas poblaciones, tienen unas TBM del 1,4/1000 y del 1,2/1000, también respectivamente.

En la mortalidad influyen más factores que la estructura de edades y el estado sanitario. Los extranjeros, por ejemplo, sufren mayor siniestralidad laboral que los españoles y hasta son víctimas en mayor grado de atentados terroristas, como ocurrió el 11M, cuando, por el mero hecho de usar más de los servicios públicos que el coche privado, sumaron el 28,6% de los asesinados, tres veces más que su peso poblacional en los municipios de donde partieron los trenes hacia Madrid.

No obstante, a la espera de estudios epidemiológicos más profundos, indicadores como los facilitados desmontan un tópico que sólo puede causar perjuicios.

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José Luis Martínez Campuzano

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