domingo, 23 de noviembre de 2014

Está pasando

Celebremos el éxito del Ave

  • Mercè Sala rememora la puesta en marcha hace 10 años del AVE, que considera el mejor servicio ferroviario europeo. La autora contrasta las dificultades de aquel proyecto con las que hoy atraviesa la nueva línea Madrid-Barcelona

Mercè Sala

22-05-2002 00:00

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Cascos dice que Fomento hace lo que puede para que el AVE llegue en 2004 a Barcelona'. Así rezaba el titular de una noticia del pasado día 9 en el diario barcelonés de mayor tirada. ¿Se imaginan los lectores qué habría pasado si a mediados de 1990 algún diario sevillano o madrileño hubiera publicado una información semejante, en la que el ministro del momento o el presidente de Renfe (que a la sazón era el responsable del proyecto) hubieran afirmado algo como 'admito que hay problemas y el compromiso de llegada a Sevilla en el año 1992 se cumplirá, salvo obstáculos imprevistos?'. ¿O que, además, se planteara alquilar trenes en Alemania para llegar a tiempo al estreno del nuevo AVE?

Yo sí que me lo podría imaginar, porque un panorama semejante fue el que me transmitieron algunas voces cuando en 1991 asumí la presidencia de Renfe, faltando sólo un año para la inauguración de la Expo 92. El reto que según Cascos tiene ahora el Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF) era el que teníamos entonces en la empresa de ferrocarriles.

La oposición, la prensa y la opinión pública en general estaban esperando nuestro fracaso para poder atacarnos a placer. Pero no fue así porque llegamos a tiempo, incluso sobrados.

El primer viaje inaugural con pasajeros, representantes políticos y prensa se produjo, concretamente, el martes 14 de abril y la inauguración de la exposición fue el lunes 20 del mismo mes.

No sé cuál es la fecha prevista para la inauguración del Fórum 2004 de Barcelona, pero sí tengo claro que, al menos en mi opinión, el reto está en llegar como mínimo seis días antes. Sin embargo, la inseguridad ante tal compromiso es tal que el propio ministro ha decidido evitar a toda costa cualquier tipo de celebración del éxito de los 10 años de funcionamiento del AVE Madrid-Sevilla.

Supongo que se teme cualquier tipo de comparación y piensa que cuanto menos se puedan recordar los aciertos de los adversarios políticos, mejor queda su difícil posición en este asunto. La verdad es que no estoy de acuerdo con que se mezclen las churras con las merinas, porque entonces no sabemos dónde está la carne o donde está la lana y con las cosas del comer no se juega.

En este caso la responsabilidad política es acabar las infraestructuras a tiempo para llegar a Barcelona y a la frontera francesa en 2004, tal como se ha venido prometiendo, y la responsabilidad gestora es conseguir que las vías y los trenes funcionen totalmente a gusto del ciudadano o consumidor.

Aunque esta última responsabilidad, hoy por hoy, la tiene una empresa pública, y por ende, sujeta a los avatares políticos, muchas veces he expresado que no está claro que un servicio como el del transporte ferroviario tenga que ser prestado directamente por el sector público y por tanto actúe sujeto a los intereses electorales y partidistas de los diferentes Gobiernos.

La gestión se ha de hacer atendiendo a las expectativas y exigencias de calidad de la clientela y no ha de ser contaminada por comentarios del tipo de las que se exponían en el suplemento dominical del diario El País de hace unas semanas, cuya guisa era: 'No habrá grandes festejos ni alharacas en el décimo aniversario. Es el AVE del PSOE, y al PSOE, ni agua'. Un tren no es patrimonio de ningún partido político.

En todo caso es patrimonio de todos y, en particular, de todo el equipo que supo dar la gran sorpresa y que desde 1992, durante 10 años, han hecho posible que el AVE sea el mejor servicio ferroviario de Europa, que es la referencia mundial en todo tipo de transporte de viajeros.

Todos ellos merecen un reconocimiento, sobre todo en un país tan poco dado a vivir y sentir el sano orgullo de la eficiencia en la prestación de servicios. En este gran equipo están los que consiguieron que la infraestructura, las vías, el tendido eléctrico, el sistema de comunicaciones (el primer cable óptico en un trazado ferroviario) fueran trazados y construidos a la perfección.

Están los que consiguieron que los trenes estuvieran totalmente preparados y que durante 10 años han conseguido que no se paren, ni estropeen y sean puntuales, de forma que Renfe puede continuar alardeando de ello con su política de devolver el dinero si el retraso es superior a cinco minutos.

Son un colectivo de maquinistas, de supervisores, de trabajadores de empresas prestadoras del servicio de atención a los viajeros, de técnicos y operarios de mantenimiento de trenes, vías e instalaciones, de empleados de estaciones y muchos otros colectivos.

Son también los gestores que han sabido dirigir con eficacia todo el sistema, desarrollar un nuevo modelo de gestión e innovar continuamente.

Porque el AVE para Renfe no ha sido sólo un nuevo modelo de tren, sino una nueva forma de viajar y un nuevo estilo de organización y gestión empresarial, pionero en el cambio vivido por la empresa en la década de los noventa del pasado siglo.

Repasando las notas de mi agenda del año 1992 he comprobado que, una vez superada la tensión del trabajo de puesta en marcha de la nueva línea, celebramos el éxito, de una manera muy mediterránea, mediante dos fiestas en Madrid y en Sevilla a las que asistieron prácticamente todos los implicados en la tarea.

Ambas fueron como una gran boda, la de la unión entre la cultura de la eficacia y del trabajo intenso y la de nuestra capacidad lúdica para saber divertirnos, la de la unión entre el rigor y la creatividad. En ellas pudimos conversar, compartir nuestra alegría, nuestras esperanzas, problemas y preocupaciones y en el fin de fiesta bailamos rock and roll y sevillanas.

Se me ocurre que quizá alguien (¿el ministro?) podría recuperar la idea e invitarnos a celebrar la superación del rencor de las rencillas políticas, que sólo viven unos pocos fundamentalistas iniciados.

Podríamos aprovechar para celebrar también el loable deseo e intento de hacer llegar el AVE a otros muchos lugares como Málaga, Valencia, Valladolid, Bilbao y San Sebastián, además de Guadalajara, Zaragoza, Lleida, Tarragona, Barcelona, Girona y Perpiñán.

Por último, que nadie se preocupe por el coste, porque es seguro que nos lo pagaremos con euros de nuestro propio bolsillo.

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