martes, 28 de marzo de 2017

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Elegancia a medida

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Si alguna vez observa a un hombre con un traje impecablemente cortado y uno de los botones de las mangas desabrochado, ni se le ocurra pensar que es un descuido. En el mundo de la exquisitez en el vestir, poder desabrochar el botón de la manga es el símbolo de que uno lleva un traje hecho a medida.

La máxima expresión de esta elegancia es el orgullo con el que los sastres de Savile Row, la milla dorada londinense de la confección masculina, se vanaglorian de que, cuando sus clientes salen de sus establecimientos, 'nadie sospecha que llevan un traje nuevo'.

Políticos, empresarios, aristócratas, actores, profesionales y altos ejecutivos son los principales clientes de este viejo lujo que, al menos en España, puede salir a sus destinatarios por unos 1.600 euros y perdurar en sus armarios durante más de una década.

En España existen aproximadamente medio millar de sastrerías. Aun sin llegar a los extremos de tradición de los británicos Wilkinson & Sons (fundada en 1662), Roger & Co. (1774) o Henry Pool & Co. (1801), las sastrerías españolas ofrecen unos servicios que satisfacen el gusto de clientes tan diversos como Francisco González, Emilio Botín, Rodrigo Rato, el príncipe Felipe o el rey Juan Carlos.

Discreción, corte exquisito y buen trato son algunas de las ventajas de acceder a este círculo reducido, que en Madrid está representado por nombres como el de Larraínzar, Jaime Gallo o los hermanos Collado; en Barcelona, por José María Blasi, y en Valencia, por Antonio Puebla. Un mundo en el que tener los hombros estrechos, un estómago contundente o las piernas arqueadas no es impedimento para lucir un traje que siente bien, sea cómodo y marque sutilmente las distancias. No en vano, se dice que en la jerga secreta de los sastres anotaciones como HIC (hombro izquierdo caído), CG (cuello grueso) o PC (piernas cortas) ponen discretamente a cada uno en su sitio y facilitan la labor.

Dos pruebas

'Un hombre bien vestido puede encargar tres trajes de verano y tres de invierno al año. Eso teniendo en cuenta que se trata de gente que puede tener perfectamente 30 trajes en el armario', explican en la sastrería de Jaime Gallo, encargados de vestir al príncipe Felipe. Una cifra que otros profesionales, como Antonio Puebla, fijan en ocho prendas y Gonzalo López Larraínzar, el sastre del rey Juan Carlos, sitúa entre tres y seis. 'Son personas de alto nivel que tienen mucha ropa y usan poco cada prenda. Un traje nuestro puede durar perfectamente entre 10 y 20 años', explica con orgullo López Larraínzar.

Puebla, hermético en cuanto a proporcionar los nombres de sus clientes, aunque famoso por ser el sastre de la clase política, señala que en su taller se toman dos pruebas al cliente, aunque los asiduos se ahorran la primera, ya que cuentan con patrón. 'Tardamos entre 60 y 70 horas en confeccionar cada traje y el plazo de entrega es de unos dos meses'.

¿Qué diferencia el traje a medida del resto? Gonzalo López Larraínzar lo tiene muy claro. 'La diferencia con un traje de diseño, un Armani, por ejemplo, es que el traje a medida es mucho más clásico. Aquí no se paga la marca, sino la hechura. Y resulta más barato. Nuestros clientes pueden vestirse a partir de 1.400 euros hacia arriba'.

Pese a que todavía es un servicio de élite, todos coinciden en que la gente joven comienza a descubrirlo. Llegan al sastre, normalmente coincidiendo con su primer trabajo y de la mano de sus padres o de un familiar que conozca la casa. 'No hacemos publicidad. Funcionamos con el boca a boca, el ¿a ti quién te viste?', advierten con cautela en la sastrería de Jaime Gallo.

La misma cautela con la que el valenciano Antonio Puebla, ante la pregunta de qué se hace con un cliente con kilos de más, contesta sin inmutarse. 'Aunque no tengan un cuerpo agraciado, siempre se les puede sacar partido'.

Claves ¿Con o sin?

Chaleco. Aunque en desuso en España, el tres piezas es símbolo de elegancia y distintivo del traje a medida.

Chaqueta. Cruzada o sin cruzar. Lo importante es saber llevarla. La cruzada jamás se lleva con chaleco y debe ir abrochada cuando se está de pie.

Aperturas. Dos cortes en la vieja Europa, las de un solo corte se consideran más propias de los norteamericanos.

Dónde Ir

MADRID

Larraínzar (López Herbón) Calle Cedaceros, 9 Teléfono: 914 297 707

Jaime Gallo Calle Ayala, 27 Teléfono: 914 316 084

VALENCIA

Antonio Puebla Calle Juan de Austria, 36 Teléfono: 963 527 090

LONDRES

Henry Poole & Co 15, Savile Row Road Teléfono: 020 7734 5985

Roma

Brioni Via Barberini, 79 Teléfono: 648 45 17

Savile Row, la meca del gentleman

Ya se trate de un aristócrata, un actor o un banquero, si uno quiere ser alguien en la biblia del vestir internacional, tiene que tener un traje de Savile Row, en Londres.

Pese a que el traje masculino no ha experimentado grandes cambios desde la década de los treinta, el corte clásico de Savile Row consta de chaqueta sin cruzar con dos botones y aberturas posteriores, corte algo entallado y hombros marcados. Los sastres de esta famosa área londinense tienen miles de patrones almacenados y exigen tres pruebas para cada traje.

El precio oscila entre los 1.500 y los 3.000 euros y la realización, impecable, incluye pedir al cliente que se meta en el bolsillo la billetera, las llaves y el móvil como garantía de que no habrá problemas de comodidad. Desde nombres históricos como Winston Churchill o Charles de Gaulle hasta, en la actualidad, el príncipe Carlos de Inglaterra o el actor Sean Connery, se dice que los clientes de Savile Row se sienten tan individualizados que algunos de ellos rechazan llevar la etiqueta del sastre en el interior de la chaqueta. Al fin y al cabo, él sólo ha tenido el placer de coserla.



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