martes, 21 octubre 2014

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EE UU

Los inversores abandonan el temor a una recaída económica en Estados Unidos

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Hace pocas semanas los inversores aún discutían si los Estados Unidos estaban abocados a la deflación, a una crisis a la japonesa o al famoso doble fondo económico. Ahora el mercado ha dejado de lado estas previsiones agoreras y ha abrazado con gusto la teoría de la recuperación en la segunda mitad del año. Una teoría que, si bien en 2000, 2001 y 2002 falló con estrépito, este año parece más verosímil.

Dentro de 10 días se presentan las cifras de crecimiento en Estados Unidos del primer semestre, que podrían superar el 1,5%. Dado que los expertos calculan aumentos superiores al 3,5% para la segunda mitad del año, EE UU cerraría 2003 con crecimiento del 2,5%.

'Más que la magnitud del crecimiento importa su calidad. Ahora hay un cierto consenso en que la economía estadounidense irá de menos a más. Sobre eso hay pocas dudas', explica Jordi Falgueras, de Gaesco.

De hecho, la previsión media de crecimiento no ha variado tanto. El 24 de marzo, poco después de que los mercados marcasen mínimos, 67 economistas encuestados por la agencia Bloomberg pronosticaban, de media, un crecimiento anual del 2,5%. A principios de julio, la misma encuesta, con 51 respuestas, arrojaba unas expectativas una décima menores: 2,4%. Los cambios han sido más sensibles en el sentimiento de los inversores. Según la encuesta de Merrill Lynch, el 90% de los gestores de fondos apuesta por una mejora de las condiciones económicas de aquí a 12 meses. En abril el porcentaje era del 63%. El optimismo inunda, también, los informes estratégicos de fin de semestre de las firmas de inversión españolas y extranjeras.

Así, la remontada registrada por los mercados desde mínimos ha sido una cuestión más de confianza que una consecuencia de la realidad. 'El mercado quiere coger todas las noticias por el lado positivo. Reacciona al alza e ignora los datos débiles, como por ejemplo los aumentos del desempleo', afirma Ana Maymús, de Sabadell Banca Privada.

Algunos expertos señalan que esta oleada de optimismo es preocupante. Pone el listón alto y deja poco espacio para la decepción. La evolución del mercado de bonos, no obstante, es una buena señal. Los tipos de interés a largo plazo han subido con fuerza en el último mes, una señal de que el mercado ya no sólo apuesta por la reactivación económica comprando Bolsa, sino también vendiendo bonos.

En contra. No hay cifras que indiquen una mejoría sólida

No son pocos los analistas que denuncian el hecho de que las previsiones económicas, o al menos el tono de éstas, vaya a remolque del mercado. Esto es, que si la Bolsa baja la economía va mal y si sube marcha bien. En teoría, debería ser la renta variable la que siga los pasos de la economía, y no al revés.

'Ni las cosas estaban tan mal hace tres meses ni están tan bien ahora. La situación es aún incierta. Pero muchos se dejan llevar demasiado por el sentimiento que se transmite desde los mercados', dice un analista.

Para enfriar los ánimos, nada mejor que el aumento del paro en EE UU. Semana tras semana, las cifras de peticiones de subsidios de paro muestran que la economía sigue destruyendo empleo. De igual forma, muchas de las empresas que presentan resultados no prevén mejoras en la demanda, lo que es un signo de pesimismo y, además, dificulta el necesario repunte de la inversión privada.

A favor. El ciclo bursátil se adelanta medio año al económico

'Es el huevo o la gallina', comenta Ana Maymús, de Sabadell Banca Privada. 'Unos se agarran a la teoría de que la Bolsa adelanta medio año el ciclo económico y por eso creen que la recuperación llegará en el cuarto trimestre. El propio Greenspan ha dicho que las valoraciones bursátiles son un sustento para la economía. Otros dicen que es pronto para apostar por la recuperación, porque no hay datos'.

En la crisis actual la Bolsa sí dio la voz de alarma. Tocó techo en marzo, empezó a retroceder, y la contracción del gasto, así como la desconfianza que transmitía el mercado de valores, agravaron la crisis económica. Las empresas dejaron de obtener financiación y paralizaron las inversiones, y medio año después del estallido de la burbuja empezaron los recortes de empleo.

El fuerte papel de los mercados financieros en la evolución de la economía en los últimos años ha ganado adeptos para esta teoría. Además, claro está, del voluntarismo. Creer en esta hipótesis es creer en un futuro mejor.

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